La Infantería de Marina Española

Los infantes de marina españoles. Información sobre el cuerpo, historia, material, armamento. El Tercio de Armada (TEAR), la BRIMAR y la FGNE.
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Reclutamiento en el siglo XVIII.

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Hemos estado combatiendo en la Guerra de la Independencia y es momento de descansar y meditar un poco sobre como eran nuestros soldados, de donde procedían, requisitos para ingresar en la Infantería de Marina...Vayamos al siglo XVIII.

Es en el siglo XVIII cuando la defensa nacional se concibe como responsabilidad colectiva aunque no con carácter igualitario pues hubo estamentos de la sociedad que gozaron de exenciones y privilegios. La leva exclusivamente voluntaria dio paso a sucesivos métodos de recluta forzosa y a un nuevo sistema – el de reemplazo -. Este método consistía en un contingente anual de soldados que podían ser movilizados y, mediante un sorteo, se reclutaban los realmente necesarios que recibía el nombre de “quinta”. Las autoridades confeccionaban un listado y se efectuaba un sorteo en presencia de los concejales y párroco del lugar. Los “afortunados” eran remitidos a las “cajas” y desde allí a los destinos.

Las Ordenanzas Generales de 1748 otorgan a los Batallones de Marina la autorización de leva. “Concedo a los Oficiales de los Batallones de Marina facultad para que en toda la extensión de mis Dominios de Europa o América, recluten la gente que huvieren menester para completar sus compañías y se ofreciese voluntariamente a servir en ellas” (Parte II, tratado VIII, título IX. Art.I). La justificación de esta concesión que se extiendía al Nuevo Mundo, pese a encontrarse tan lejos de las bases departamentales, era que los barcos de guerra con dotación de Infantería de Marina tenían necesidad de reclutar personal, en estos puertos, para cubrir sus bajas debido a muerte, enfermedad y deserción. Las Ordenanzas castigaban, con condena de privación de empleo, al mando que obtuviere recluta mediante violencia, engaño o prometiendo mayor paga y ventajas que las señaladas en los reglamentos.

La creación de un nuevo cuerpo de élite exigía, en las primeras normas para ingresar en el Cuerpo de Batallones, unos requisitos muy estrictos : “No se admitirá á recluta alguna que no sea voluntaria y natural de estos Reynos, con la circunstancia de edad, robustez, tamaño, aptitud y demás requisitos que la Ordenanza General del Exercito, bajo las reglas y penas impuestas en ella”. Es decir que, en principio, el aspirante a Batallones debía ser voluntario y español y con unas condiciones que habían de ser aprobadas por el comandante y sargento mayor de los Batallones...

Los Batallones de Marina se nutrieron pues, en el siglo XVIII, de tropa voluntaria, y conforme el tiempo y los imperativos lo fueron exigiendo, a estos reclutas se añadieron nada menos que personal procedentes de levas forzosas de vagos, los condenados por la Justicia, los procedentes del Ejército que pasaban a la Armada reclutados por el sistema de quintas, desertores de compañías de infantería que se habían ocultado para evitar las penas correspondientes... Es decir para el ingreso solo había dos excepciones: los extranjeros y los desertores del propio Cuerpo no indultados. Sin embargo la ilusión de cubrir las necesidades del Cuerpo por voluntarios era una aspiración general del Ejército y la Armada no siempre conseguida. Habrá causado sorpresa la autorización expresa para el reclutamiento de vagos, pero esta autorización se justificaba “para luchar contra la inseguridad que estas personas representaban para la tranquilidad de los pueblos, y la seguridad de los caminos, pues vivían de la mendicidad y del robo”.

Podían “recogerse” varones “ desde la edad de 12 años en adelante “ destinándose” a los que tengan la edad, robustez y estatura que previenen las Ordenanzas, y sin defecto “a las armas en el Ejército y la Armada y a los demás a las casas de misericordia, si eran menores, y a los adultos a trabajar en los arsenales”. Los destinados a las unidades militares se les pagaban 50 reales a los mayores de 18 años y 30 reales a los menores. Después se les alojaba en castillos y cuarteles, para evitar su huida, hasta que se entregaban a las cajas de reclutas donde quedaban, bajo la custodia de autoridades militares, hasta que ingresaban en las unidades donde servían 4 años. Los condenados , no de delitos graves, tenían un trato similar.

A partir de 1769 los Batallones de Marina recibirán un trato de favor por decisión real, no solo con respecto al Ejército sino de la marinería y a ellos se habría de destinar la flor y nata de aquellos marginados, seleccionándose los de altura superior a los cinco pies, que no pasasen de los 35 años, fuesen ágiles y robustos y aunque vagos y delincuentes menores “no hayan incurrido en delitos feos, ni tengan otro defecto en su conducta que el de ociosos, inquietos, jugadores o contrabandistas" (2.- Página 44). Los contrabandistas no podían embarcarse para las campañas americanas aunque si para las europeas, debiendo desempeñar en puerto los destinos de ranchero y otras del mismo nivel aunque “ aherrojados con grilletes” (RROO del de 1772 y 1774). Su condena no les privaba de sueldo y, si servían dos o tres períodos sin anotaciones negativas, podían aspirar a los premios de la constancia e inválidos mientras que su mala conducta significaba la separación del Cuerpo.

La Armada, a diferencia del Ejército, nunca contó con unidades extranjeras completas, pero si con extranjeros que completaron las unidades de los Batallones (pese a que había una orden de que todos los reclutas habían de ser españoles). La vulneración de esta norma se produjo en 1733 ante la carencia de personal para la escuadra a las órdenes del conde de Clavijo. Debió de ser una excepción pues las Ordenanzas de 1748 son claras: “Siendo los Batallones de Marina cuerpo de Infantería española, todos los que se admitiesen a servir en ellos, han de ser naturales de mis Dominios; con exclusión absoluta de Estrangeros de qualquiera nación que sean”.

La exigencia de profesar la religión Católica, Apostólica y Romana era obligatoria. Y una norma curiosa: Una real célula de 9 de octubre de 1785 declaró “aptos para el servicio de mar y tierra en clases de marinero o soldado a los individuos vulgarmente llamados en Mallorca chuetas.(Con ello se abolió una costumbre que no consideraba españoles de pleno derecho a los mallorquines de origen judío).

A principios del reinado de Felipe V se establecía, para ingresar en el ejército, un límite de edad mínimo de 20 años, pero desde que se perfecciona el sistema de quintas - en tiempos de Carlos III - se reduce a los 17/18 años e incluso a los 16. En cualquier caso la edad tope varió en el Ejército entre 50 años en 1704 y los 36 en 1730. En 1739 se exigía “la edad de 18 cumplidos, excluyendo los que hubiesen passado los 45, assi por la devilidad de los primeros, como por lo inmediato a postrarse los otros con especialidad en servicio de la mar”. Pese a lo dicho, en Batallones hay un personaje que es causa de privilegio en cuanto a edad para el ingreso : “Solamente podrá disimularse la menor edad a los que sentaran plaza de Tambores, con calidad que no baxen de los 14 años”.

El infante de marina tenía que realizar una serie de tareas para las que se exigía una gran robustez sin embargo la altura era un inconveniente. Por eso no debe sorprender que se deban admitir reclutas “Sin reparar la altura del cuerpo”. Sin embargo dado el carácter de tropas de mar y tierra, el criterio terrestre prevaleció durante mucho tiempo y, a partir de 1739, se impone para los voluntarios de marina los 5 pies y dos pulgadas equivalente a 1,44 metros que no difiere de la exigida por Carlos III para la infantería... Las ordenanzas de 1748 ya advierten que no se admitirá a nadie que no pase de los 5 pies y una pulgada y anula otro tipo de compensaciones incluyendo ser hijo de oficial del Cuerpo. (La talla citada era, en la época, un poco menor de la media).

