Un billete a Tchepone. Relato participativo.

Guerras y conflictos modernos desde 1945, como las guerras de Corea y Vietnam, hasta las de Afganistán o la Agresión de Rusia a Ucrania. La Guerra Fría.
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KL Albrecht Achilles
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Mensaje por KL Albrecht Achilles »

sergiopl escribió:PD: Encantado de verlo por aquí, KL :wink:
:thumbs:

Saludos :cool2:


It matters not how strait the gate. How charged with punishments the scroll.
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flanker33
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Mensaje por flanker33 »

Capítulo 14 “Cita en el paso de Mu Gia”

Hacía un poco más de dos semanas que había llegado 1968, y en el crucero USS “Chicago” todavía quedaban restos de confetis de las celebraciones navideñas y de año nuevo, pero no el Centro de Información y Combate (CIC), donde sus profesionales trabajaba sin descanso en el control de los cielos norvietnamitas, en un nuevo periodo del buque en la PIRAZ (Positive Identification Radar Advisory Zone), ejerciendo de piquete radar en el Golfo de Tonkín.

El operador de “Red Crown”, como era conocido por su indicativo radio el controlador del “Chicago” mientras estuviese en la PIRAZ, fue el primero en detectar a los cuatro aviones que habían despegado poco antes de una base aérea al sur de Hanoi, en la todavía autoimpuesta área de exclusión para los aviones norteamericanos. No le prestó demasiada atención ya que estaba ocupado guiando un ataque de los aviones del portaviones “Ranger”, y advirtiéndolos de la presencia de aviones enemigos más peligrosos que los cuatro que ahora se alejaban hacia el sur y de la batalla aérea.
Poco después, otro operador de radar a bordo de un EC-121 “College Eye” que orbitaba al noreste de Tchepone, descubrió a los cuatro cazas norvietnamitas acercándose a la frontera entre su país y Laos, a 8.000 metros de altitud. Tras unos instantes pudo comprobar que su rumbo los llevaba directamente al encuentro con un paquete de ataque de la USAF. Había despegado este último desde la Base Aérea de Korat en Thailandia, y estaba compuesto por ocho F-105 y cuatro F-4C de escolta. Los Phantoms iban armados con su habitual configuración aire-aire, mientras que los Thunderchief cargaban media docena de bombas de 750 libras, tres depósitos de combustible, un equipo ECM y un solitario Sidewinder para autodefensa, y su objetivo eran los convoyes que seguían cruzando el estratégico paso de Mu Gia entre Vietnam del Norte y Laos, llevando refuerzos a los comunistas en las inmediaciones de Tchepone.

“College Eye” advirtió rápidamente de la presencia enemiga a los aviones de la USAF, y los Phantoms se colocaron en posición para interceptarlos. Dada la velocidad de ambas formaciones, la distancia menguaba rápidamente. Pero lo que no había detectado el EC-121 fue a una pareja de MiG,s-21 que volaban a menos de mil metros de altitud, justo bajo la vertical de sus compañeros que pilotaban igualmente los otros cuatro MiG,s-21 que si habían sido localizados. El piloto líder de la pareja de MiG,s que volaban bajos era el experimentado piloto Vu Duc Vay. Este, que en la actualidad ostentaba el rango de Capitán, había pilotado aviones para NVAF desde hacía varios años, y desde 1966 volaba los MiG-21-F13 encuadrados en el 921 Regimiento de Caza, junto a otros MiG-21-F13 y PFL. Para aquella misión, su caza portaba un depósito de combustible, dos misiles R-3 (AA-2 Atoll) y la carga completa de munición de 30 proyectiles para su cañón de 30 mm.

