No es correcto afirmar que “no hay nada en concreto” cuando existe una notificación formal de oferta vía FMS gestionada por la Defense Security Cooperation Agency (DSCA) para el Perú. Ese tipo de comunicación no se emite en base a especulación ni “diseños conceptuales”, sino que responde a un proceso estructurado del gobierno de EE.UU. que incluye configuración definida, paquete logístico, entrenamiento, soporte, armamento y estimación de costos. En este caso, el oferente industrial es Lockheed Martin, dentro del marco gubernamental FMS, lo cual constituye un paso formal y concreto dentro del ciclo de adquisición.La verdad es que al día de hoy no hay nada en concreto en el Perú para comprar un avión caza con ninguno de los oferentes (Lockheed, Dassault y SAAB)... no se han sentado a negociar ningún contrato ni acuerdos offset con ninguna de las empresas, que es el paso previo que se da antes de firmar el contrato y todavía no han llegado a esa fase.
Es cierto que aún no se ha firmado contrato ni se han cerrado acuerdos offset lo cual es una fase posterior, pero la emisión de una notificación DSCA implica que ya existe una solicitud formal, evaluación técnica preliminar y aprobación política para ofertar. No es simplemente una intención comercial, sino una propuesta estructurada bajo normativa estadounidense. Si lo ponemos en contexto regional, por ejemplo, la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) no recibió en su momento una notificación DSCA equivalente para un paquete FMS cerrado antes de entrar en fases más avanzadas de evaluación política; en el caso peruano, el hecho de contar con ese instrumento formal coloca el proceso en un nivel más definido dentro del marco institucional estadounidense.
Y si se le olvido se la coloco de nuevo para refrescar su memoria: https://www.dsca.mil/Press-Media/Major- ... 6-aircraft
Equivocado de nuevo tú y el supuesto forista peruano “serio”, ya que NO ES NECESARIA la firma del Presidente del Perú para cerrar el contrato, como pasó por ejemplo con Hyundai Heavy Industries (HHI) y luego con el sistema PULS de Elbit Systems. En ambos casos, los procesos siguieron su curso dentro del marco del Sistema Nacional de Abastecimiento y las competencias sectoriales del Ministerio de Defensa, sin que el Presidente tenga que estampar personalmente una firma contractual como requisito legal indispensable.Y como dijo uno de los pocos foristas peruanos serios que todavía postea por estos lados, la ejecución del proyecto se complica con los nuevos presidentes que vienen, porque al fin y alcabo el que da la orden de firmar el contrato es el Presidente del Perú nadie mas.... como en todo país democrático, el que ordena el gasto publico es el presidente de la republica y el es, el que al final decide que proyecto se firma o cual no y con tanta inestabilidad política, pues es entendible que algunos peruanos duden que se vaya a firma el contrato, por lo menos hasta que no sea elegido un nuevo presidente por votación nacional, el cual ya elegido para varios años de gobierno y no provisional, tendrá un mayor margen de maniobra para decidir si se compran los cazas o no.
En el Perú, el gasto público no se ejecuta por “orden directa” del Presidente como si fuera una decisión unilateral. El proceso pasa por programación multianual, certificación presupuestal del MEF, aprobación sectorial, comités de evaluación técnica y, dependiendo del esquema, puede estructurarse bajo contratación gobierno a gobierno (G2G) o FMS en el caso de EE.UU., con intervención de la Defense Security Cooperation Agency. El Presidente define lineamientos políticos generales, pero la suscripción contractual corresponde al sector competente conforme a ley. Así funciona el marco administrativo peruano.
Además, resulta llamativo que sigas intentando explicar la realidad administrativa peruana mejor que un peruano, y no te está yendo muy bien en el intento. Dudar por razones políticas es válido; afirmar que el Presidente es quien “firma o no firma” como condición legal indispensable para que exista contrato, simplemente no es correcto. Los precedentes recientes en programas navales y de artillería lo demuestran con claridad.
La gran damnificada de esta demora - que no es de uno ni dos años, es de mas de una década - sigue siendo la FAP... mientras otras fuerzas aereas en la región ya concretaron sus planes para adquirir una nueva flota y sus pilotos siguen entrenándose en combate aéreo, la FAP sigue enclaustrada esperando que el ejecutivo decida si por fin puede hacerse a una flota moderna de aviones caza, que le permita integrarse con las demás fuerzas aereas de la región y EEUU en ejercicios como SALITRE 2026 donde evidentemente estará ausente la FAP... simplemente no tiene con que participar.
La narrativa de que la FAP es “la gran damnificada” por una supuesta demora excepcional no resiste mucho análisis comparado. Varias fuerzas aéreas de la región que hoy ya concretaron reemplazos tardaron lo mismo o incluso más en definir su programa, y tampoco estuvieron exentas de idas y vueltas, ofertas “casi cerradas” y cambios de rumbo político. No es un fenómeno exclusivamente peruano; es la norma en adquisiciones de alta complejidad y alto costo.
En la mayoría de esos casos hubo ciclos repetidos de evaluación: primero F-16, luego Eurofighter, nuevamente F-16, propuestas intermedias, reconfiguraciones presupuestales y finalmente opciones que nadie daba por ganadoras. El ejemplo más claro es el Saab JAS 39 Gripen, que durante años no lideraba las quinielas regionales y hoy es presentado casi como la panacea de los SDA (dicho con algo de ironía). Incluso programas asociados al General Dynamics F-16 Fighting Falcon o al Eurofighter Typhoon pasaron por más de una década de análisis antes de concretarse en algunos países. No fueron procesos lineales ni rápidos.
Y aquí está la gran diferencia con algunas de esas fuerzas aéreas “encaminadas”: la institución peruana no está buscando plazos crediticios extremadamente flexibles que terminen comprometiendo pagos hasta 2055 o 2060. En otros programas regionales se han estructurado financiamientos de muy largo plazo para viabilizar políticamente la compra, trasladando la carga financiera a varias administraciones futuras. La FAP, en cambio, ha mostrado mayor cautela respecto a esquemas que hipotequen presupuestos por décadas. Esa prudencia puede alargar el proceso, sí, pero también evita compromisos financieros que condicionen al país por medio siglo. Simplemente ridiculo.
Saludo su nueva manera de participar en los temas peruanos se nota el cambio.