Sin embargo, a mediados de siglo, la alarmante escasez de reclutas obliga al marqués de la Ensenada, secretario de marina, a no ser exigentes con la talla que señala la ordenanza y se acaba admitiendo a quienes solo miden 5 pulgadas e incluso, a finales de siglo, se admite - siempre que por su robustez prometan utilidad - 1,34metros. Bueno pues aún debía considerarse talla aprovechable las que no alcanzaban esa altura cuando desde 1780 se ordena “que se admitan como marineros los voluntarios de Infantería de marina desechados por insuficiente estatura aprovechando así la partida reclutadora y el convoy conductor de cada departamento”. No existía límite máximo para la estatura de los soldados de mar, escogiéndose entre los más altos los granaderos y guardias de honor.

El tiempo de enganche para los voluntarios de marina era inferior al obligatorio para el ejército de tierra. En principio, para que resultase rentable debía ser de unos 5 años y 4 en tiempos de guerra.

Bueno pues así eran aquellos nuestros soldados tan valientes y esforzados aunque no fuesen tan altos como Gasol.

Referencias: 1.- “ La Infantería de Marina española . Historia y Fuentes” (Hugo O’Donnel y Duque de Estrada). 2.-“Compendio Historial del Cuerpo de Infantería de Marina. Ramón Rodríguez Delgado
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Pablo Morillo.

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Hoy es 5 de mayo. Pues tal día como hoy del año 1778 nació en Fuensecas (Zamora) Pablo Morillo. Con solo trece años Pablo – que era pastor – sentó plaza en Infantería de marina. Tomó parte en muchos combates – entre ellos San Vicente, Trafalgar y Bailén -. Pero hasta aquí no hizo más que sus compañeros de la época. Lo sorprendente, de este infante de marina, es que se pasó al Ejército de Tierra y alcanzó el empleo de teniente general. Combatió en tierras americanas y, por sus hechos, mereció los títulos nobiliarios de Conde de Cartagena y Marqués de Lapuerta.
El que tenga curiosidad por conocer algo más de la historia de este intrépido personaje - que desde soldado alcanzó el grado de teniente general – puede atisfacerla en este mismo hilo (mensaje del 21 de junio 2007 7:18 am)
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La Brigada Real de Marina.

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La Infantería de Marina, durante la Guerra de la Independencia, contaba con seis regimientos que se reducen a cuatro, al finalizar la contienda, y a tres en el año 1817: 1º, 5º y 6º en los departamentos de Cádiz, Cartagena y Ferrol respectivamente. Aunque estas reducciones eran significativas no eran diferentes al de otras fuerzas españolas. La situación económica del país, después de tan durísima campaña, era crítica y de ella gozaban las unidades de la Armada. Por ejemplo : las destinadas en el departamento de Ferrol “… se hallaban al descubierto de 52 mensualidades de sus goces…”

El estado de penuria nacional - que provocaría al poco tiempo una reestructuración del Cuerpo - queda retratado en la memoria que el ministro Vázquez de Figueroa presenta al rey en 1816 y en la que expone una situación de auténtica hambruna. Las unidades de infantería de marina había vuelto a cumplir los cometidos habituales en tiempo de paz, pero los buques eran pocos y, por tanto, escasas las necesidades de guarnición. El ministro exponía que las unidades de infantería de marina: “…se han empleado en patrullar y evitar desórdenes…. Pero no solo no ha sido posible remediar su desnudez, sino que aún el socorro diario lo han percibido sus individuos con 20 y 30 días de atraso, verificándose muchas veces entrar de guardia con solo pan…” (4 y 5)

Por su parte, el ministro Salazar en su “Juicio crítico de la marina militar en España señalaba “ … el escaso contacto de las unidades con sus oficiales ya que desperdigadas en misiones concretas, destacamentos, patrullas… no tenían ocasión de instruirse lo que se traducía en un relajamiento de la disciplina…” y exponía con toda crudeza: “ …vergüenza da ver a estos soldados, singularmente los de batallones, y más si están formados, porque entonces presentan un cuadro al modo de pordioseros en la puerta de un convento. Allí se observa toda clase de ropajes y de colores: uno lleva el antiguo uniforme, otro el moderno, unos con sombrero de tres picos, otros con redondo, otros con gorra … pero todos sucios y andrajosos; el que tiene fusil carece de bayoneta; a quien tiene sable la falta la vaina o no tiene cartuchera… También he presenciado otra cosa bien singular y es tener que encerrar a la tropa en el cuartel. Porque la absoluta desnudez en que se hallaba no permitía, sin ofensa de la decencia, que saliese por las calles…” (4 y 5)

A esta terrible situación era preciso dar una solución que podría haber consistido en dotar al Cuerpo con un mínimo de medios, pero se optó por lo que parecía menos costosa y era la unión de la Artillería de la Armada (Nota 1) y la Infantería de Marina en un sola institución que en realidad encubría una reducción de efectivos (2). “La reunión de la infantería y la artillería en un solo cuerpo de tropas de marina… ofrece tan conocidas ventajas - decía el conde de Salazar - que no puede dejar de extrañarse que no se haya pensado en cosa tan obvia. El cañón es la principal y, casi puede decirse, única arma de la guerra naval… más no por eso se ha de pensar que haya ninguna verdadera incompatibilidad entre el uso del cañón y el del fusil, o en el ejercicio y profesión del soldado de artillería y de infantería. Y siendo así ¿por qué, ni para qué dividir en dos cuerpos enteramente distintos entre si, funciones que uno mismo pudiera desempeñar muy bien?

Este Cuerpo, de conformidad con el acuerdo del Consejo de Estado, se denominó Brigada Real de Marina y conservó los mismos privilegios y particulares distinciones que gozaba el Cuerpo de Infantería Real de Marina (5). Un decreto de 27 de diciembre de 1821 establecía “ …Los actuales cuerpos de infantería y artillería de marina se refundirán en uno solo , al que se dará igual instrucción en el manejo del cañón y demás piezas de artillería que en el fusil y evoluciones militares…”.

Sin embargo, por unas u otras razones, el Decreto no se llevó a cabo hasta el 7 de enero de 1827 en que Fernando VII crea la Brigada Real de Marina con las unidades de infantería de Marina y las brigadas de artillería. La brigada formaba un cuerpo enteramente separado del General de la Armada e, incluso, sus oficiales tenían empleos, denominaciones y uniforme diferente. Por ello, bien puede decirse que es en este momento cuando por primera vez la Infantería de Marina cuenta con oficialidad propia (nota 2). Inicialmente se destinaron para los mandos efectivos de la brigada a un nutrido número de oficiales, encabezados por el jefe de escuadra don Domingo Monteverde, como comandante general, y entre los que se incluían mayoritariamente antiguos oficiales de los dos cuerpos integrados especialmente cualificados. (R.O de 24 de junio de 1827). (Ver notas 4 y 5)

La nueva organización no tuvo éxito. Queda reducida, en 1830, a dos batallones y se aprecia la necesidad de una nueva organización porque no se consiguen los resultados que anteriormente proporcionaban, por separado, los dos cuerpos integrados. La brigada se disuelve en 1833 y se crea una nueva organización con el nombre de “ Cuerpo de Artillería de Marina”…

Pero, a principios de 1833, se inicia la primera guerra carlista y el Gobierno vuelve a acordarse de la utilidad de las tropas de Marina en campaña. Se organizan tres batallones más, uno en Cádiz, otro en Ferrol y el último, sorprendentemente, en Molina de Aragón tomando como base una compañía destacada en Madrid. Estos nuevos batallones, curiosamente, se revistan, ajustan, y pagan por la administración militar y con cargo al presupuesto de Guerra.