El objetivo de aquel vuelo era impedir o dificultar al menos que los aviones enemigos siguiesen bombardeando casi impunemente los suministros y refuerzos norvietnamitas que se enviaban hacia Laos por los pasos en las montañas entre los dos países. Desde hacía ya varios días se estaban repitiendo los ataques contra el paso de Mu Gia, un paso bombardeado con fuerza desde hacía tiempo, sobre todo por bombarderos nocturnos, pero que ahora cobraban una mayor importancia al extenderse y ampliarse esos ataques, y aumentar el tráfico terrestre que era su objetivo. Los líderes norvietnamitas habían decido que era hora de hacer algo al respecto, y además de enviar algunas de las nuevas baterías de misiles SAM móviles S-125 (SA-3) que llegarían en los próximos días, la Fuerza Aérea debía implicarse en la defensa del paso. Así que dado que los aviones de la USAF llevaban repitiendo un patrón de cuatro ataques diarios sobre el paso, con rutas y altitudes similares, uno con bombardeos nocturnos, ante los que la NVAF poco podía hacer debido al escaso o nulo entrenamiento de sus pilotos en operaciones nocturnas, y otras tres diurnas, al amanecer y a mediodía con cazabombarderos desde Thailandia, y otra al anochecer con B-52 desde Guam, los estrategas norvietnamitas decidieron que tratar de interferir en las misiones matinales era lo más adecuado por el momento.

La táctica a utilizar sería la que ya había dado resultado otras veces. Los cuatro cazas que volaban alto atraerían la atención de los escoltas enemigos, y si sobrevivían a su encuentro, debían evadirlos y dirigirse hacia los aviones de ataque en un encuentro frontal. Lo ideal sería derribarlos, pero la misión sería considerada un éxito si al menos les obligaban a deshacerse de su carga ofensiva. Mientras, Duc Vay y su compañero, pasarían por debajo de la formación enemiga sin ser detectados y en cuanto recibiesen aviso de su controlador en tierra (GCI), debían girar, y elevarse hasta la altitud de los enemigos, donde los atacarían por la espalda. La táctica tenía sus riesgos, sobre todo para los MiG que volaban alto, pero era mejor opción dado el limitado número de aviones y pilotos de la NVAF, que estaba soportando una gran presión norteamericana con sus ataques a los alrededores de Hanoi y Haiphong, y todo pese a las ayudas chinas y soviéticas en forma de envío de nuevos aviones para reponer las bajas producidas en combate.

“Alondra” entra en combate con “Escorpión”, escuchó decir el Capitán Duc Vay por la radio a su GCI, con indicativo “Estrella Roja”. Aquello significaba que sus compañeros de misión estaban luchando con los aviones de escolta de los americanos, y que las cosas iban a comenzar a pasar muy deprisa a partir de ahora. Por suerte para los MiG, las restrictivas “reglas de combate” de los cazas norteamericanos que exigían una identificación visual, así como el tener el sol naciente a sus espaldas, mejoraban las posibilidades de estos en el combate.

-“Mirlo 2”, acércate un poco más a mí. Prepárate para girar a la indicación de “Estrella Roja” y luego me sigues bien pegado.
-Comprendido “Mirlo 1” – fue la escueta respuesta de su compañero de vuelo.

El Capitán pudo echar un último vistazo hacia arriba, donde se veían las humeantes estelas de humo de los cazas americanos, pero apenas se distinguían a los pequeños y plateados cazas norvietnamitas. Duc Vay accionó los mandos del radar y del visor de puntería de acuerdo al ataque que iba a realizar, y luego tensó los músculos esperando la orden de “Estrella Roja”. Los combates aéreos siempre eran iguales, rápidos y furiosos, no daba tiempo a pensar demasiado y se debía actuar más por instinto y entrenamiento que por otra cosa. Además, él sabía lo que era haber sido derribado y no le había gustado nada la experiencia, así que prefería que no se repitiera. Tras unos segundos más, llegó la esperada orden, -“Mirlo”, ataque a “vaca sagrada”. Vía libre, repito, vía libre -.

