Tras cruzar varios controles militares, un equipo de Ecuavisa ingresó a la Cárcel Regional Guayas. Esta prisión concentra el mayor número de presos con tuberculosis.
Antes de pasar a los pabellones, los soldados se colocan mascarillas y utilizan alcohol. A pocos metros aparecen las huellas de la masacre carcelaria: paredes perforadas por balas. Pero hoy, esos mismos pabellones albergan 2 000 internos que padecen la enfermedad infecciosa.
Están distribuidos en tres áreas: prioritaria, máxima seguridad y mínima seguridad. Para ingresar a este último pabellón, los militares retiran los candados, abren las puertas y salen hombres de cuerpos delgados, algunos caminan con dificultad.
Forman filas para recibir la comida, que es distribuida por otros internos. Luego se sientan en el piso, en grupos, para comer.
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