Pues bien, durante más de cien años - y debido a las guerras carlistas, cantonales y ultramarinas - la Infantería de Marina adquiere el carácter de Fuerza Expedicionaria casi permanente y, de ello, es un claro ejemplo el 2º Regimiento de Infantería de Marina que operó durante 10 años seguidos en Cuba.

Referencias.
1.- La infantería de Marina española. Síntesis Histórica Y evolución Orgánica. Cap. IM Barrera de Segura.EIM. Julio 1997.
2.- La Infantería de Marina española. Historia y Fuentes. Hugo de O’Donnell y Duque de Estrada.
3.- Crónica de las Promociones de Oficiales del Cuerpo de IM (1537-1990) . Antonio Sánchez Pastor. Editorial naval 1991.
4.- Historia de la IM. Rivas Fabal.
5.- Historia de la IM. Rodríguez Delgado.


Notas:
1.- Patiño, en 1717, había organizado dos brigadas (compañías) de Artillería de Marina – de 60 hombres cada una - mandadas por un Comisario de Artillería, pero encuadradas bajo el mando del Cuerpo de Batallones de Infantería de Marina, y no fue hasta 1740, cuando se creó el Cuerpo de Artillería de Marina que, aunque reducido, prestó excelentes servicios. Pero fue un Cuerpo eminentemente facultativo donde el artillero ascendía hasta primer condestable y cuando alcanzaba el grado de oficial se le separaba de la tropa para realizar funciones en los parques, laboratorios y fundiciones. En números redondos llegó a haber una media de 3.000 artilleros y 12.000 infantes. Orgánicamente la unión de un Cuerpo facultativo con otro esencialmente militar no podía dar buenos resultados. (1)
2.-El infante de marina Sánchez Pastor en (3) divide en 5 épocas la “vida “ del Cuerpo y de la que denomina Tercera Epoca dice “ Comienza con la organización de de la Brigada Real de Marina en el año 1827 y tiene academia propia para la formación de sus propios oficiales. Es un período de tiempo que con diversos avatares llega hasta el año 1931. Es ya “época histórica” porque en 1827 la Tropa de Marina comienza a ser mandada por oficiales formados exclusivamente para ello. Por eso, con los primeros de esta promoción, que ya son “Oficiales de Infantería de Marina”, se inicia, en 1827, la numeración de las promociones de oficiales del Cuerpo. Como curiosidad se puede decir que 23 oficiales del Cuerpo General de la Armada que estaban destinados en el Cuerpo de Batallones de Marina deciden quedarse “para siempre” (en virtud de la RO de 24 junio 1827) y por eso en (3) constituyen la primera promoción.
3.- El Cuerpo se componía de compañías de 224 hombres. Seis compañías formaban un batallón con 1344 plazas de tropa y 24 oficiales . La fuerza de la compañía era aproximadamente igual a la que el reglamento de 1803 señalaba para un navío de 74 cañones y constaba de 1 capitán, un teniente, dos subtenientes, tres sargentos primeros, cinco segundos, diez cabos primeros, catorce segundos, dos pífanos, cuatro tambores, cuarenta bombarderos y 146 artilleros.
4.- El 12 de marzo de 1827 se dispuso que se emplease en la brigada real a los oficiales del Cuerpo General que se conceptuaran aptos para ello y que las subtenencias se proveyeran con sargentos graduados, guardias marinas y jóvenes pretendientes de familias distinguidas. El 5 de octubre de 1828 se prohíbe el pase de los oficiales del cuerpo general a la brigada real y viceversa.(5)
5.- El Apéndice número 7, de la referencia 5, constituye una relación de los mandos que SM se ha servido nombrar para servir en los destinos de la Brigada Real de Marina. Incluye desde el empleo de coronel general, al jefe de escuadra don Domingo Monteverde, hasta los subtenientes
.
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Guerras Carlistas y el CF de la Serna.

Mensaje por AFOCES »

La nueva organización tratada en el post anterior – la Brigada Real de Marina - no tuvo éxito y en 1830, por razones presupuestarias, el Cuerpo queda reducido a dos batallones. Tan pequeña entidad obliga a una polarización hacia la guarnición y, por otra parte, la menor importancia del abordaje hace valorar cada vez más la Artillería naval. En consecuencia, los escasos efectivos se adiestran en tal cometido, lo que motiva la reforma Ulloa, en 1833, que crea con todos los efectivos el Real Cuerpo de Artillería de Marina.

Sin embargo, a principios de 1833, se inicia la primera Guerra Carlista y el Gobierno vuelve a acordarse de la utilidad de las tropas de Marina en campaña. Se organizan tres batallones más, uno en Cádiz, otro en Ferrol y el último, sorprendentemente, en Molina de Aragón tomando como base una compañía destacada en Madrid. Estos nuevos batallones, curiosamente, se revistan, ajustan, y pagan por la administración militar y con cargo al presupuesto de Guerra. (Historia de la IM . R. Rodríguez Delgado. Andújar. 1927)

El caso es, para seguir con nuestro relato, que la Infantería de Marina bajo distintas denominaciones – La Brigada Real, el Real Cuerpo de Artillería de la Armada o el Cuerpo de Artillería e Infantería de Marina - pero siempre con el mismo espíritu, siguió derramando su sangre y prodigando su heroísmo con hechos sobresalientes. “Los últimos acontecimientos de Cataluña - se dice en RO de 17 de mayo de 1822 - exigen imperiosamente aumentar en aquel distrito el número de tropas del ejército permanente; y no habiendo de donde poder sacarlas, sin dejar desatendidas otras obligaciones de igual consecuencia, ha resuelto el Rey, que si es posible y no hay inconveniente grave que lo impida, pase al 7º distrito a marchas forzadas y con dirección a Tortosa, a la ordenes de aquel comandante general, uno de los batallones de marina que hay en el Departamento de Cartagena, cuya fuerza, al menos, sea de 400 plazas” . La unidad salió el 27 de mayo al mando del capitán de navío don Juan Merita. (Obsérvese el tiempo de reacción a la orden recibida).

De manera que la Infantería de Marina se vio implicada de nuevo en una campaña terrestre en la que, como siempre, actuó con todo valor. Sirva como ejemplo la actuación de la unidad al mando del CF de la Serna en un ambiente distinto al de su empleo normal pero al que acudió con la prontitud que las órdenes recibidas le exigían.

CAPITAN DE FRAGATA D. JOSE DE LA SERNA Y DE LA RIVA.
Don José de la Serna y de la Riva ingresó en la Armada en Ferrol (Febrero de 1801). Formó parte de la promoción 152 del Cuerpo General - en la Real Compañía de Guardias Marinas a bordo del navío San Miguel - y pronto había de servir en los Batallones de Marina.

