Relato. "1989. La Campaña del Golfo"

Guerras y conflictos modernos desde 1945, como las guerras de Corea y Vietnam, hasta las de Afganistán o la Agresión de Rusia a Ucrania. La Guerra Fría.
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flanker33
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Relato. "1989. La Campaña del Golfo"

Mensaje por flanker33 »

Hola a todos.

Vuelvo al frente y comienzo este hilo para ir escribiendo un relato ambientado en un “universo alternativo”.
La fecha es 1989 (de nuevo) y la base de la que parto es la hipótesis de lo que podría haber pasado si en el libro de Tom Clancy “Tormenta Roja” (que espero hayan leído) los dirigentes soviéticos, una vez deciden que el petróleo que necesitan está a pocos kilómetros de su frontera sur y en vez de decidir que antes deben destruir a la OTAN como organización militar, se hubiera tomado la decisión de invadir el Golfo Pérsico… ¿Cuál podría haber sido el resultado? No ahondo en el tema político de la decisión para meterme en harina antes, pero supongamos que Gorvachov es arrinconado en el Politburo y los "halcones" toman las riendas (en Tormenta Roja, los acontecimientos se supone que ocurren en 1984 y la política de la URSS era otra).

Es un tema clásico en los 80, desde que la invasión de Afganistán por los soviéticos hiciera mover ficha a los EEUU y preocuparse por que el próximo movimiento de la URSS fuera hacia el Golfo, lo que pondría en grave peligro la economía de Occidente, principalmente Europa y Japón. Con la creación de las Rapid Deployment Forces, sustituidas luego por el Mando Central, Estados Unidos hace de esa crítica región del mundo, un eje principal para su política exterior y de defensa.

Sugiero la lectura de este documento sobre el tema (en ingles, sorry):

"SOVIET FORCES AND CAPABILITIES IN THE SOUTHERN THEATER OF MILITARY OPERATIONS"

Pongo este tema en “Ejércitos y sistemas terrestres” por que sería principalmente una campaña aero-terrestre, al centrarme principalmente en la región del Golfo (aunque algún episodio naval puede caer), pero también habrá menciones a lo que sucedería en otras partes del mundo, principalmente en el Indico, Mediterráneo y el sureste de Europa, por que en un futuro no descarto hacer otra versión de 1989 en el flanco sur de la OTAN.
Por su puesto, cualquier comentario sobre el relato o discusión sobre el tema en si es bienvenido.
Y termino aprovechando este primer mensaje para agradecer al compañero forista Sergiopl el haberme picado el gusanillo con el tema, al que en principio era reacio, y su inestimable ayuda y colaboración.

Saludos.


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flanker33
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Mensaje por flanker33 »

1 de junio

“Si no fuese por la guerra, Beirut sería un lugar estupendo para pasar las vacaciones” – Pensó Andy McCardy. “Buen clima, bonitas playas y hermosas mujeres…creo”. La verdad es que apenas había visto mujeres en este viaje, y mucho menos sus caras para saber si eran bonitas o no.
El teniente McCardy, que andaba con aire distraído simulando leer un periódico mientras apartaba cascotes con los pies, era un tipo de piel morena, con ojos y cabellos oscuros, por lo que a pesar de ser de un pequeño pueblo en las cercanías de Londres, podía pasar por un árabe de medio oriente si se vestía adecuadamente y se dejaba la barba que lucía aquel día. Además, su conocimiento de la lengua árabe y su práctica en numerosas misiones anteriores, le convertían en un asiduo de aquel tipo de encuentros en aquella convulsa región del mundo.

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-Atención, se acerca alguien. Podría ser él.
Andy lo escuchó a través del auricular en miniatura que llevaba en su oído izquierdo. La voz era la del responsable de la misión, que cien metros más allá y desde un desvencijado Citroen de color marrón (escogido así para no llamar la atención) observaba el parque cercano a la avenida General de Gaulle, o lo que quedaba de él, y a los escasos hombres que se encontraban en él con unos pequeños prismáticos. Aquel era el lugar convenido como punto de reunión entre los hombres de la inteligencia británica, y el coronel irakí Al Salin.
El militar irakí se había puesto en contacto con los británicos para, según él, pasar una información de máxima importancia a los gobiernos occidentales, y a cambio solicitaba asilo político en Gran Bretaña, una nueva identidad y una considerable suma de dinero.
A MacCardy tan solo le habían enseñado una foto de dicho coronel, y su trabajo consistía en realizar una identificación positiva cercana, y proteger al equipo en caso necesario junto a sus otros dos compañeros del SAS que se encontraban en un vehiculo al otro lado del parque. Beirut era una ciudad “caliente” donde se combatía por barrios y sectores, así que en algún punto de la ciudad se podía pasear más o menos tranquilamente, mientras que otros eran un infierno, por lo que contar con aquellos hombres era una suerte para los del MI6, sobre todo cuando de no se sabe donde, se escuchaban ráfagas de armas automáticas y fuego de artillería.
-¡Mierda! No puedo identificarlo, no se deja ver claramente – dijo el comandante de la misión, un espía destinado en Amman y cuya zona de responsabilidad se extendía hasta el Líbano.
El hombre se había sentado en el banco correcto (el único que quedaba en pie en el parque) e iba vestido tal y como se había quedado en los contactos preparatorios del encuentro.
-Atención cinco – dijo refiriéndose a Andy - necesito identificación positiva antes de comenzar con esto.
-Afirmativo, voy para allí – respondió el teniente por el micro que llevaba en el cuello de su cazadora.
Con la imagen de la foto que le habían mostrado grabada en su cabeza, se acercó al individuo sentado en el banco, y cuando estaba a unos 6 o 7 metros se agacho simulando abrocharse un zapato, y durante un segundo pudo ver con claridad el rostro del hombre pese a los esfuerzos de este por no mostrarlo directamente.
-¡Abortad! ¡Abortada! ¡Es una trampa, este tío no es Salin!
Cuando se volvió y comenzó a caminar en dirección al coche donde estaba su mando, le advirtieron por el auricular.
-¡Cuidado cinco, hay dos tíos que van hacia ti! ¡Se están echando mano a la espalda!
Pero Andy fue más rápido. Ya tenía la mano derecha bajo su cazadora, de la que colgaba un MP-5K, al cual en una rápida secuencia, liberó el seguro, sacó el arma, y encaró a sus agresores. Estos habían sacado una pistola de la parte trasera de su cinturón pero todavía no habían apuntado al británico. Gran error. MacCardy disparó una ráfaga corta sobre cada uno de los individuos, que cayeron al suelo con el pecho ensangrentado.

