Y todo ello al mismo tiempo que se dedica a alienar a sus (¿todavía?) aliados europeos hablando abiertamente de entrometerse en su política interna y declarándolos prácticamente enemigos ideológicos, recuperando la línea que tomó Vance hace unos meses (por entonces ya leí algún artículo que hablaba de un Trump que considera a la Europa liberal un adversario a abatir, por compartir principios con sus enemigos domésticos).
Este tipo es un regalo caído del cielo para China y Rusia... y hasta para los políticos europeos que quieran hacer campaña presentándose como el candidato anti-Trump. Yo ya sé de un presidente europeo, de marchito atractivo, que está deseándolo