Fernando VII juró la Constitución de 1812 y, desde ese momento, no cesaron de levantarse partidas carlistas, en varios puntos de la península, siendo las principales las que mandaba el barón de Troles y el tránsfuga Jorge Bessiéres. El 6º regimiento de marina, mandado interinamente por el capitán de fragata don José de la Serna, sale de Ferrol - en septiembre de 1822 - para operar en el quinto distrito militar, y tiene el primer encuentro con el enemigo en Monforte de Lemos. Pero entre los hechos más gloriosos de esta unidad destaca la acción del puente de Armentía. En esta operación – que tuvo lugar el 15 de enero de 1823 - parte de la fuerza estaba directamente a las órdenes del capitán de fragata de la Serna, y tomó parte en una de las acciones más sangrientas y feroces que produjo esta desgraciada lucha fratricida.

Don Juan Godoy - comandante de la 4ª compañía y al mando de toda la unidad a la muerte de la Serna - rindió parte de campaña al general en jefe del ejército de operaciones. En dicho parte (1) expone, entre otros extremos, lo siguiente : “En la tarde del 13 del corriente llegó este cuerpo a la Villa de Miranda de Ebro, donde el comandante D. José de la Serna recibió orden, del segundo general de este distrito, de destacar 160 hombres a Logroño y continuar con el resto de la fuerza sin detención a Vitoria. Para cumplimentar esta providencia se dirigieron hacia Logroño, en la mañana del día 14 y a las órdenes del capitán D. Bartolomé Pita da Veiga, las compañías 1ª y 2ª de fusileros y la de cazadores, además de dos piezas de artillería, mientras que las cinco restantes seguían hacia Vitoria. La marcha continuó sin novedad hasta la Puebla de Armiñán … Allí se presentó el comandante del destacamento de aquel punto con un oficio del alcalde constitucional, de la villa de Treviño, en la que manifestaba de la presencia de una partida de facciosos en la zona ... previno la Serna al comandante del destacamento que le siguiese con la fuerza a sus órdenes, mandó al capitán de la 3ª compañía D. Antonio Pita de Veiga que escoltase el equipaje a Vitoria y, sin detención, se puso en marcha con las cuatro restantes hacia Treviño … Allí supo que el enemigo continuaba en las Ventas de Armentía. Con este aviso, de la Serna, inició la marcha con 8 caballos y la 6ª compañía de marina en vanguardia… siguiendo él con el resto de la columna.
A las cuatro y media de la tarde se avistaron los centinelas enemigos y se realizó un ataque, para sorprender las avanzadillas, haciéndose cinco prisioneros… A las doce de la noche se tuvo noticia del paso de una unidad de unos 800 hombres hacia la Venta de la Moraza ... A las seis de la mañana previno la Serna al teniente D. Angel Martínez que marchase, con la compañía de granaderos, en dirección de la Venta de Moraza, mientras que él, con el resto de la fuerza, lo hacía a la izquierda por el camino a Vitoria… Los facciosos que estaban emboscados… hicieron una descarga a quemarropa sobre la compañía de granaderos. El teniente Martínez despliega la compañía y se apodera de una cabeza de puente para sostener las demás fuerzas. Así que se sintieron los primeros tiros, de la Serna acude en su socorro y las compañías desplegaron para el combate. La 4ª marchó con el mayor entusiasmo al frente; la 5ª se empeñó en su apoyo y mantuvo el puente, mientras que la 6ª se dirigió a la izquierda para contener la caballería. En aquel momento tres columnas de doscientos o trescientos hombres atacaban por la derecha del puente; cosa de doscientos soldados a caballo rodeaban el río por nuestra izquierda; otro destacamento considerable de caballería cargaba por las alturas… y, en una palabra, por todas partes y en todas direcciones, 170 hombres de infantería se veían cargados y doblados por más de 1000 infantes y 200 caballos. A pesar de este imprevisto ataque y de las considerables fuerzas que fatigaban a un puñado de hombres, pudieron estos hacer una retirada con sorprendente orden y disciplina… Por dos leguas y media el fuego jamás se interrumpió, y después de concluidas todas las municiones, solo las bayonetas, impulsadas por el amor patriótico, pudieron salvar estas cuatro compañías.

La modestia exigía de mí un eterno silencio sobre las acciones grandes que he presenciado en esta jornada; pero la gratitud debida a los ilustres españoles que derramaron su sangre por la patria, es muy acreedora a que no se dejen en olvido remarcables hechos… Al comandante de la Serna le costó muy cara la generosidad que había tenido con su ayudante herido – al que había cedido su caballo - …”


El comandante – capitán de fragata de la Serna – murió heroicamente al frente de sus hombres. Recibió un balazo en el muslo derecho y después fue cargado por un grupo de caballería. Y no pudiendo evitar la suerte que le amenazaba, entregó al sargento de granaderos Martín Valera su sable, diciéndole : “Salve usted mi espada que yo muero por la patria”. La épica defensa produjo - de una unidad de 170 infantes de marina mandados por 11 oficiales - la gloriosa muerte del comandante, tres oficiales, un sargento primero graduado de subteniente, un segundo de granaderos, un cabo 1º y catorce soldados; y resultaron heridos el sargento mayor, dos oficiales, dos sargentos y veintiocho soldados. Tales pérdidas hablan por si solas del espantoso combate que se desarrolló.

D. Juan Godoy finaliza así su informe : “Yo que, desde la irreparable pérdida de nuestro comandante, quedé a la cabeza de esta tropa, no encuentro expresiones para encarecer la bizarría y espíritu patriótico con que se han conducido, en una acción tan empeñada, todos los individuos que han estado a mis órdenes. Sin embargo, no puedo desentenderme de hacer presente a V.E. que faltos los cabos y soldados de oficiales que los mandasen, han tenido sargentos que les hicieron sostener con gloria la libertad nacional, y han contribuido a presentarlos en Vitoria bajo toda la disciplina militar. Vitoria 18 de Enero de 1823”.(3)

Y tal disciplina, espíritu de sacrificio y heroísmo solo pudo ser posible por el liderazgo que en todo momento fue capaz de ejercer su jefe el capitán de fragata don José de la Serna. En el Panteón de Marinos Ilustres, donde reposan las cenizas de tantos Héroes, hay una lápida con la siguiente inscripción :

A LA MEMORIA DEL CAPITAN DE FRAGATA
DON JOSE DE LA SERNA
MUERTO GLORIOSAMENTE EN LA ACCION DE ARMENTIA
CONTRA EL CABECILLA BESSIERES
MANDANDO EL 6º REGIMIENTO DE MARINA EN
15 DE ENERO DE 1823


En el año 1850, como público homenaje a los hechos gloriosos del Cuerpo, y en especial a los de Tolosa y Armentía, se iza la enseña morada del 6º regimiento del Cuerpo - en lo alto del escudo del altar mayor da la iglesia castrense de San Francisco del departamento marítimo de Ferrol - disponiéndose, diez años más tarde (26-1-1860), que cada vez que esta bandera se deteriore sea sustituida por la del 2º batallón del 2º regimiento, haciéndose en dicha fecha la primera sustitución. Esta práctica, tan emotiva, dejó de hacerse a partir de la proclamación de la República (1931), siendo de desear sea pronto restablecida en su lugar. (2)

El Ayuntamiento de Ferrol, el 3 de febrero de 1823, toma el acuerdo de levantar un monumento, frente al cuartel de Nuestra Señora de los Dolores, en memoria de los componentes del 6º regimiento de Marina muertos en la acción de Armentía. Ignoro si dicho monumento permanece en la actualidad.