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-¡A tu derecha! – llegó a oír. Luego escuchó las detonaciones en aquella dirección y al girarse vio al menos a tres hombres más, armados con pistolas, disparándole.
“Mierda, por lo visto todos los jodidos transeúntes de este parque son espías irakies” pensó mientras se agachaba y devolvía el fuego rodilla en tierra.
Por suerte, sus otros dos compañeros del SAS, se acercaron a toda velocidad, y desde el coche en marcha, y como si de una película de gansters se tratara, acribillaron a los irakies con el fuego de sus armas automáticas. Pero el peligro no había terminada. Cuando el coche de sus compañeros de acercaba a recogerlo, un todoterreno de gran cilindrada apareció a gran velocidad desde una calle aledaña y lo envistió en el costado.
Una larga ráfaga de AK-47 salió del todoterreno, alcanzando repetidas veces a los miembros del SAS que se encontraban conmocionados en el interior del vehiculo.
-¡Cinco! ¡Vayámonos de aquí, no hay nada que hacer por ellos!
-¡Y una mierda! ¡Pueden estar heridos, hay que ayudarles!
-¡Negativo, negativo! ¡Salgamos de aquí ahora!
Pero Andy MacCardy no era de los que abandonaban a sus compañeros, y a la carrera se dirigió hacia el todoterreno disparando contra los ocupantes del vehiculo. Logró alcanzar al conductor mientras este daba marcha atrás, por lo que perdió el control y se empotró contra los restos de un edificio medio en ruinas.
Cuando los otros dos acompañantes lograron salir del coche, Andy ya había recargado y siguió disparando sobre ellos, pero estos lograron parapetarse y devolver el fuego. El británico se refugió detrás de lo que parecían los restos de un autobús calcinado, mientras estudiaba la forma de acabar con aquellos cabrones antes de poder llegar a auxiliar a sus compañeros.
De pronto aparecieron un par de “pick-ups” con una 14,5 en su caja y disparando a diestro y siniestro desde el principio de la avenida, a unos 400 metros. Podían pertenecer a cualquier facción que sintieran que aquél barrio era de su propiedad y que alguien intentaba arrebatárselo. Mal asunto.

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Al momento llegó el coche marrón del MI6 a su altura.
-¡Última oportunidad! – dijo el espía a MacCardy, mientras abría la puerta
Lo más probable es que sus compañeros estuvieran muertos, y entre más tiempo se quedara allí, más posibilidades había de acompañarles en ese camino, y las posibilidades de rescatarles descendían en picado en segundos.
Se mordió el labio mirando a sus compañeros sangrando en el interior del vehiculo, y al final tomo la determinación de salir de allí.
El conductor del MI6 se reveló como un gran conocedor de aquellas calles y logró evitar la persecución de las “pick-ups”. Tras callejear y ocultarse durante un buen rato, finalmente llegaron a un embarcadero al sur de la ciudad, donde cogieron una embarcación rápida que los sacó del país rumbo a Chipre.

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Pasaron más de 6 horas desde que desembarcaron en la base de la RAF en Akrotiri, Chipre, hasta que MacCardy pudo volver a hablar con el espía del MI6 responsable de la misión. Tras varias sesiones de interrogatorio por parte de los servicios de inteligencia, ambos se encontraron en el comedor de oficiales de la base. El teniente dejó el plato encima de la mesa, se sentó directamente enfrente de él sin pedirle permiso y fue al grano:
-¿Qué coñ* ha salido mal? ¿Quién nos ha jodido?
-Por favor tome asiento, no me gusta comer solo – dijo en tono irónico su interlocutor.
-Escúcheme “señor”, no estoy para gilipolleces. Acabo de perder a dos amigos y además he tenido que abandonar sus cuerpos para que esta noche aparezcan en los noticiarios, vejados por un montón de andrajosos milicianos en Beirut.
-Tranquilícese “teniente”. A pesar de lo que usted supone, los espías no lo sabemos todo. La información era buena, estaba contrastada por al menos dos fuentes, y el contacto parecía genuino.
-¿Parecía?
-Esto, muchacho, no es una ciencia exacta, ya debería saberlo. En la última semana Oriente Medio se ha vuelto loco y ya nada es como era hasta hace bien poco. Por lo que sospechan mis superiores, hay dos opciones, o todo era una maniobra iraquí desde el principio, lo cual no acaba de tener mucho sentido, a no ser que quisieran apresar a un alto oficial de inteligencia británico – dijo refiriéndose a él – o bien, el coronel Al Salin fue descubierto y mantuvieron la reunión para pasarnos información falsa y lograr un agente triple. En mi humilde opinión, me decantaría por esta última posibilidad.
Le miró fijamente a los ojos, al teniente no le bastaban aquellos argumentos, pero llevaba el tiempo suficiente en aquél mundo para saber que no sacaría nada más del espía, y que a lo mejor incluso, y en contra de toda lógica habida cuenta su profesión, decía la verdad.
Se levantó de la mesa sin probar bocado y salio del comedor sin rumbo fijo.
Última edición por flanker33 el 06 Dic 2011, 21:15, editado 1 vez en total.


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Chechitar_1985
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Mensaje por Chechitar_1985 »

como planteas las cosas, me imagino que la economia a nivel mundial habria sufrido un colapso sin precedentes por que como en la actualidad, la mayoria de las economias occidentales dependen del petroleo de esa zona del mundo, y al ver esta amenaza, los EE.UU. habrian tomado medidas muy drasticas



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Mensaje por flanker33 »

Hola Chechitar,

En el relato verás que no me voy a meter demasiado en temas político/económicos para centrarme en el aspecto militar, pero efectivamente, un conflicto a gran escala en esa región provocaría una sacudida en los mercados energéticos y económicos occidentales. Supongo que los EEUU sacarían al menos parte de sus reservas de petróleo y otros productores de fuera del Golfo aumentarían sus producciones, pero con un conflicto global a la vuelta de la esquina, también tratarían de hacer acopio del mismo.
Sobre las medidas que toma EEUU irán saliendo en las próximas entregas.

Saludos.


