Mr Quiros escribió:No entro jamás en estos juegos infantiles sobre citar o no citar, mi opinión es mía y la suelto como y cuando quiero, con la debida educación y estilo propio.
Mr Quiros escribió:No entro jamás en estos juegos infantiles sobre citar o no citar, mi opinión es mía y la suelto como y cuando quiero, con la debida educación y estilo propio.
Zanjo el tema con usted visto su "estilo propio".
Un saludo.
Solo decir que para mi ya estaba zanjado, creo que este hilo se refiere a Batallas y no a ver quién la tiene mas larga, entenderás que entre los varios miles de libros de Historia que tengo, buscar una cita o un dato a veces se le hace a uno pesado y mucho mas rebuscar entre mis notas.
millitarismo moderado escribió:El la ultima carga de caballería... Batan, 1942, Se le dío la orden al 26 regimiento de caballería que asaltara posiciones japonesas....
La última carga de caballería .... de los EEUU, claro, no la última a secas
El 24 de agosto de 1942 650 hombres del tercer regimiento de caballería italiano, el 'Savoia', cargaron, con éxito, contra una posición de artillería soviética (2000 hombres) en Izbušenskij.
las ultimas cargas de caballeria han sido protagonizadas por los yanyauid en la region de darfur en sudan...
aunque con mas de 30mil muertos a sus espaldas desde el 2003 hasta ahora siendo la mayoria de los que cayeron a su paso civiles, mas que de cargas habria k hablar de masacres de civiles... pero bueno como dijo alguien una vez que le pongan a un civil un uniforme no le hace dejar de ser civil sigue siendo una victima mas de una guerra... o como dijo otro que Dios cuente los muertos y separe los buenos de los malos en el cielo que yo solo los mato pero no juzgo...
en los conflictos del llamado tercer mundo el uso de caballos sigue siendo algo habitual
Arkangelnllamas escribió: las ultimas cargas de caballeria han sido protagonizadas por los yanyauid en la region de darfur en sudan...
aunque con mas de 30mil muertos a sus espaldas desde el 2003 hasta ahora siendo la mayoria de los que cayeron a su paso civiles, mas que de cargas habria k hablar de masacres de civiles... pero bueno como dijo alguien una vez que le pongan a un civil un uniforme no le hace dejar de ser civil sigue siendo una victima mas de una guerra... o como dijo otro que Dios cuente los muertos y separe los buenos de los malos en el cielo que yo solo los mato pero no juzgo...
en los conflictos del llamado tercer mundo el uso de caballos sigue siendo algo habitual
saludos
Sin desmerecer, válgame Dios, los aportes realizados por muchos compañeros, debo decir, y en esto aciertas, que mientras algunos pueblos no tengan blindados, siempre habrá "cargas de caballería".
La última?, pues cuando no haya caballos, camellos, burros, mulos y demás.
Cuestión de la Historia que muchas veces barre para el que la escribe.
Y con tu permiso añado una frase, "si Dios está con nosotros, quién está con el enemigo?".
Saludos.
Por cierto, el relato de la odisea del USS Indianápolis me sigue estremeciendo...
Saludos cordiales.
"Cuanto es más eficaz mandar con el ejemplo que con mandatos; más quiere el soldado llevar los ojos en las espaldas de su capitán, que traer los ojos de su capitán a sus espaldas. Lo que se manda se oye, lo que se ve se imita. Quien ordena lo que no hace, deshace lo que ordena".
Carpe diem
Tengo predilección por el mosquete y la pica. Entre mis favoritas se cuentan las batallas de Nördlingen y Lützen, y si se me permite, el asedio de Amberes por Alejandro Farnesio.
"Las naciones que promueven a soldados rasos pero íntegros en agradecimiento a su valentía son por lo general las que resultan victoriosas" (Hans von Grimmelshausen).
Vamos a darle "meneo" al post que está muy apagado,
Guadalete, la pérdida de España
Por Fernando Díaz Villanueva
A comienzos del siglo VIII, es decir, hace 1.300 años, España era el reino godo más grande de Europa. Ocupaba todas provincias romanas de la antigua Hispania y tenía su capital en Toledo. Estos godos, llamados más tarde visigodos (del alemán Westgoten o godos del oeste), habían llegado hasta aquí tres siglos antes huyendo de los francos, que los habían expulsado de la Galia a punta de espada.