Referencias:
(1).- Apuntes. Sobresalientes. Ramón Rodríguez Delgado de Mendoza. Jaén .1908.
(2).- Historia de la Infantería de Marina Española. Rivas Fabal. Madrid. 1967.
(3).- ¡¡Qué bien escribían nuestros antiguos!!

Saludos


solocare
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Mensaje por solocare »

Permítame primero felicitarle por todo el tema expuesto. Le quería plantear una duda. Sabemos ,o hay alguna ilustración de cómo era el dibujo de la manga del gorro de los granaderos de los regimientos de Infantería de Marina durante la Guerra de Independencia.

Gracias de antemano.

Un saludo.


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Uniformes Guerra Independencia.

Mensaje por AFOCES »



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Mensaje por tercioidiaquez »

Es que esa es una de las "grandes incógnitas" de la historiografía militar española.
No solo de la IM, sino de la gran mayoría de los regimientos de infantería.
En alguna biblioteca, debe estar escondido un grabado en el que se describe todos esos escudos.
Los pocos que se conocen son los que vienen reflejados en las láminas de la expedición de la Romana (regimiento Guadalajara, Zamora y poco más).
La mayoría de los demás que se pueden ver, son en gran parte conjeturas.
De todos modos, por algún sitio he visto yo, el escudo de los granaderos de IM de la guardia de Godoy, que ahora mismo no sé si sería el mismo.
Tengo que mirar entre las revistas que tengo, pero creo recordar que venía en una Ristre de hace ya varios años.


“…Las piezas de campaña se perdieron; bandera de español ninguna…” Duque de Alba tras la batalla de Heiligerlee.
solocare
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Mensaje por solocare »

Muchas gracias a ambos por las respuestas. Y perdón por el off-topic. Si ¿Sería tan amabla de decirme -cuando pueda o tenga tiempo :wink: - el nº de Ristre en el que salen?. Tengo unos cuantos por casa, de Ristre y Ristre Napoléonico y no he sido capaz de encontrarlo.

Gracias de nuevo.


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España

Mensaje por tercioidiaquez »

He estado revisando los números de Ristre que tengo y no he encontrado nada allí, tampoco en "soldados de España" de Bueno.
Tengo que seguir mirando entre el montón de bibliografía que tengo repartida por distintos sitios.
Es que no recuerdo exactamente el sitio pero si lo encuentro lo pongo.

¿Podrían ser dos anclas cruzadas, con la habitual filigrana?
Estoy intentado recordar y no estoy seguro.


“…Las piezas de campaña se perdieron; bandera de español ninguna…” Duque de Alba tras la batalla de Heiligerlee.
solocare
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Mensaje por solocare »

Muchas gracias.
Ayer estuve revisando mis Ristre y en los números que habla del estado de la Marina en 1808 no salía nada. En el libro de Bueno aparece la figura del granadero pero de frente, con lo cual... en fin. Yo he pensado si sería la manga de color rojo (el color de los puños creo recordar) con la filigrana en dorado y arriba el escudo de la MArina, pero bueno que es una suposición sin mucho fundamento :oops: . Además imagino que por algún lado debería de haber algo de color azul...

En fin. Muchas gracias de nuevo.


¡Viva el Imperio Austrohúngaro!
martelo79
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Mensaje por martelo79 »



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arbasete
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Mensaje por arbasete »

esta página la encontré hace varios años pero luego la perdí junto con todo el ordenador :oops: y ahora la he vuelto a encontrar y la cuelgo aquí porque hay algunas cosas muy interesantes:

http://www.gratisweb.com/terciosdelmaroceano/index.htm

éste me ha llamado principalmente la atención:

http://www.gratisweb.com/terciosdelmaro ... on1537.htm
:noda:


«Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve»... y Jenkins con la oreja en la mano.
AFOCES
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Infantería de Marina, como siempre

Mensaje por AFOCES »

Desde que leí este artículo creí que debía de traerlo al foro para conocimiento de todos los que no han tenido la oportunidad de leerlo. Dudé donde debía “ubicarlo” y, finalmente, me incliné por ponerlo aquí ya que, entre otras cosas, es una verdadera lección de la historia del Cuerpo. El artículo fue publicado en el “Boletín de la Fundación Letras del Mar” y escrito como consecuencia de otro anterior - firmado, en el mismo Boletín, por el señor Maestro que dirige la Fundación - con el título : “Infantería de Marina o Infantería en la Marina”

INFANTERÍA DE MARINA, COMO SIEMPRE
AGUSTÍN ROSETY .-General de Brigada de Infantería de Marina (S.R.)

España ha vivido siempre de espaldas al mar, todo un tópico, pero también una realidad. Tal vez por eso los infantes de marina, como la Armada de la que forman parte, han mantenido su moral y su preparación para el combate de forma tan profesional como discreta, haciendo virtud de aquella vieja máxima del Estado Mayor prusiano, inscrita en los muros del edificio de aulas de la Escuela Naval: “Ser, más que parecer”. Actuar bajo los focos no habrá sido nuestro estilo, pero es algo inevitable en la sociedad mediática en la que vivimos, hasta en el campo de batalla. El modelo de Fuerzas Armadas profesionales exige proyectar imagen pública y, hoy más que nunca, los gobiernos tienen que contar con apoyo popular para disponer capacidades militares y hacer uso de de la fuerza. Pero ¡ay! En una democracia avanzada este apoyo es crítico, máxime cuando la política de defensa mira por la seguridad, pero no puede perder de vista la dura realidad de la guerra. Desde el despliegue del 3º Batallón en Bosnia en 1996, la Infantería de Marina viene siendo noticia. El alarde de puntería de los fusileros del 2º Batallón embarcados en la Fragata “Navarra”, que detuvo la carrera del carguero coreano “So-San”, la foto de nuestros boinas verdes en lo más alto de la Isla Perejil, la prolongada presencia de los infantes de marina en medio de la desolación haitiana, la proyección inmediata de la Fuerza de Desembarco a comienzos de la crisis del Líbano y los ataques aéreos conducidos por controladores avanzados del Tercio de Armada en Afganistán, son episodios que han trascendido a la opinión pública más o menos informada. A nadie debería sorprender, por tanto, que la reciente decisión ministerial de reorganizar la Fuerza Naval, en cuanto afecta al estatus del Cuerpo en la Armada, haya dado que hablar, o de qué escribir. Varios meses más tarde, el asunto sigue vivo, como hemos podido comprobar en el último número del Boletín que publica la Fundación Letras del Mar que, con tanto acierto y entusiasmo, dirige nuestro buen amigo Manuel Maestro.