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Mensaje por flanker33 »

4 de junio

El ruido era considerable en el interior del aparato.
-¡Abra el portón!
-¿General?
-¡El portón! ¡Ábralo!
El soldado comprendió más el gesto del general Aleyev, que lo que le decía a viva voz, y abrió la parte superior de la puerta del helicóptero Mi-24 en el que viajaban.
El ruido aumentó todavía más y el frió aire matinal inundó el interior del habitáculo.
El general accionó el intercomunicador de su micrófono.
-¡Piloto, reduzca la velocidad! ¡Vayamos más lento, y abrasé un poco a la izquierda!
A pesar de la estática en sus auriculares el piloto escuchó la orden y la obedeció.
Aleyev, ahora con un campo de visión mucho mayor, cogió los prismáticos que llevaba colgados al cuello y oteó el terreno que se extendía delante suyo.
Centenares de tanques, vehículos blindados portapersonal y piezas de artillería autopropulsada se extendían a lo largo de varios kilómetros en tierra firme. La polvareda que levantaban era considerable, y ocultaba en gran parte aquél inmenso despliegue de fuerzas.
El coronel que estaba a su lado le tocó en el hombro y le indicó en dirección norte.
Divisó en frente de las fuerzas mecanizadas una pequeña sierra de bajas cumbres que estaba siendo batida en aquél momento por la artillería del Ejército. Aquella visión siempre regocijaba al general, proveniente del arma de la artillería, le complacía ver aquella demostración de poder de fuego de “sus” cañones. Tras unos minutos el fuego artillero comenzó a ceder a medida que las tropas se acercaban.
Esta vez fue el general Aleyev el que primero divisó e indicó al resto de sus acompañantes, por donde venían media docena de reactores de combate que realizaron una pasada sobre la sierra donde se suponía que se encontraba el enemigo, y que soltaron una considerable carga de bombas sobre las supuestas posiciones defensivas.
El reguero de explosiones sacudió las cimas de las montañas a la vez que los aviones pasaban por encima y a la izquierda del helicóptero desde donde los mandos militares observaban las maniobras.
El ejercicio “Unión 89” era la culminación de una serie de maniobras de 6 días que habían comenzado a nivel de batallón para ir volviéndose más complejas hasta llegar a las del día de hoy, donde todo un Ejército mecanizado soviético se estaba ejercitando conjuntamente en un supuesto ofensivo contra un enemigo atrincherado en las montañas. Pero este ejercicio no se hubiese podido llevar a cabo sin el entrenamiento acelerado que habían comenzado 20 días atrás en todas las formaciones de aquél Ejército, y que ahora estaba dando sus frutos.
-¡Están iniciando el ataque! – anunció Aleyev.
Cientos de tanques disparaban contra sus supuestos objetivos, mientras que los vehículos BMP y BTR se adelantaban hasta llegar a la altura de los tanques, para acto seguido y encontrándose a unos 300-400 metros de la primera línea de defensa, desembarcar a sus miles de soldados y que procedieran con el asalto de las supuestas trincheras enemigas cubiertos por el humo de los fumígenos.
-¡Camarada, deberíamos volver! – dijo con tacto el coronel.
El general miró su reloj. Su subordinado tenía razón, ya había perdido mucho tiempo en darse aquel gusto. Más de 24 horas fuera de su puesto de mando era suficiente.
-¡De acuerdo, demos la vuelta! – dijo haciendo un gesto con la mano indicando que debían girar.
El general estaba contento con lo que había visto. Por supuesto todavía había cosas a corregir, en especial la coordinación aire-tierra, tanto en el apoyo cercano como en la defensa aérea de las unidades, pero en general, se notaba que el trabajo realizado había dado sus frutos. Aquellos hombres que ahora se extendían por debajo del helicóptero tendrían un par de días de descanso después de aquellas maniobras, para que poco después comenzaran a trasladarse por ferrocarril a la zona de operaciones que tenían asignada.

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Cuatro horas después y un viaje de avión mediante, llegaba a su gran despacho en el puesto de mando en Bakú. Se quitó la chaqueta de su uniforme y la colgó tras la puerta, pero antes de consiguiera llegar a su mesa, llamaron a la puerta.
-Adelante, pase – dijo resignándose a no tener unos minutos de relajación.
Su jefe de estado mayor, el general Vasily Demko, apareció y se acerco al general Aleyev. Tras los saludos iniciales, Demko fue directo al grano.
-Camarada, hace una hora que ha llegado esto de Moscú.
Le entregó un sobre cerrado con el sello de alto secreto y su nombre en el destinatario: General del Ejército Ivan Aleyev.
Aleyev se sentó en su gran asiento negro de piel, se atusó su poblado bigote y procedió a abrir el sobre. Tras leerlo, la satisfacción se leía en su rostro.
-Excelente…
-¿Camarada?
-Vasily, Moscú ha aprobado nuestros planes sin modificar una coma, y nos dan el visto bueno al calendario previsto. Cuando este todo preparado deberemos notificarlo para que den la autorización final antes de comenzar la campaña, pero entre líneas parece adivinarse que ya no hay vuelta atrás.
Demko se mantenía en silencio mientras su superior pensaba unos segundos.
-De acuerdo, convoca una reunión del Estado Mayor para las 19:00 horas de hoy, y por favor, avisa al Teniente Coronel Mikus, tengo que hablar con él lo antes posible.
-Ahora mismo.
Mientras Demko abandonaba el despacho, el general pensó que necesitaba conocer el parecer de Mikus, su oficial encargado de la meteorología, para que le predijera cuando iba a poder contar al menos con cuatro días de tiempo despejado, próximos a la fecha inicial prevista para poder iniciar la operación con garantías de poder utilizar su potencial aéreo sin restricciones por las nubes o la lluvia.
Se levantó y se acercó a la ventana donde podía ver los demás edificios grisáceos de arquitectura estalinista que formaban el complejo del Cuartel General. Pero elevando la mirada, observó el despejado cielo de un azul intenso de principios de verano. Dejó ir su mente y recordó como hacía un mes, cuando desde su puesto de mando de Comandante del Distrito Militar de Kiev fue convocado a una reunión en Moscú. Al llegar a la capital subió en un Mercedes de cristales tintados y fue llevado directamente a un bunker subterráneo a las afueras, donde tuvo que esperar más de media hora hasta que aparecieron sus interlocutores, el Ministro de Defensa y el Mariscal Jefe del Estado Mayor General de la Unión Soviética.
Tras los saludos de rigor y algo de charla banal, la conversación se centró en el asunto que había motivado la reunión. Fue el Ministro de Defensa el que llevó la voz cantante, y el que le explicó que habían pensado en él para dirigir una operación de gran importancia para la Patria. Le dijeron que su experiencia como segundo al mando del Distrito Militar Transcaucásico durante más de 10 años, antes de ser nombrado comandante del D. M. de Kiev, y en especial su trabajo en la elaboración del plan en vigor para operaciones militares contra el Golfo Pérsico, habían convencido a sus superiores que era el hombre adecuado.
Le comunicaron lo ocurrido en el mayor campo petrolífero del país, el cual había sufrido un atentado terrorista y había sido destruido por completo, comprometiendo la capacidad energética del país para los próximos años hasta un punto crítico, algo que se consideró por parte del Politburó demasiado desequilibrante, tanto del punto de vista de la política exterior, donde podría ser visto como una debilidad que aprovechar por los países capitalistas, como de la situación interna, donde se podrían producir descontento y levantamientos de la población si ni siquiera podían calentarse en invierno. Todo aquello era demasiado importante como para permanecer sin adoptar medidas…y esas medidas pasaban por conseguir el petróleo que ahora faltaba, y que se encontraba en cantidades ingentes a pocos kilómetros de las fronteras de la URSS, en los países del Golfo Pérsico.
Aleyev contuvo su sorpresa y trató de mostrarse lo más frío y profesional posible, sin expresar sus dudas en cuanto a la oportunidad de una medida tan drástica, al fin y a al cabo, poco podría hacer él al respecto si ya estaba decidido. Fue interrogado acerca de los plazos, las fuerzas y las posibilidades de éxito de la “acción militar”, a lo que, pese a haber acudido sin documentación de apoyo, respondió con bastante exactitud gracias a sus conocimientos del plan para invadir Irán y las monarquías del Golfo.
A modo de mínima protesta, Aleyev les preguntó a sus superiores acerca de la reacción de los Estados Unidos, y si estos no actuarían de manera excesiva. Ambos estuvieron de acuerdo en que era inevitable una confrontación con los americanos, pero esperaban mantener el conflicto a nivel regional, sin incluir a Europa central ni otras regiones del mundo, aunque mantendrían la tensión en esas zonas para evitar que los americanos y sus aliados pudieran desviar tropas para frenar el avance soviético. Una excepción sería Turquía, tal y como preveía una de las variantes del plan de Aleyev, se consideró que la frontera turca en contacto con la zona del Caucaso soviético, era demasiado peligrosa para el transcurso de la campaña como para dejarla al margen, y se optó por una invasión de las zonas fronterizas, que tras unos pocos kilómetros, veinte o treinta dependiendo del sector, y la ocupación de algunos pasos y elevaciones estratégicas serían suficientes para conjurar el peligro turco, siempre y cuando, el grueso principal de su Ejército y los posibles refuerzos de sus aliados fueran “sujetados” al otro lado del país, y para ello se recurriría a un ataque contra Estambul y los estrechos que daban acceso al Mar Negro, lo que obligaría al gobierno turco a defenderlos, manteniendo ancladas sus mejores tropas en ese sector. También se lucharía en el mar para entorpecer las rutas imperialistas de abastecimientos y refuerzos hacia el Golfo.
Tras acabar de perfilar varios puntos de la operación, la reunión se dio por terminada, y Aleyev volvió a su puesto de mando para comenzar a preparar la misión. Al menos, pensó aliviado, no se había hablado de usar armas atómicas, aunque el sabía que la opción siempre estaba sobre la mesa, y que dependería del éxito de la operación y la reacción norteamericana, el empleo o no de esas terribles armas.
Desde entonces, el poder militar que se había puesto en sus manos fue enorme, y solo el tremendo esfuerzo de tratar de coordinar todo aquel gigantesco entramado de fuerzas militares, intereses personales y recursos nacionales, pensaba que le habían acortado la vida al menos cinco años…y todavía quedaba lo peor. La movilización, llevada a cabo en el mayor de los secretos posibles, el entrenamiento de los soldados y las puesta a apunto de armas y equipos después, comenzaron a engranarse y avanzar, no sin dificultades, pero el general estaba satisfecho con lo logrado en tan poco tiempo y tenía confianza en las posibilidades de su Ejército.

