Pues sí, son muy bonitos, pero siempre se echa de menos lo mismo en el relato argentino sobre la guerra: camino de cinco décadas, se pueden contar con los dedos de una mano las palabras de reconocimiento a la pericia, profesionalismo y valor del enemigo. Hay mucha autocomplacencia sazonada con mitos enquistados en la mente colectiva argentina. Hay, en algunos sectores minoritarios, también algo de autocrítica (sobre decisiones de campo, sobre el mal estado del material militar, sobre la conducción estratégica), pero prácticamente nunca hay reconocimientos hacia el enemigo. Los británicos, desde los días posteriores a la guerra, se deshicieron en elogios al tesón de los pilotos argentinos de ataque, por ejemplo, o a la actuación de algunas unidades de tierra que brillaron.
- ¿Alguien ha encontrado a algún argentino que haya reconocido que los pilotos de Harrier eran excelentes? Siempre acaban diciendo que los pilotos eran poco menos que unos inútiles y que el avión era una mierda, y que las victorias no se deben ni a una cosa ni a otra, sino al AIM-9L. Como si el misil se disparase solo. Pero, claro, cuando hablan del Sheffield y el Atlantic Conveyor, ahí el éxito no es del Exocet, sino del piloto argentino...
- ¿Alguna palabra sobre el excepcional soldado británico, que se abrió paso a pie a través de una isla fortificada, cuya guarnición le estaba esperando desde hacía semanas?
- ¿Algún reconocimiento a las tripulaciones de unos buques que, a miles de kilómetros de sus bases y jugando en casa del enemigo, protegieron sus buques principales ante aluviones de ataques desde el aire, sacrificando para ello los escoltas que fuesen necesarios, con el fin de garantizar un desembarco complicadísimo en condiciones muy desfavorables?
Los militares y políticos inteligentes, para ponderar su rendimiento en una guerra, elogian al enemigo, aunque sea como estrategia retórica para difundir su nombradía. En el caso de que seas el vencedor, si elogias al vencido, te ensalzas porque estás diciendo que fuiste capaz de derrotar a un enemigo tan magnífico. Pero en Argentina se ha enquistado ese discurso rencoroso que reduce al enemigo poco menos que a un patán o un asesino, y su victoria nunca se atribuye a sus virtudes, sino a elementos ajenos (el espionaje chileno, la vigilancia satelital de EEUU, los AIM-9L, Francia reteniendo armamento contratado...). Pocas veces en una guerra uno de los contendientes se ha referido con tanta mezquindad al otro.