Bajo el sugerente título “Infantería de Marina o Infantería en la Marina”, Manuel Maestro se hace eco de esta reforma y de sus resonancias, dentro y fuera de la Armada. Mi conformidad con el autor al considerar “merecedoras de agravios comparativos” las limitaciones que gravan las expectativas de carrera de nuestros oficiales, no excluye que tengamos puntos de vista diferentes en algunas otras cuestiones que afectan a la identidad de las tropas de Marina como cuerpo regular de infantería española, fundamental dimensión institucional que los organizadores del presente no parecieron valorar al concebir la reciente reforma. Vayamos al grano y, ya que hemos mencionado la palabra identidad, no es mal camino comenzar por la antigüedad de 1537 que, el Real Decreto 1888/1978 declara categóricamente en su Artículo único. Lejos de ser una gracia, la disposición sancionada por el Rey D. Juan Carlos no hace sino reiterar la antigüedad que las Instrucciones de Patiño, dictadas en 1717 bajo el reinado de Felipe V, reconocieron a la Infantería de Marina como cuerpo regular de infantería española, es decir, como regimiento, antigüedad reiterada en 1722, con ocasión de controversia, y en otras sucesivas disposiciones, como las Ordenanzas de la Armada de 1748, promulgadas reinando Fernando VI. De nuevo ante controversias, se resolvió a favor del Cuerpo en 1749, 1763 y finalmente, en 1871. Como parece sorprender que, siendo la Infantería de Marina parte de la Armada, y habiéndose creado ésta en 1717, la parte sea más antigua que el todo, para deshacer el equívoco podría ser conveniente aclarar el significado del término. La antigüedad que, de acuerdo con su historial, se atribuye a un cuerpo de tropas tiene por finalidad ordenar su concurrencia en el servicio con los demás regimientos. No tiene aplicación, por tanto, a la Armada, porque ésta no es un cuerpo de tropas. Tampoco el Ejército de Tierra, en todo caso, una agrupación de regimientos, cada uno con su respectiva antigüedad. La Armada, como el Ejército, nacieron con la Administración borbónica a comienzos del siglo XVIII. No quiere esto decir que no existieran antes Escuadras y Tercios ¿quienes, si no, lucharon en Italia, en Lepanto, en Flandes o en la Jornada de Inglaterra? Pero, con los Austrias, había una Secretaría de Despacho Universal de la que dependían todos los recursos militares y navales de la Monarquía: bajeles y galeras, artillería, infantería italiana, valona o española. Parte de estas tropas, que se organizaban en Tercios, estaban particularmente vinculadas a servir con las Escuadras.

Para explicar el significado de las sabias disposiciones adoptadas, a la sazón, por el gran Ministro José Patiño, debemos tan sólo hacer mención al triste estado de la marina en la segunda mitad de la centuria precedente, cuyo posible remedio el propio Conde-Duque de Olivares terminó dando por imposible. Las cosas de la mar no eran populares en España. Por eso, aunque hubiese soldados dispuestos a hacerse a la mar, eran escasos los pilotos y marineros. Puede comprenderse que los organizadores navales del XVIII decidieran que, para disponer de los competentes oficiales que la Real Armada demandaba, no había mejor camino que reclutar jóvenes hidalgos, instruirlos como soldados y enseñarles a navegar. Con esta idea, se constituyó la Real Compañía de Guardias Marinas, de cuyas filas surgirían los nuevos oficiales de guerra de la Real Armada. La tropa de marina, de la que serían mandos naturales, se tomó, fundamentalmente, del 2º Batallón del Regimiento de la Corona, creado en 1537 como Tercio del Mar de Nápoles. Así fue como nacieron el Cuerpo General de la Armada y el Cuerpo de Batallones de Marina que, junto a la Real Compañía de Guardias Marinas, constituirían desde entonces, lo que el General Aláez llamaba “la nervatura militar de la Armada”. Siendo, a la sazón, resolutivo en la mar el combate próximo, la guarnición -infantes y artilleros- representaba a bordo el factor de fuerza fundamental. Esta es la razón de que los oficiales del Cuerpo General estuviesen vinculados al mando de la tropa de Marina, tanto a flote como en tierra. Y esta es, también, la diferencia originaria entre nuestra Infantería de Marina, que es Armada desde la misma fundación de ésta, y los cuerpos de Marines británico y norteamericano, que fueron, y siguen siendo, cuerpos de tropas adscritos al Naval Establishment, pero que no son la Navy. Tal vez convenga a éstos la calificación de Infantería en la Marina; pero no a nuestra Infantería de Marina.

El sencillo y racionalizado plan orgánico de la Armada del XVIII se reveló inadecuado desde comienzos del XIX. De una parte, la revolución tecnológica terminó con el combate individual entre guarniciones de buques. De otra, la Guerra de la Independencia había demostrado la dificultad de aunar la formación necesaria para el mando de unidades a flote con la adecuada para el mando de unidades de cierta entidad en el combate en tierra. Poco más tarde, las guerras coloniales y el dominio de los territorios de ultramar, por último, demandarían incesantemente el despliegue de fuerzas expedicionarias y las potencias marítimas de la época encontrarían en sus tropas de marina un flexible instrumento para intervenir. Siguiendo la tendencia dominante, en 1827, el Ministro Salazar creó la Brigada Real de Marina, refundiendo en ella Infantería y Artillería. Su principal innovación fue el encuadramiento de los oficiales de guerra de la Armada en dos cuerpos patentados con distinta cualificación profesional: en tanto los del Cuerpo General se dedicarían, en lo sucesivo, exclusivamente al mando de unidades a flote, al frente de las tropas se pondría a oficiales específicamente formados para el combate en tierra. Esta decisión dio lugar al concepto de Cuerpo de Infantería de Marina, de General a Soldado, que ha llegado a nuestros días, en la práctica equivalente al modelo anglosajón.

Hora es ya de detener nuestra apresurada y, tal vez, agotadora carrera a través de la Historia para saltar al tiempo presente, si por tal podemos tomar el ya vivido. En los últimos cincuenta y seis años, hemos visto a un Cuerpo, disuelto en 1931 tras la profunda crisis nacional ocasionada por la pérdida de ultramar, y más tarde restaurado, aunque sin misión que justificase su supervivencia, recuperar su carácter expedicionario y constituir el componente más específico de la capacidad anfibia de la Armada. Podríamos citar algunos factores que explicasen su renacimiento: moral y disciplina, esfuerzo continuado, trabajo en equipo con la Fuerza Naval…Pero tal vez sea preciso destacar otros dos: la identificación de los infantes de marina con la misión anfibia, expresión de su vocación naval, y el espíritu de cuerpo, consecuencia de la naturaleza institucional de la Infantería de Marina.

Deduzcamos, pues, algunas consecuencias. Desde los tiempos fundacionales de la Real Armada, la Infantería de Marina está unida a ella como una de los pilares que sostienen su estructura. Desde el punto de vista constitucional, en España no hay lugar para un cuarto brazo de las Fuerzas Armadas. Tampoco el Cuerpo encontraría acomodo orgánico en el Ejército de Tierra sin merma de su singularidad como fuerza de desembarco. Y como los infantes de marina, más que nadie, tienen estas cosas por sabidas, sólo vientos lejanos pueden explicar que, con irritante regularidad, agite al Cuerpo semejante mar de fondo. Siendo ello cierto, no lo es menos que la Infantería de Marina, más allá de una fuerza, es un cuerpo regular de infantería española que, en todo lugar, ha alternado en el servicio con los pertenecientes al Ejército con arreglo a su antigüedad de 1537, reconocida al Cuerpo de Batallones a comienzos del XVIII y reiterada por la Corona en sucesivas ocasiones hasta el Real Decreto vigente, sancionado por D. Juan Carlos. Y como el reconocimiento de una antigüedad lleva implícita la existencia del instituto al que se atribuye, no puede negarse la existencia del Cuerpo de Infantería de Marina.