Aleyev alejó aquellos pensamientos y volvió a sentarse en su cómodo sillón. Finalmente aquella Ofensiva Estratégica contra el Golfo Pérsico, que era el nombre oficial que se había dado a la invasión de aquella región del mundo, parecía que iba cogiendo velocidad y se tornaba cada vez más real, y pasaba de plasmarse en los papeles en las reuniones de planificación a la más cruda de las realidades. Una sensación de vértigo le sobrevino de repente ante lo que se aproximaba en los próximos días, pero se la sacó rápido de la cabeza, no había tiempo para aquello, debía centrarse en su trabajo, que era muchísimo.
Se encendió uno de los habanos que le acababan de llegarle directamente de Cuba, y se permitió un momento de relajación antes de volver a revisar un montón de papeleo preparatorio a la reunión que había convocado. Lo primero que vio fue una nota de prensa de la agencia TASS donde se recogía la designación ese mismo día del nuevo Líder Supremo Iraní, el Ayatollah Ali Khamenei, que compaginaría su cargo con el de presidente del país hasta la designación de un nuevo presidente. Aleyev sonrió, aquella concentración de poder en una sola persona eran buenas noticias para su misión.
Lo siguiente que abrió fue una carpeta con el sello de la inteligencia militar sobre la valoración de la disposición de fuerzas norteamericanas. Tan solo la llegada de más medios militares norteamericanos de los previstos a la región enturbiaba su humor. El informe actualizado del GRU con el último orden de batalla americano en la zona, informaba que aquel mismo día una Brigada de sus Marines había comenzado a desembarcar en Qatar, a lo que había que sumar lo que ya se sabía del despliegue sobre el terreno de la mitad del Cuerpo Aerotransportado americano, más la otra mitad que estaba en camino, además de un número todavía pequeño, pero cada vez mayor de aviones y buques de combate, entre ellos dos portaaviones que estaban en camino hacia el Mar Rojo y el Mar de Arabia.
Le vino a la cabeza la imagen de un ajedrez donde las piezas se van colocando en su sitio una tras otra…

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Mensaje por flanker33 »

08 de junio

Soltó los frenos y adelantó la palanca de gases de su Mig-29 hasta la posición de postcombustión. Una enorme fuerza presionó la espalda del capitán Jasur Niyazi contra el respaldo de su asiento eyector K-36 a la vez que ganaba velocidad rápidamente. Cuando llegó a 285 kilómetro por hora, tiró de la palanca de mando suavemente hacia atrás y el avión comenzó a elevarse.
El militar soviético abandonaba la base de Termez, en la republica de Uzbekistán, junto a la frontera afgana, para dirigirse a su nueva base en la ciudad de Nebit-Dag, en las cercanías de Balkanabat, en Turkmenistán. Pero no lo hacía en solitario, ya que todo el 115º Regimiento de Cazas de la Guardia le acompañaba en su viaje de unos 1.200 Km.
Habían recibido el aviso para el traslado tan solo cinco días antes, y con el apoyo de algunos Antonov de transporte, esperaban completarlo aquel mismo día sin más contratiempos.
El estilizado y canoso piloto uzbeko era un veterano de la guerra de Afganistán, donde había volado su Mig-21 en misiones de ataque principalmente, aunque también tenía en su haber varias patrullas aéreas cerca de la frontera pakistaní, si bien no llegó a entablar nunca combate con los cazas del país islámico. Desde la conversión de su regimiento al Mig-29, su entrenamiento se había centrado en el combate aire-aire, y desde hacía unas semanas, aquel entrenamiento se había acelerado en gran medida. Cuando recibieron las ordenes de traslado y el motivo de las mismas, el capitán y el resto del escuadrón entendieron el porque.
Todos confiaban en su superioridad sobre los pilotos persas, pero también y en su fuero interno, más de uno y de dos, temían la posibilidad de enfrentarse a sus contrapartes norteamericanos que de un modo u otro, estaban convencidos que aparecerían en el cielo iraní, pero al menos sabían que disponían de uno de los mejores cazas ligeros del mundo y que su entrenamiento había mejorado mucho en los últimos tiempos. Los imperialistas no lo tendrían fácil si finalmente metían sus narices en el asunto.