Nuestros godos habían sido, como todos sus hermanos bárbaros, un pueblo errante. Vagaron por las fronteras del imperio hasta que los césares se avinieron a pactar con ellos y entregarles tierras. Luego, ya dentro del imperio, como estaban sin desbravar y eran de natural desagradecidos, asolaron Grecia, sitiaron Constantinopla y saquearon Roma. Al final, después de tanta barbarie, buscaron asiento en las provincias occidentales. El primer pie en España lo pusieron en el año 415, cuando uno de sus reyes, un tal Ataúlfo, penetró en la Tarraconense y la conquistó. A Ataúlfo, en rigor el primer rey de España, le siguieron 32 reyes que se elegían por aclamación, por lo que era muy habitual que se matasen entre ellos.
El último de ellos, Rodrigo, sólo reinó, a medias, un mísero año. Gobernaba la Bética en nombre de Witiza, y al morir éste unos cuantos aristócratas le entregaron la corona. Eso desató una guerra civil entre el propio Rodrigo y Agila, hijo de aquél. Nada de especial, los godos llevaban trescientos años peleándose cada vez que moría un rey, o incluso antes de que muriese para sucederlo. El reino, para colmo, estaba muy empobrecido. El ascenso del Islam en Oriente había cortado de cuajo el comercio mediterráneo y los godos no eran, precisamente, unos hachas del buen gobierno. Así que la gente pasaba hambre y se moría de enfermedades.
La fruta estaba madura para que otros llegasen a recogerla. Estos otros fueron los mismos musulmanes que, en una prodigiosa cabalgada, habían recorrido miles de kilómetros conquistándolo todo, desde el desierto arábigo hasta las columnas de Hércules. El caudillo de los musulmanes (en adelante moros, porque venían de la Mauretania, milenario hogar de los maurii) era Musa ibn Nusayr, conocido por estos lares como Muza o, más propiamente, el moro Muza.
En el verano del año 710 Muza se encontraba en Tánger junto al gobernador moro de aquella ciudad, Tarik ibn Ziyad. Llegó hasta sus oídos que los godos de la otra orilla andaban a la gresca y pensaron que, ya que habían llegado al extremo occidental del mundo, no sería mala idea continuar hacia el norte. Muza comunicó sus intenciones al califa de Damasco y se preparó para la invasión. Para ello contaba con el apoyo del bando witiziano, en el cual militaba Julián, el señor godo de la vecina Ceuta.
Según parece, hubo dos invasiones. La primera tuvo lugar en 710, y o fue rechazada o simplemente se trataba de una expedición de reconocimiento. La siguiente aconteció un año después. Muza y Tarik acordaron el cruce del estrecho con Julián y, una vez en la península, se dirigieron al encuentro de los de Rodrigo. Los moros, que llevaban avanzando sin tregua más de medio siglo, se movían con agilidad gracias a una caballería ligera muy habilidosa en los lances rápidos. Además, disponían de sofisticadas artes bélicas aprendidas en Oriente que los godos hispanos desconocían y no sabían contrarrestar. Las prósperas provincias romanas del norte de África se habían rendido en muy poco tiempo; Hispania no iba a ser menos.
Tras varias escaramuzas, la batalla final se produjo, según la leyenda, junto al río Guadalete, que por entonces se llamaba Criso. Investigaciones posteriores afirman que, en realidad, la batalla tuvo lugar en Barbate, según unos, o en Medina-Sidonia, según otros. Lo cierto es que tanto da. En el verano de 711 un ejército de unos 7.000 bereberes capitaneados por Tarik se enfrentó a una cantidad igual o inferior de hispanogodos en algún punto cercano al estrecho de lo que hoy es la provincia de Cádiz.
Los witizianos habían maniobrado en la sombra. Mientras apoyaban de boquilla a Rodrigo frente a los invasores, tenían un pacto secreto con Muza para, una vez derrotado su verdadero adversario, colocar en el trono a Agila. Esto ocasionó que, cuando los dos ejércitos se vieron las caras, una parte considerable de la tropa visigoda –la leal al hijo de Witiza– desertase de improviso, dejando a Rodrigo con un palmo de narices, en inferioridad numérica. Pasó entonces lo que tenía que pasar, es decir, que, como contaba quejoso el romance medieval,
vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos.
