El martes 3 de febrero más de 50 personas esperaban que su ángel guardián no los abandonara y les permitiera volver con vida al lado de sus familias. Sin embargo, el bus de la empresa Rápido Ochoa en el que viajaban de Medellín a Quibdo rodó más de 120 metros al caer por un abismo, al parecer por sobrecupo y por el mal estado de la vía, en el sitio conocido como Santa Ana.
En aquellos segundos de incontrolables vueltas del automotor en su inesperada caída, varios de sus ocupantes quedaron en el camino, hasta detenerse en las caudalosas aguas del río Atrato.
No todos sobrevivieron a este accidente, pero las pocas personas que lograron salvarse, vieron como su ángel guardián, el “Ángel-1” de la Fuerza Aérea Colombiana, llegaba al auxilio en medio de un panorama desolador, de condiciones climáticas adversas, e ingresaba en el profundo cañón, que no amilanó a los tripulantes ni impidió el rescate de los heridos y de los cuerpos de las víctimas.
El “Ángel-1” es un helicóptero Black Hawk UH-60 de última generación, equipado especialmente para misiones de rescate y atención prehospitalaria abordo, tripulado por un equipo de seis hombres de la Fuerza Aérea con alto nivel de entrenamiento.
Con el lema de operación “para que otros puedan vivir”, su tripulación ha participado en diferentes misiones de rescate y de ayuda humanitaria como la prestada a los municipios del norte de Tolima durante la ola invernal que se presentó en noviembre de 2008; la evacuación de Joyce Milena Navarro y Freddy Fúquenes, quienes sufrieron un accidente de tránsito el 2 de febrero en una vía cercana a Puerto Boyacá y la colaboración prestada al hermano país de Costa Rica afectado por un sismo de 6.2 grados ocurrido el pasado 8 de enero de 2009. Definitivamente no se equivocaron quienes decidieron llamarlo: “Ángel Guardián de todos”.
“Como miembros de una tripulación de vuelo, específicamente del “Ángel 1”, y como seres humanos, es un orgullo salvar la vida de nuestros compatriotas, es un orgullo servir a un pueblo hermano y consideramos que volar esta aeronave es un placer, porque además de servirle a nuestro país, podemos servirle a los demás con gran altura y con mucho profesionalismo. Es un sentimiento que nos da energía para continuar cada día aportando lo mejor de nosotros a nuestra patria y a los países hermanos que lo requieran“; fueron las palabras del Capitán de la Fuerza Aérea Colombiana, Luis Antonio Gélvez, piloto del “Ángel 1”.
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