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Mig-29 del 115º GvIAP



13 de junio

“Que lástima” - pensaba el teniente Robert Malloy mientras centraba al F-15 saudí en el HUD – “Tan buenos pájaros en manos tan mediocres”.
El indicador de su Hornet le indicaba que el avión “rojo” entraba dentro de los parámetros de tiro de sus misiles Sidewinder, lo que se consideraba una victoria en aquél ejercicio con las Reales Fuerzas Aéreas Saudíes. Aquél piloto posiblemente recibiría una reprimenda por perder a manos de un norteamericano tan fácilmente, pero nada demasiado duro, ya que la mayoría de los pilotos saudíes provenían de familias poderosas y acomodadas de la sociedad saudita, que se formaban como pilotos de combate, más por el “glamour” y el prestigio social que por una verdadera vocación de pilotar aeronaves de combate. Algunos de ellos habían recibido formación en territorio norteamericano, y aunque no todos se la tomaran tan en serio como debían, en general mejoraban sus capacidades, e incluso había algunos realmente buenos…pero estaba claro que no era el caso del adversario del teniente Malloy en el día de hoy.
Como gesto de camaradería y relaciones públicas, situó su Hornet a la altura del F-15 saudí y saludo al piloto con el pulgar en alto como si este lo hubiese hecho bien, pero el gesto de su “adversario” dejó claro que no estaba contento con el resultado ni quería ánimos de su rival.
Pensó en aquel piloto saudí. Si los informes de inteligencia estaban en lo cierto, y los soviéticos y los iraquíes tenían ambiciones territoriales en el Golfo, y al final todo degeneraba en una guerra, aquel joven piloto debería mejorar a marchas forzadas, ya que al menos una buena parte de la lucha recaería sobre los pilotos de la zona. Los EEUU estaban desplegando una importante capacidad aérea en la región, principalmente en el reino saudí, pero también en Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y en los mares y océanos cercanos, pero con la tensión creciente en otras partes del mundo, y principalmente en Europa, las fuerzas desplegadas no iban a aumentar su número mucho más, y pasarían un mal rato para frenar a las fuerzas conjuntas soviético-iraquíes. Al menos le quedaba el consuelo que los pilotos iraquíes, visto su desempeño en la guerra contra Irán, seguramente serían peores que los saudíes.

Poco después le llegó una comunicación de su controlador en tierra.
-“Dallas” – le llamaron por su apodo – ya puedes regresar, es suficiente por hoy.
-Recibido, voy para allá.

El teniente norteamericano, con su incipiente alopecia y su baja estatura no era el prototipo de piloto que solían aparecer en los carteles de reclutamiento, y aunque ni siquiera era uno de los mejores en los combates aire-aire de su escuadrón, los famosos “Black Knights”, el escuadrón VMFA-314 de los Marines, si era un hueso bastante duro de roer. Donde se encontraba de verdad a sus anchas era en los ataques aire tierra. Se sentía cómodo volando a ras de suelo a velocidades cercanas a la del sonido. Allí donde otros mucho pilotos les entraban sudores fríos, Robert Malloy simplemente disfrutaba, y si bien no era un As de los cielos, tenía la mejor puntuación de su escuadrón y la segunda de todo el cuerpo de Marines en el lanzamiento de bombas no guiadas, gracias a su instinto y las ayudas del sistema de puntería de su Hornet.

-Pista 16. Viento 10 mudos, suroeste.
-Copiado.
Unos minutos después, el tren de aterrizaje del F-18 tocaba tierra en la base aérea de Doha.


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F-15 "derribado" por "Dallas" Malloy.



15 de junio

Cuando Andy MacCardy recibió la orden de trasladarse a Dhahran, en Arabia Saudí, ya sabía que las cosas iban mal con los rusos, pero a los pocos minutos de llegar allí recibió información adicional mediante un “briefing” introductorio y no le gustó enterarse de que la situación era incluso peor. Parecía como si el mundo se hubiese vuelto loco y los comunistas y los iraquíes quisieran realmente invadir Irán, y posiblemente todo el Golfo, y tanto ellos como los americanos, los británicos, los franceses, así como alguno de sus aliados árabes estaban situando sus fuerzas militares para lograrlo o impedirlo. Y aunque los políticos de ambos bandos insistiesen en que sus movimientos de tropas se trataban de “ejercicios rutinarios previstos de ante mano”, quizás con la intención de no añadir más leña al fuego, a nadie con un mínimo de sentido común se le escapaba que las declaraciones amenazantes y las frenéticas reuniones multilaterales de la OTAN y el Pacto de Varsovia, no significaban nada bueno.
Poco después del “briefing”, caminando junto a uno de los hangares de la base aérea, rumbo a los alojamientos que les habían preparado los saudíes, MacCardy se reencontró con Pet Horrocks, un duro sargento del Regimiento, viejo amigo suyo y gran soldado.
-Pet, ¿como demonios has conseguido que te dejen venir a este “fregado” a tus años? ¿A quien has tenido que emborrachar?
-Capitán, me alegro de verle. Veo que ya no lleva los pañales que le puse al salir de Hereford, bien por usted.
-En serio Horrocks, me alegro que esté aquí, parece ser que vamos a necesitar a gente con su experiencia dentro de poco.
-Eso dicen por ahí, así que me he traído algunos mozalbetes que se creen muy duros y a los que alguien tiene que mantener a raya para que hagan su trabajo con eficacia y profesionalidad.
-Así que tiene un puñado de los mejores del Regimiento para realizar alguna heroica acción en nombre del gobierno de Su Majestad, excelente. ¿Y quien es su oficial?
-Es uno del que me han hablado pestes, un tal MacCardy ¿lo conoce?
-¿De verdad? ¿no fastidies? – El capitán no había tenido tiempo si quiera de conocer su asignación - ¿En serio?
-Digamos que cuando me enteré que iba a llegar, moví algunos hilos para que asignaran el equipo a su mando.
-¿Y como demonios has hecho eso?
-Capitán, ya debería saber que esas cosas no se preguntan. Cuando uno lleva ya tantos años en el Regimiento, tiene sus contactos.
-Está bien, como dicen “a caballo regalado no le mires el diente”. Llévame a conocer a los muchachos.
-¿Con el petate todavía a la espalda? ¿Es que ya no se acuerda de lo que le enseñé?
-¡Oh, mierda! creo que esto va a ser como un puñetero dolor de muelas – bromeó MacCardy - está bien, dentro de una hora en…
-En el edificio número 3, al lado del club de suboficiales.
-¿Qué eso está…?
-¡Demonios! creo que voy a tener que sacar otros pañales nuevos.
Ambos sonrieron. Sería una de las últimas veces que tuvieran tiempo y ganas de sonreír en las semanas venideras.

