En el aula de simulación de la US Naval Test Pilot School de Río Pax, en Maryland, hay un gran cartel enmarcado que dice: "El problema de los problemas, es que nunca vienen solos". Yo plastifiqué la frasecita y la llevo siempre en la bolsa, porque pocas frases hay tan ciertas, sobre todo en el mundo de la aviación.
Cuando la parada de un motor se produce por un "mal uso" de los mandos de vuelo, la situación no debe tener mayor trascendencia que la de realizar el procedimiento de reencendido. Siempre que se disponga de un colchón de 6 ó 7.000 ft, los álabes del compresor mantendrán las suficientes revoluciones para que éste se lleve a cabo sin problema.
Cuando la parada del motor se produce por motivos técnicos, o se produce una incidencia que nos obliga a su apagado, todo dependerá del motivo subyacente, pero la experiencia indica que las complicaciones llegarán una detrás de otra. En un avión de altas prestaciones, por sus características intrínsicas de vuelo y circunstancias operativas de uso, las posibilidades de recuperarse del problema son bastante inferiores a las de una aeronave de línea.
Es un tema del que ya hablamos cuando discutíamos sobre la idoneidad de los bimotores sobre los monomotores. Las mejoras en las cualidades técnicas de los Grupos Motor han sido sorprendentes en los últimos veinte años, y la diferencia entre volar un aparato de finales de los ochenta, a uno del dos mil, es sustancial, hasta el punto de eliminar la mayoría de riesgos existentes sobre el "uso y disfrute" de los motores. Pero es precisamente esa razón la que hace que cuando un problema se produce en estos nuevos aparatos, sea verdaderamente de complicada solución en el aire.
Sobre lo de planear y aterrizar sin empuje, con el motor o los motores parados en un caza....
