Lo de Deliveroo es muy divertido.
Resulta que durante la pandemia, mientars las agencias de transporte se forraban, los de Deliveroo se las apañaron para tener pérdidas, que ya habían sido serias en 2019 y muy preocupantes en 2020. Además empleaban un sistema más ilegal que un billete de tres euros, el de los «falsos autónomos»: en lugar de tener empleados, contrataban la distribución a trabajadores que lo hacían por su cuenta. El problema es que, al no ser trabajadores por cuenta ajena, no tenían ni salario mínimo, ni derecho a vacaciones o a paro, y la empresa no tenía que pagarles las cuotas de la Seguridad Social.
El sistema es ilegal, no solo en España, ya que las normativas indican expresamente que cuando un trabajador lo hace casi exclusivamente para una empresa, bajo las órdenes de esa empresa, no es autónomo sino asalariado. De lo contrario, desaparecería cualquier tipo de protección social: para una empresa sería mucho más sencillo tener autónomos, a los que podría llamar o despedir cuando le viniera en gana, y pagándoles lo que fuera, que trabajadores contratados. Al emplear falsos autónomos, Deliveroo podía hacer competencia desleal a las que respetasen las normas, pero ni así conseguía beneficios.
El sistema, como digo, era ilegal, y Deliveroo ya había sido condenada repetidamente en los tribunales. Al parecer, debido a las pérdidas, ya había previsto cerrar, pero fue cuando el gobierno sacó la «Ley Rider» que regulaba a los repartidores. No hacía falta, pues ya había sentencias (hasta del Supremo y europeas) pero así quedó negro sobre blanco. Entonces Deliveroo aprovechó para decir que se iba, echar la culpa al gobierno, y no tener que dar demasiadas explicaciones a sus accionistas.
Más divertido, los «rider» se manifestaron en contra de la normativa, pero la prensa olvidó decir que, en realidad, lo que ocurría era que esos repartidores no hacían el reparto ellos, sino que a su vez subcontrataban a otros por una cantidad aun menor. Vamos, que eran tan aprovechados como los de Deliveroo. Como si en 1863 se hubiesen manifestado los capataces de las plantaciones contra la liberación de los esclavos. Pobre Simon Legree, que se quedó sin trabajo.
Por otra parte, antes que Deliveroo aterrizase por aquí, ya se hacía reparto a domicilio, y no creo que deje de hacerse porque se vayan unos facinerosos que están teniendo problemas por toda Europa (en Inglaterra no: la ventaja del Brexit es que las empresas pueden ignorar las normativas, para beneficio de los papanatas que votaron la salida de la UE). La única diferencia es que ha salido del mercado una empresa que tiraba a la baja los precios saltándose las normas.
Saludos