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"Briefing" nada más aterrizar.


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KL Albrecht Achilles
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Mensaje por KL Albrecht Achilles »

Un saludo flanker33, interesante relato, estoy seguro que muchos estaremos muy pendientes de las proximas entregas. :prensa:

Saludos :cool:


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millitarismo moderado
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Mensaje por millitarismo moderado »

BUENA HISTORIA JEJEEJE...



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flanker33
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Mensaje por flanker33 »

Gracias por los comentarios. A ver si esta tarde puedo poner algo más.

Saludos.


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flanker33
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Mensaje por flanker33 »

18 de junio

Cuando el Coronel del US Army William Peabody aceptó un cargo en el equipo del oficial en jefe de inteligencia de la Junta de Jefes del Estado Mayor Conjunto, Contralmirante McConnell, sabía que iba a ser un paso adelante en su carrera, pero también que sería un trabajo muy estresante. Por suerte, era justo lo que necesitaba, después de haber perdido a su único hijo en un accidente de tráfico meses atrás y divorciarse poco después, necesitaba mantener la cabeza ocupada para no pensar demasiado, aunque nunca pensó que llegaría a tales extremos. Hacía dos semanas que había sido enviado a la base aérea de McDill, Cuartel General del Mando Central, para servir de enlace entre su J-2 y el Contralmirante McConnell, que quería obtener información de primera mano en el centro de mando donde se estaba planificando la respuesta norteamericana a la amenaza soviética sobre el Golfo Pérsico. Tras adaptarse rápidamente a la soleada Florida, y poner en marcha su trabajo con reuniones e informes junto a sus colegas de inteligencia, a los pocos días, le sorprendió la orden de que debiera trasladarse a la no menos soleada Arabia Saudita, concretamente a Riad, la capital del reino, donde a parte de seguir su labor de enlace, debía integrarse en la sección de inteligencia del Cuartel General del Mando Central, ya que el general Schwarzkopf en persona había solicitado personal adicional para su mando por que el trabajo se estaba incrementando rápidamente, y con todos los mandos norteamericanos en alerta, nadie parecía querer dejar marchar a sus oficiales veteranos.

Aquella calurosa mañana de domingo Peabody había concertado una reunión a las nueve cero cero con el adjunto del J-2 del CENTCOM, el coronel Julius Chappel y el oficial de enlace de la DIA, el teniente coronel Mike Lassen, en el pequeño despacho que le habían asignado.
Tras los saludos de rigor, los tres se sentaron en torno al escritorio del coronel y comenzaron la reunión.

-Caballeros, como ya saben ustedes una de mis funciones es informar de lo que por aquí se cuece a contralmirante McConell para que a su vez él, pueda informar adecuadamente a los jefazos. Pues bien, resulta que algunos de ellos quieren saber que demonios ocurre con los iraníes y por que no hacen casos a nuestras advertencias sobre las intenciones de Moscú. ¿Pueden darme alguna pista sobre el asunto y como enfocarlo?
El primero en responder fue Lassen.
-Efectivamente, hasta ahora nuestras advertencias cursadas a través de los canales que mantenemos con Irán han sido desatendidas por las autoridades de Teheran, seguramente, y en opinión de nuestros analistas, por la falta de confianza que tienen en nosotros, ya sabe, todo eso del “Gran Satán” y demás tonterías. Si a eso le sumamos las declaraciones conciliadoras de Moscú y su negación de todo lo que decimos, y tenemos en cuenta que las relaciones entre ambos países han mejorado relativamente en los últimos años, tenemos un buen motivo por el cual no se creían nuestras advertencias.
-Pero podía haber otro motivo que reforzara al expuesto por Mike – intervino Chappel – y es la movilización y el traslado de fuerzas iraquíes al sur y norte de la frontera común con Irán. Es posible que creyeran que estamos engañándolos para debilitar su frontera con Irak y que pudieran ser atacados de nuevo por su antiguo enemigo.
-Desde luego, esos movimientos de tropas iraquíes nos están fastidiando a todos – dijo Peabody.- Pero hablan ustedes en pasado ¿hay algo nuevo al respecto?
Lassen sacó de un portafolio con unas cuantas hojas.
-Esto, caballeros, son transcripciones obtenidas hace dos días de conversaciones entre el alto mando de la Guardia Revolucionaria iraní con autoridades del gobierno de Teheran. En ellas parece haber un cambio de postura y se sugiere la posibilidad de comprobar nuestras advertencias. Esa misma tarde, captamos una intensa actividad en la base aérea de Hamada, desde donde operan sus Phantoms de reconocimiento y ayer por la mañana, el satélite nos mandó estas preciosas fotos.