Consecuencia de esta naturaleza institucional son las peculiaridades de su régimen interior y su estilo de liderazgo, como también lo son sus privilegios históricos como Cuerpo de Casa Real, la adhesión a sus laureadas enseñas, su uniformidad característica o su particular patronazgo. Así ha sido desde los tiempos del Cuerpo de Batallones, constituyendo un patrimonio tradicional del que, no sólo se nutre la moral y el espíritu de combate de los infantes de marina, sino que enriquece a la Armada, a la que orgullosamente pertenecen. Los imperativos tecnológicos que en el pasado impusieron la distinción entre oficiales de tropas y oficiales navales y entre combatientes individuales y marinería, lejos de desaparecer, son aún más acusados en el tiempo presente e imprimen a la Armada una heterogeneidad característica que la organización no puede soslayar. Por eso, el deseable equilibrio de las expectativas de carrera de unos y otros oficiales nunca podrá justificar el perjuicio que supondría para el servicio sacrificar la identidad del Cuerpo de Infantería e Marina ni, a mi juicio, compensará la pérdida de la posición que siempre tuvo el órgano superior del Cuerpo en el nivel de decisión más alto de la Armada. Los infantes de marina fueron en el pasado y, hoy por hoy siguen siendo, combatientes individuales encuadrados en unidades, a diferencia de las dotaciones, organizadas como conjuntos de especialistas al servicio de los sistemas del buque, verdadero combatiente indivisible. Así pues, las diferencias en formación y experiencia profesional van mucho más allá de la simple especialización; son diferencias esenciales. Bajo este punto de vista, convertir marineros en combatientes individuales, en una institución que cuenta con miles de soldados, parece tan fuera de lugar como asignar funciones navales a oficiales que han servido durante toda su carrera en unidades de tropas. Las aspiraciones de las personas nunca deberían prevalecer frente a la racionalidad de la organización. Si, por esta vía, se llegase a desdibujar la distinción entre quienes sirven en la Armada, bien como marinos, bien como soldados, sería de temer que tal confusión redundase en perjuicio de la cualificación profesional de la minoría, es decir, de los infantes de marina. Las tropas de Marina se diferencian de las fragatas en algo más que éstas de los submarinos o de los cazaminas. Son una fuerza terrestre, de la Armada, sí, especializada en la penetración en fuerza desde la mar, también. Pero una fuerza, a la postre, destinada a combatir en tierra, junto con otras tropas, en el marco de operaciones conjuntas o combinadas. Y ello presupone un compromiso profesional, ser, más que parecer. No hace falta que soplen otros vientos para que se levante mar de fondo y los medios avisen a los navegantes porque, al alcanzar el litoral, las grandes olas del océano rompen y arrastran lo que en su camino encuentran. Los infantes de marina están –estamos- hechos a bregar con rompientes turbulentas. Pero, sin temerlas, también sabemos que por encima de cinco pies de rompiente no es posible el desembarco. Marinos y soldados de marina hemos servido juntos a través de los siglos. Confiando en nuestros valores, espero que ni siquiera un tsunami nos impida “juntar Armada” bajo la gloriosa Bandera de España, que todos hemos jurado seguir y guardar.

Saludos.


uno-de-coca
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Mensaje por uno-de-coca »

Hay que poner también el artículo de Maestro:

Boletín de Octubre de la Fundación "Letras del mar"
http://navengantedelmardepapel.blogspot ... acion.html
SOLTANDO AMARRAS
INFANTERÍA DE MARINA O INFANTERÍA EN LA MARINA

MANUEL MAESTRO. Director

Como bien saben los marinos, “mar de fondo” es un estado de las aguas que no está relacionado con el viento dominante: su origen se encuentra en el que sopla en otro punto; fenómeno meteorológico tan difícil de entender como de prevenir sus consecuencias. Su máximo exponente son las grandes olas sobre las que se montan los surfistas, tan grandes que por su tamaño parecen moverse lentamente; están muy separadas entre ellas, produciendo un vaivén muy molesto para los propensos al mareo; al sacarlos de su ubicación habitual, llevan hasta la costa residuos y algas; y el agua se enturbia, lo que hace que cambie el comportamiento de muchos peces. Vientos que no se sabe con certeza de donde vienen, surfistas montados sobre grandes olas, abundancia de mareos, residuos sacados de donde descansaban y peces que cambian de comportamiento son también algunos de los componentes del panorama sobre el que ha transcurrido últimamente el devenir de nuestra Infantería de Marina; cuando las gra! ndes olas se hicieron visibles al trascender el traslado del despacho del Comandante General de la Infantería de Marina desde su lugar habitual de trabajo, junto al del Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada, sito en la madrileña calle de Montalbán, al antiguo palacete de la Capitanía General de San Fernando apartado, pero próximo, de la sede del Almirante de la Flota ubicada en Rota. La noticia produjo entre los infantes de Marina unos efectos similares a los que se desencadenaron cuando, en 1808, Napoleón se llevó a la familia Real a Francia. Con la gran diferencia de que nuestros infantes mantuvieron en todo momento su tradicional disciplina. La mudanza era por imperativo del contenido de la Orden de 10 de diciembre de 2008 del Ministerio de Defensa por la que se modificaba la estructura orgánica y el despliegue de la Fuerza de la Armada, integrándola bajo el mando único de la Flota, que a su vez se estructuraba orgánicamente en Fuerza de Acción Naval, Fuerza de Acción Marí! tima – toda una filigrana semántica- y Fuerza de Infantería de Marina, lo que suponía bajar un escalón importante en el organigrama de la Armada, pues se dejaba de depender directamente del número 1 de la institución.
De inmediato, sobre la cresta de las olas se encaramaron una serie surfistas, que llamaron la atención con diversos anuncios que iban desde “el intenso malestar por la nueva dependencia orgánica” a la “desaparición del Cuerpo”, lo que mareó a muchos no iniciados que creyeron a pie juntillas los mensajes transmitidos sin un argumento sólido, e hizo que algunos peces gordos moldeasen sus pretensiones iniciales para que los residuos no salieran a la superficie. Y, como en toda mar de fondo, pocos sabían a ciencia cierta de dónde soplaba el viento ya que, entre otras razones, la legislación militar es más que un “pelín” complicada de interpretar. Disposiciones de mayor rango como las recientes Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas de 6 de febrero de 2009 no habían derogado algunos artículos de las Reales Ordenanzas de la Armada de 1984, por las que se establecía la dependencia directa de la Infantería de Marina del Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada. Ceremonia de confusión legal que vino a aclarar el Real Decreto de 5 de junio de 2009 por el que se fijan las plantillas para el periodo 2009-2013 que, como en el caso de los presupuestos del Estado, actuó como coche escoba recogiendo los flecos legales pendientes o de urgente aprobación. Su disposición adicional sexta dispone que “la Comandancia General de Infantería de Marina y su Comandante General estarán incluidos en la estructura orgánica de la Flota”, y que el Comandante General dependerá directamente del Jefe del Estado Mayor de la Armada para “asesorarle” en aquellos asuntos referidos al Cuerpo de Infantería de Marina que no se relacionen de forma ! especí fica y directa con la preparación de la Fuerza”: tarea de resultado práctico previsible. Lo que, con fecha 31 de julio de 2009, una vez superada la laguna legal, le permitía al Ajema redactar dos instrucciones, promulgando normas específicas, una sobre el Cuerpo de Infantería de Marina y otra sobre la organización de la Fuerza de la Armada, que no han terminado de calmar ese mar de fondo como se pretendía, ya que en síntesis: primero reafirma el reconocimiento de la Infantería de Marina como un cuerpo específico de la Armada; para después reiterar la integración y dependencia de la misma dentro de la Flota; otorgando como contrapartida algunas concesiones a los infantes como que el cargo de Jefe del Estado Mayor de la Flota podrá ser ostentado por un general de Infantería de Marina; el de la Flotilla de aeronaves, y el del Comandante del Centro de Evaluación y Certificación para el Combate por un coronel del mismo cuerpo; y que la sucesión de mando en el ámbito de la Flota ! se efectuará siguiendo el criterio de antigüedad entre los oficiales generales pertenecientes a su estructura orgánica.