Descalabrado y en caótica desbandada el ejército de Rodrigo, llegó la hora de la segunda traición, la de Muza, que había ocultado ladinamente sus intenciones de quedarse en Hispania y conquistarla entera. Fue entonces cuando, de verdad, se perdió España. Sin nadie que la defendiese, los moros avanzaron raudos por la Bética, cruzaron Sierra Morena y se apoderaron de Toledo en el año 712. No venían a saquear, sino a quedarse. La población recibió a los nuevos amos con indiferencia. Tal vez pensaron que eran pocos, o que difícilmente iban a ser tan rematadamente inútiles para gobernar como los anteriores.
El hecho es que la invasión islámica de España –y hay que llamarla así porque fue eso mismo– fue una de las más rápidas de la historia universal. En sólo ocho años los moros de Muza y Tarik que miraban desde Tánger con ojillos de lujuria la franja verdiazul de nuestra península se hicieron con un territorio de dimensiones colosales, que unos siglos antes a los romanos les había costado doscientos años someter. En 725, sólo quince años después de la batalla de Guadalete, los moros ya se encontraban a las puertas de Nimes, en el sur de la Galia, a medio camino de Italia.
La resistencia había sido minúscula, circunscrita a algunas ciudades como Mérida o Zaragoza, que se pusieron numantinas y fueron tomadas a sangre y fuego por la morisma. La voluntad de Muza era seguir hacia el norte y rendir Europa entera al Islam, pero andaba escaso de efectivos. La conquista de Hispania, además, había sido tan rápida como incompleta. En el profundo norte, al abrigo de las brumas cantábricas, un grupo de godos exiliados se levantó contra el gobernador moro de Asturias. Partían del convencimiento de que el reino se había perdido: no había nada que defender y mucho que reconquistar. Había, en definitiva, que empezar desde cero, reinventándose España.
P.D. A falta de que el estimado Valerio vigile el hilo y "calce" el post patas arriba. :)
Combatientes: Sacro Imperio Romano contra Imperio Turco u Otomano
Guerra: Guerras Habsburgo-Turcas
Victoria: Sacro Imperio Romano
El primer sitio de Viena, en 1529, marcó el apogeo de la invasión otomana de Europa central por las tropas turcas mandadas por el sultán Süleiman I Kanuni.
Las mal juzgadas demandas territoriales del archiduque Fernando de Austria (1503–1564, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre Fernando I desde 1558), que había sido elegido rey de Hungría después de la muerte de su cuñado Luis II en la batalla de Mohács en 1526, provocaron una invasión turca en el otoño de 1529. El 27 de septiembre de ese año las tropas otomanas iniciaron el asedio de Viena, capital del Archiducado de Austria.
Se desconoce con precisión el número de ellas, y las estimaciones van desde 90.000 hasta 120.000 hombres.
Aprovechando que mi estimado y muy amigo Valerio, está sin duda disfrutando de su tiempo libre, o quizás dando vueltas o alrededor de una magnífica y suculenta botella de Limoncello o de la aún mejor botella de Grappa (por Dios que es gloria pura incluso para un berciano), calzo a sus espaldas otra buena batalla,
Batalla de Qadesh:
Fecha: Finales de Mayo de 1274 a.C. (se supone)
Combatientes: Egipcios contra Hititas
Guerra: La guerra de Siria
¿Victoria?: Los Egipcios, caballeros.
En el año 1274 antes de Cristo se produjo uno de los primeros combates documentados de la historia, la batalla de Qadesh, donde se enfrentaron dos poderosos ejércitos, el del joven e impetuoso faraón egipcio Ramsés II, y el de Muwatalli, rey de los hititas, deseosos ambos de conquistar la ciudad de Qadesh, importante punto estratégico fronterizo. La fuerza hitita, muy superior en número a la egipcia, sería sin embargo derrotada en un encuentro en el que los carros de guerra tuvieron un protagonismo especial. El destino favoreció por completo a Ramsés II, que consiguió una gran victoria, comenzando a partir de entonces un largísimo reinado que llevó a Egipto a su máximo esplendor.
Por Dios! que he podido ampliar el escrito diciendo que a punto estuvieron los Hititas de cortar la "sagrada" cabeza del tal Ramses, pero suerte tuvo que otra formación estaba cerca y cruzó el río a tiempo. Pero ya sabeis lo que digo, a estudiar vagos :)
Salud.