Imagen

RF-4E iraní

Peabody las miró. Eran varias fotografías divididas en dos grupos, evidentemente tomadas en horas diferentes. En todas ellas se podía ver una gran columna de vehículos, principalmente camiones y todo-terrenos, algunos de los cuales arrastraban piezas de artillería. La columna era bastante importante, pero el coronel no sabría decir a que tipo de unidad equivalía.
Lassen vio dibujada su duda y acertó en la respuesta.
-Las fotos fueron tomadas a primera hora de la mañana y por la tarde. Creemos que es una división de infantería del ejercito regular entera. Estaba acantonada hasta ayer en Kermanshah, en la zona centro de la frontera Irán-Irak, pero ahora se esta desplazando por la carretera que lleva hacia el norte y podría dirigirse hacia Tabriz o a la zona de Urmia y Khoy.
El coronel Chappel parecía que también tenía alguna documentación a aportar.
-Esto también son fotografías de uno de nuestros “pájaros” de reconocimiento estratégico y en ellas se ven a una división de la Guardia Revolucionaria que normalmente está asignada a la defensa del Estrecho de Ormuz, viajando en orden de marcha al norte, hacia la frontera de la URSS en el Turkestan. En total creemos que a parte de esas dos unidades, otras dos divisiones de la zona de Teheran han salido hacia la frontera común con los rusos, en concreto una de los Guardianes de la Revolución hacia el noroeste y otra del ejercito hacia el este, por lo que en la frontera con el Caucaso soviético, creemos que dentro de poco pueden tener tres divisiones, mientras que en el Turkestan, contaran con dos, a lo que posiblemente habría que sumar algunos millares de milicianos Basij que estarían siendo movilizados en las zonas amenazadas.
-¿Cuándo concluirán el despliegue? Y sobre todo ¿bastará para detener a los soviéticos? – preguntó Peabody conociendo de antemano la respuesta a su última pregunta.
-El despliegue creemos que puede llevarse a cabo en uno o dos días más, aunque tal y como están de avanzados los preparativos soviéticos, a lo mejor no tienen ni ese tiempo. En cuanto a su segunda pregunta coronel – Chappel sonrió – diría que tienen trampa. Usted sabe de sobra que esas fuerzas son básicamente infantería con poco o ningún apoyo blindado, con una artillería deficiente en operaciones contra un enemigo móvil y fuertemente protegido y cuya única oportunidad es el terreno y el fanatismo de los Guardianes y los milicianos.
Peabody devolvió la sonrisa a Chappel.
-Entiéndame coronel, he de realizar dicha pregunta a las personas adecuadas, en esto soy poco más que un correo.
-Por supuesto coronel Peabody, le entiendo perfectamente. De todas maneras, no deje de informar a sus superiores que las divisiones iraníes no son como las nuestras, y numéricamente están más cercanas a las soviéticas, pero con apenas una fracción de su poder de fuego, por no hablar de las “divisiones” de la Guardia Revolucionaria, que aunque varían bastante en cuanto a sus efectivos, que van des los cuatro mil hasta los ocho mil aproximadamente, no son más que una colección de batallones independientes de infantería ligera, aunque las mejores unidades, tiene algunos carros y vehículos blindados. De cualquier modo, son insuficientes para poder plantar cara seriamente a los comunistas si no es con sacrificios enormes, mucha suerte y quizás algo de ayuda por nuestra parte.
-Entiendo coronel, pero lo de nuestra ayuda, personalmente creo que va a ser algo difícil, por que una cosa es aceptar ayuda encubierta durante la guerra contra Irak, y otra muy diferente es que luchemos a su lado. Me conformaría con que aceptasen algo de ayuda en materia de inteligencia, quien sabe, a lo mejor hasta les podría servir y quizás nos den algo de tiempo para terminar de preparar nuestro despliegue en el Golfo.
Todos los presentes estaban al tanto de los movimientos iraquíes, que a parte de movilizar a un buen número de tropas para completar su ejército, estaba desplegándose lenta pero inexorablemente dentro de sus fronteras, al norte, hacia el Kurdistan y sus fronteras con Turquía e Irán, y al sur, hacia la frontera con el Khuzestan iraní y sus zonas petrolíferas, pero a su vez, cerca de Kuwait y Arabia Saudita.
Los americanos e ingleses tenían fundadas sospechas, y trabajaban en base a ellas, que Sadam Hussein había llegado a un acuerdo con Moscú para invadir Kuwait y quizás los demás países del Golfo Pérsico, de manera conjunta o con ayuda de los soviéticos, y repartirse la región y su petróleo a cambio de su apoyo militar y mantener ocupados a los americanos mientras los soviéticos completaban su invasión de Irán.
-Y a propósito, ¿Cómo va nuestro despliegue?
El coronel Chappel sacó de su maletín una carpeta azul con el sello de “alto secreto” y el titulo de “Desert Dragon” de donde extrajo un folio a modo de resumen del orden de batalla de EEUU y sus aliados en el Golfo, así como un mapa de posiciones.
Peabody lo miró detenidamente.
La 4ª brigada acorazada y las 8ª, 10ª y 20ª brigadas mecanizadas saudíes componían la primera línea de defensa y se desplegaban a lo largo de la frontera entre Irak y Kuwait. Más allá, el II Cuerpo egipcio, con la 4º división acorazada, la 3º división mecanizada y una brigada motorizada de la Guardia Nacional Saudí, patrullaban y defendían un frente que se extendían a lo largo de unos 270 kilómetros de desierto. Tras ellos, estaban desplegadas las fuerzas americanas y europeas. La 82º división paracaidista defendía instalaciones vitales como el puerto de de Ad-Damman, la base aérea de Dhahran o las instalaciones petrolíferas de Abqaiq. Las instalaciones petrolíferas e industriales de Al-Jubayl en la costa, eran responsabilidad de la 7ª MEB, mientras que la 101ª Aerotransportada y la 2ª Brigada de la 24ª división de infantería, ocupaban posiciones por detrás de las brigadas saudíes, a escasos kilómetros de la carretera 85, que tenía el nombre en clave de “Chicago Express”, en el área de batalla principal.
La 5ª Brigada Paracaidista británica se encontraba en la ciudad militar de King Khalid y tenía por misión ser la reserva del II Cuerpo egipcio, mientras que la brigada francesa “Flèche” que estaba compuesta entorno al 2º REP reforzado por algunas unidades menores, era la reserva estratégica y a la vez tenía que defender la capital del reino saudita, junto con una brigada de la Guardia Real. La brigada de Marines Saudíes colaboraban estrechamente con la 7ª MEB y la brigada paracaidista hacía lo propio con la 82ª, mientras que las Fuerzas del Consejo de Cooperación del Golfo, operaban a retaguardia del área de batalla principal y una brigada pakistaní, había recogido equipo saudí y defendía la frontera del reino con Yemen.

Imagen

"Botas" sobre el terreno.


Pero más que aquello, a Peabody le interesaba sobremanera cuando llegarían el resto de unidades del XVIII Cuerpo Aerotransportado y las demás unidades que debían detener a los iraquíes o a los soviéticos, o quizás a ambos a la vez. Y es que, aunque se habían hecho un esfuerzo gigantesco para transportar en tan poco tiempo a un buen número de tropas, todavía quedaban varias unidades importantes por llegar. En una semana llegaría la 1ª brigada de la 24º de infantería y en dos, la 197º brigada Mecanizada, que completaría la división. Antes, en unos 5 días se desplegaría la 1º MEB para unirse con la 7ª y formar la I Fuerza Expedicionaria de Marines. Pero lo primero que se esperaba, y que debían estar llegando en esos mismos momentos, eran un par de batallones de la Guardia Nacional dotados con misiles TOW sobre vehículos Hummers y que estaban destinados a reforzar la capacidad contracarro de la 82ª y a la 101ª.
Para más adelante, la brigada “Round-up” de la 24ª, la 48ª mecanizada, también la 194º brigada acorazada y dependiendo de cómo evolucionasen la situación en Europa, incluso alguna División pesada de la Guardia Nacional.
Por parte de los aliados europeos, los británicos habían enviado a la 1º Brigada de infantería que ya se había adentrado en el Mar Rojo y los franceses una “especie” de brigada mecanizada que navegaba por el Mediterráneo oriental.
El coronel no siguió con la lectura del despliegue aéreo y naval. Estos habían sido bastante más rápidos y lo que debía desplegarse en la región, ya estaba allí, incluyendo
a nueve escuadrones de la USAF y la Guardia Aérea Nacional y tres más de los marines, además de los aviones de tres portaviones y sus correspondientes grupos de batalla desplegados en el Mar Rojo y el Mar de Arabia.