Al llegar a este punto es importante echar una ojeada a la historia de la Infantería de Marina española que está dividida en dos grandes épocas: una primera que abarca desde un periodo incierto, en el que se combatía en el mar de la misma forma que en tierra y las tropas eran ambivalentes, hasta el año 1537, que es cuando comienza su verdadera historia al asignarse fuerzas de forma permanente a las flotas, hecho considerado como el nacimiento del Cuerpo – lo que fue un brindis al sol del general Gutiérrez Mellado, ya que el Cuerpo no puede ser más antiguo que la Armada creada en el siglo XVIII -, aunque se seguían pidiendo tropas al Ejé! rcito para embarcarlas cuando era necesario; y a partir de 1717 surge una segunda época que comienza con la creación y organización de la Armada Real, en la que primero al frente de las tropas de Infantería de Marina estaban los oficiales del Cuerpo General hasta que, posteriormente, en el siglo XIX se formasen los primeros oficiales de Infantería de Marina, que es cuando realmente se vertebra como auténtico cuerpo con tropa y oficialidad específica. Sus funciones fundamentales eran: representar la principal fuerza de combate – junto a la artillería con la que estuvieron un tiempo fusionados - tanto en tierra como en la mar; la protección de los bienes e instalaciones de la Armada; y el mantenimiento a bordo del carácter, funciones y disciplina castrense, ya que la marinería no era militar: hay que tener en cuenta que se nutría en su mayor parte por reclutamiento forzoso de procedencia variopinta como la de penados; los marineros no comenzaron a jurar bandera hasta el año 1953. ! En un repaso sobre la legislación anterior tenemos que si bien las Fuerzas de Infantería de Marina dependían orgánicamente de su Comandante General, en las operaciones anfibias lo eran operativamente del Comandante General de la Flota y en cuanto a su misión de protección del mando de la Zona Marítima de donde radicaban, por lo que de alguna manera todo ha cambiado para seguir igual, no obstante que los últimos acontecimientos hayan movido a pensar que el Ángel del Apocalipsis anunciaba con su trompeta el final del cuerpo de Infantería de Marina, lo que no es cierto.

Despejadas algunas incógnitas sobre la procedencia de los vientos generadores de la mar de fondo existente, como la de la desaparición del Cuerpo, o la de que el Ejército de Tierra pretenda anexionarse la Infantería de Marina, como se ha llegado a especular, quedan por poner sobre el mapa de los vientos las razones del supuesto intenso mar de fondo. La mentalidad y desempeño profesional de los infantes de Marina ha evolucionado sobremanera desde la segunda mitad del siglo XX, cuando España firmó sus acuerdos de cooperación militar con los Estados Unidos y dejó de ser su principal misión la custodia de los arsenales militares o el uso de las ametr! alladoras antiaéreas a bordo de los buques. Muchos de sus jóvenes oficiales hicieron su puesta a punto con los marines americanos que, tras la Segunda Guerra Mundial, eran la estrella más rutilante de las fuerzas armadas de aquél país: un cuarto ejército con 200.000 efectivos, aviación propia y más de un centenar de generales componían el norte y guía para quienes volvían a San Fernando procedentes de las aulas de Quantico. Sueños difíciles de cristalizar en la actualidad dentro de un marco menguante por muchas razones de índole política y económica, no exenta de datos merecedores de agravios comparativos: uno que, conforme al Real Decreto de 5 de junio de 2009, a partir del 2010, la Armada contará con 3 oficiales generales de Infantería de Marina para un contingente específico de 5.000 efectivos, y con 25 almirantes del Cuerpo General, 3 generales de Intendencia y 4 almirantes ingenieros para un total general, incluida la Infantería, de unos 20.000 efectivos; y, otro, el sueño de t! ener la posibilidad de que la carrera culmine con el rango de teniente general, para que puedan ocupar puestos ajenos a la propia estructura de la Infantería de Marina, bien dentro de la Armada, para estar al frente de departamentos perfectamente asumibles por los infantes como la Jefatura de Personal, u otros importantes desempeños dentro del complejo organigrama de la Defensa Nacional. Sueño que ha venido acrecentándose desde que existe una oposición común para el acceso a la carrera militar, y se exige una mayor puntuación para ingresar en el cuerpo de Infantería de Marina; lo que ha azuzado algunos aires latentes de independencia, movidos por un lenguaje subliminal cargado de signos, como el empleo no reglamentario, en algunas ocasiones, del pantalón de franja o la advocación a un santo como San Juan Nepomuceno que, con todos los respetos al santoral, es un gran desconocido. La Infantería de Marina española no puede ser, ni será un cuarto ejército como ocurre en Estados Unidos, ! pues las necesidades y dimensiones de la nación americana distan mucho de las nuestras

El problema tiene difícil solución, pues sus raíces son tan complejas como profundas. De una parte, durante mucho tiempo los oficiales del Cuerpo General mandaron las tropas de Infantería de Marina y en el subconsciente del mismo permanece la autoridad que mantuvieron. Algo parecido a lo que ocurrió respecto a los maquinistas, que irrumpieron en los barcos movidos secularmente por las velas, por lo que tardaron mucho tiempo en quitarse el sambenito de intrusos, hasta que se integraron en el Cuerpo General, con lo que también se acabó el estancamiento de sus escalafones; solución de difícil aplicación a la Infantería de Marina, donde el mando! no es sobre marineros, sino sobre soldados, y las operaciones, aunque complementarias, son muy diferentes. De otra parte, de la desaparición del Servicio Militar Obligatorio no acaba de asumirse la herencia de unas fuerzas armadas menguantes que han dado como saldo un jefe por cada dos subordinados: concretamente en el conjunto de la Armada la desproporción es aún mayor, 8.000 cuadros de mando para 12.000 efectivos de marinería y tropa profesional; muchos mandos a los que hay que poner etiqueta, lo que dificulta una organización justa y lógica, en la que los infantes de Marina han jugado la peor baza. No obstante, según su Comandante General, algo se está cociendo, pues ha manifestado a la prensa “que nadie dude que el carácter institucional del Cuerpo quedará incólume y que en el inmediato futuro asistiremos a medidas impensables hace nada”. A lo que no queda añadir más que
así sea, pues la Armada y, por lo tanto, España necesita de la existencia de la Infantería de Marina por su capacidad de proyección del poder naval y de inmediata respuesta ante posibles contingencias, como lo demuestra la eficacia desplegada gracias a su presencia en las operaciones donde estamos involucrados en el exterior; eficacia que va unida a su pertenencia a la Armada, y a la desaparición de cualquier mar de fondo que debilite su espíritu tradicional de entrega, valor y sacrificio.


AFOCES
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Re: "Infantería de Marina, como siempre".

Mensaje por AFOCES »

El inicio del post – “Infantería de Marina, como siempre” - expone la referencia precisa para localizar el artículo del Sr. Maestro y, también, el mismo artículo del general Rosety.

El artículo del Sr Maestro contiene algunos puntos de vista no coincidentes con los del general – especialmente sobre cuestiones que “afectan a la identidad de las tropas de marina” – y que origina su brillante contestación.
Saludos.


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