Money is a sign of poverty. Iain M. Banks.
It is a black Samsonite suitcase. Do you think maybe it’s possible that the Samsonite people, in some crazy scheme to actually turn a profit, made more than one? - Greg (Gaylord) Focker.
Bueno, no se si decir que es "mi batalla favorita", pero una batalla muy interesante es la Batalla de Tinian en julio de 1944, encuadrada dentro de la campaña anfibia de las Marianas durante la Segunda Guerra Mundial, en el teatro del Pacífico Central. Un ejemplo de "blitzkrieg" anfibia, por así decirlo, y una operación poco conocida en comparación con batallas como la de Guadalcanal, la de Tarawa o la de Iwo Jima.
Los oponentes eran, por parte de los EUA, los almirantes Turner y Hill y los generales de marines Holland M. Smith y Harry Schmidt; y por parte de los japoneses, el almirante Kajuki Kakuta, el coronel Kiyochi Ogata, y el capitán Goichi Oya.
Tinian vino precedida de la batalla de Saipan, que como tantas otras batallas del Pacífico había sido sangrienta, tanto por la resistencia obstinada de los japoneses como por el carácter frontal de los asaltos anfibios, debido en parte a que se trataba de islas pequeñas, con poco margen para la maniobra, y al hecho de que la doctrina militar en los EUA por aquel entonces era predominantemente de guerra de desgaste (ganar a base de tener más recursos, más potencia de fuego y lanzarla "a lo bruto" contra el enemigo). En Tinian intentaron hacerlo de otra manera y les salió muy, muy bien.
Los primeros informes de inteligencia indicaban que el único sitio seguro para desembarcar era una playa del sur; en el norte había dos playas muy pequeñas donde aparentemente era un suicidio desembarcar dos divisiones de marines, por cuanto el "apelotonamiento" inicial los haría presas fáciles de los japoneses. No obstante, el general Holland Smith "huele" que las playas del norte, precisamente porque parecen un suicidio, pueden estar poco defendidas. Envía una expedición de reconocimiento y lo confirma: los japoneses están atrincherandose en la playa del sur, dejando desprotegidas las del norte. Así que propone un desembarco en las playas del norte para pillar desprevenido al enemigo y minimizar el riesgo de bajas.
El almirante Turner toma a Smith por loco y afirma que solo desembarcará en la playa del sur. Smith afirma que desembarcar allí será "otra Tarawa". Al final, el almirante Spruance, el comandante a cargo de la campaña de las Marianas, da la razón a Smith. Mientras los planificadores del V Cuerpo Anfibio a cargo de Harry Schmidt trabajan en los detalles del plan, la artillería norteamericana de Saipan somete a Tinian a un bombardeo intensivo.
El día en que se inicia el asalto (24 de julio) los norteamericanos, para reforzar el factor sorpresa, realizan una finta: envían el grueso de su artillería naval a bombardear las playas del sur, e incluso envían tropas en vehículos de asalto anfibio. Los japoneses piensan que todo va por donde habían previsto. Después de un intenso intercambio de fuego, los norteamericanos se retiran de la playa del sur y los japoneses casi no se lo creen: han abortado un asalto anfibio sin contar con ninguna clase de apoyo naval.
Cuando se quieren dar cuenta, los japoneses tienen dos divisiones de marines en su retaguardia dándoles una paliza. Los norteamericanos siguen desconcertando a los japoneses durante toda la batalla: mientras que lo habitual en estos casos era que los marines aprovechasen al máximo las horas de Sol para avanzar y que los japoneses atacasen por la noche, el general Clifton Gates, comandante de la 4a división de marines, ordena a sus hombres ya desembarcados preparar defensas para el previsible ataque nocturno japonés. El ataque es abortado con éxito y Ogata pierde a sus mejores hombres.
Los norteamericanos declaran segura la isla el 1 de agosto, tan solo 9 días después del desembarco, con solo 328 muertos y 1571 heridos. Ogata, Kakuta y Oya desaparecen; probablemente se suicidaron mediante el seppuku. Tanto el almirante Spruance como el general Holland Smith consideraron el asalto a Tinian como "la operación anfibia más brillante" de las ejecutadas en el Pacífico.