Se volvió hacia Chappel, devolviéndole los documentos y le preguntó otra de las cosas que le inquietaba.
-¿Entonces el plan de batalla de CINCCENT no incluye la defensa del emirato de Kuwait?
Mientras guardaba los documentos en su carpeta azul, Chappel evitó el contacto visual a la vez que se removía incomodo en su silla.
-Es peligroso. El general – dijo refiriéndose a Schwarzkopf– opina que es demasiado arriesgado, y que si nos la jugamos por Kuwait, podemos perder todo el Golfo antes de empezar siquiera la guerra.
Peabody conocía la opinión de Schwarzkopf y sabía que había sido respaldada en el Pentágono, pero no dejaba de parecerle increíble que se sacrificase a un aliado de esa manera.
-Es posible que si finalmente Kuwait es invadido, hagamos algún movimiento, que tendrá más un carácter político que verdaderamente militar, pero que no ponga en peligro nuestras defensas en Arabia Saudí – dijo a modo de justificación.
-Quien sabe, si Sadam Hussein se conforma con el emirato, a lo mejor podemos completar nuestro despliegue y echarlo de allí cuando reunamos las fuerzas suficientes – comentó sin mucho convencimiento el teniente coronel Lassen.

Tras una silenciosa pausa fue Chappel fue el que continuó la conversación.
-Bien coronel, nosotros le hemos traído buenas noticias. Podría usted devolvernos el favor y contarnos algo agradable de cómo van las cosas por el mundo, por que encerrados en esta tostadora que es Riad, no tenemos mucho contacto detallado con lo que está pasando ahí fuera.
-Aunque me gustaría que así fuera, pero me temo que no puedo decir que vayan a ser buenas noticias – Peabody se irguió en su incomoda silla de madera y abrió las manos a modo de franqueza – Caballeros, la situación es muy mala y está a punto de pasar a crítica. Sobre lo peligroso de la situación en esta zona del mundo no diré nada, ustedes dos la conocen de sobra, pero en Europa no van las cosas mucho mejor. El Pacto de Varsovia ha puesto en pie de guerra a sus formaciones clase A y B y algunas de ellas las está desplazando a posiciones avanzadas, ayer mismo llegaron informes que algunas unidades de los Distritos Militares de Bielorrusia y los Carpatos están cruzando Europa Oriental hacia Alemania y Checoslovaquia, mientras que otras se mantienen en sus cuarteles. Como saben, el presidente autorizó “Reforger” hace unos días y esperamos que para mañana o pasado haya concluido.
En el flanco norte, la situación es similar y los dos bandos nos estamos movilizando, mientras que en el flanco sur la situación es también muy tensa, excepto en Grecia, que mantiene una postura ambigua que está desquiciando al resto de aliados. Lo más grave está situado principalmente en Turquía y sus fronteras con la URSS en el Caucaso y con Bulgaria en Tracia. Así mismo el Mediterráneo oriental y el Mar Negro, son un hervidero de buques, submarinos y aviones listos para enfrentarse a la más mínima provocación. Ciertamente, nuestros mejores analistas todavía no saben si los soviéticos querrán subir la apuesta y comenzar la Tercera Guerra Mundial en Europa, o si solo es una apuesta arriesgada para mantenernos lejos de su verdadero objetivo, el petróleo del Golfo Pérsico.
-Esa actividad naval que comenta en el Mediterráneo puede ser muy negativa para nuestros esfuerzos aquí.
-Estoy de acuerdo, y de hecho, en Washington se está barajando la posibilidad que nuestros suministros y refuerzos que lleguen por vía marítima, bordeen África si la situación se pone difícil.
-Pero eso sumaría unos diez días más a la navegación.
-Si.
-Y nuestros refuerzos se retrasarían.
-Si.
-Vaya, es usted parco en palabras coronel, pero dígame ¿no puede la 6ª Flota con esos marineros de agua dulce de la marina roja?
-Si le pregunta a ellos, le dirán que si, y yo estaría de acuerdo, pero ese no es el problema. Los submarinos, las minas y los ataques aéreos pueden suponer una amenaza para el tráfico naval muy importante, sobre todo en el cuello de botella que es el Canal de Suez. La cuestión es ¿Qué precio vamos a pagar por adelantar unos días la llegada de esos refuerzos?
-Pero pueden ser días cruciales.
-Yo soy de esa opinión, pero no depende de mí, me limito a informarles. Además, creo que se están buscando otras posibles alternativas – terminó diciendo el coronel Peabody.

Lassen intervino para rebajar un poco la tensión entre los dos coroneles.
-Y del Pacífico ¿podemos esperar refuerzos?
-Lo dudo. Parece que CINCPAC no quiere soltar nada más de lo que ya ha dejado marchar, y aunque parece que los soviéticos están adoptando una postura más defensiva en esa región, el Pentágono de momento apoya su decisión.
-Ojala estén en lo cierto, y no haga falta que se arrepientan de sus apreciaciones, por que si no es así y nos barren de este montón de arena, solo quedará una opción, y todos sabemos cual es – sentenció Chappel.

Los tres se miraron seriamente y dieron por concluida la reunión. Poco más había que decir en aquel momento, y los tres tenían una ingente cantidad de trabajo acumulado y al que tenían que dar curso. Se despidieron y al cerrar la puerta de su despacho, Peabody se sacó una petaca de bourbon y le dio un buen trago. Quizás alguien diría que era temprano para beber, pero no sería él.


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tacuster
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Mensaje por tacuster »

Buenisímo!! :mrgreen: :mrgreen: disfruto como un descosido de estos relatos tipo Tormenta Roja.



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flanker33
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Mensaje por flanker33 »

:mrgreen: ¿se nota mucho el "homenaje" a Clancy o Larry Bond?


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tacuster
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Mensaje por tacuster »

No importa tú sigue hasta el final! que pinta de maravillas :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen:



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Chechitar_1985
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Mensaje por Chechitar_1985 »

interesante relato, mis felicitaciones al compañero Flanker33, y no cabe dudas que estas inspirado en el gran Tom Clancy, del cual es uno de mis escritores favoritos (en lo personal me lei red storm rising y the cardinal of the kremlin en su idioma original,las cuales me parecen excelentes)



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flanker33
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Mensaje por flanker33 »

Hola Chechitar,

No he leido el Cardenal del Kremlin, pero a mi de Clancy los que más me gustan son La caza del Octubre Rojo y Tormenta Roja, este último escrito en colaboración con Larry Bond. Y de este último, he leido un par y el que más me gusta es Fenix Rojo (estos autores o sus editores tenían una cierta fijación con lo "Rojo") sobre un conflicto entre Corea.

Estoy sobre el siguiente "capitulo" y ya tengo el que le sigue. Lo pongo en cuanto lo tenga.

Saludos.


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