Allí en lo alto, en la frontera entre Laos y Vietnam del Norte, de los cuatro MiG-21 que habían atacado primero, solo dos habían sobrevivido y ahora escapaban a toda velocidad y a baja cota hacia su base en los alrededores de Hanoi. Otros dos habían sido abatidos, uno por un F-4 que había disparado hasta 3 misiles Sidewinder y un Sparrow, y el otro por otro Phantom con dos Sidewinders, cuando el MiG se acercaba peligrosamente a los Thunderchief. Los dos cazas norvietnamitas supervivientes realizaron un ataque a máxima distancia con fuego de cañón que no produjo efecto alguno y cuando giraron pudieron disparar un par de misiles que fallaron, tras lo cual se dieron a la fuga. Por su parte, cuatro de los F-105 se habían visto obligados a desprenderse de su carga de bombas para poder maniobrar y evitar el ataque enemigo, cumpliendo así al menos en parte con su misión aquellos pilotos comunistas.

Mientras el Capitán Duc Vay había virado 180º y tras acelerar su caza durante unos segundos con la postcombustión conectada, comenzó un rápido ascenso hacia la formación de Thunderchief que ahora trataba de recomponerse. Pudo ver como los F-4 perseguían hacia el noroeste a sus compañeros, dejándoles vía libre hacia sus protegidos, que solo se dieron cuenta que no estaban solos cuando “College Eye” les informó de la presencia de los nuevos visitantes. Los norteamericanos trataron de acelerar y escapar, pero era demasiado tarde. Los MiG iban lanzados y Duc Vay situó en su radar primero y en su visor después a uno de los F-105 que todavía no se había desprendido de su carga de bombas y que le hacía acelerar y girar más lentamente.

-Lo tengo, voy a disparar – anunció el Capitán por radio.


“Mirlo 1” apretó dos veces el disparador de su palanca de mando, y primero uno y luego otro de sus misiles R-3 salieron de sus railes subalares rumbo a su objetivo, a una distancia óptima de unos mil metros detrás del avión enemigo. El primero falló por bastante, pero el segundo iba bien guiado y se comió la tobera del avión americano, explotando y destrozando su mitad trasera, haciéndolo caer con muy poca gracia.

-¡Derribado, avión enemigo derribado, “Vaca Sagrada” ha perdido un aparato! – gritó de alegría el piloto – Ahora te toca a ti “Mirlo 2” – ordenó Duc Vay, mientras volvía a concentrarse y enfilaba a otro cazabombardero enemigo que era de los que primero había arrojado su carga bélica, y que ahora trataba de huir desesperadamente de los MiG mediante un giro defensivo descendente.
-Unos segundos, todavía no tengo un disparo claro.
-Date prisa, sus cazas volverán en cualquier momento.
-Ya casi…un segundo…mierda…

El F-105 había perdido mucha velocidad en el giro y de pronto, se encontraban demasiado cerca para poder disparar algún misil, por lo que “Mirlo 2” recurrió a su cañón, pero los escasos proyectiles erraron su blanco. Duc Vay querría haber seguido tras el avión americano ya que creía que él podía intentarlo con su cañón, o que “Mirlo 2” podía volver a colocarse en posición para disparar sus misiles, pero aquella no era la táctica que debían seguir. Se trataba de disparar y huir, si acertaban a la primera bien, si no, exponerse a continuar un ataque por demasiado tiempo, era tener todos los números para ser derribado por los cazas de escolta enemigos. Además, aquella misión estaba en el límite de su alcance, y toda gota de combustible era preciosa, si se quedaban más de lo debido, no podrían regresar a la base y perderían el avión.

Y como si escuchara sus pensamientos, “Estrella Roja” surgió por sus auriculares. “Mirlo”, salgan de ahí ahora mismo. Cazas enemigos de regreso a gran velocidad. Tomen rumbo…”
Y tras darles un rumbo y altitud para que trataran de evitar a los F-4 norteamericanos, “Mirlo 1 y 2” picaron en un cerrado viraje, a la vez que aceleraban siguiendo las instrucciones de su GCI. Los F-4 intentaron seguirlos, pero tras un minuto de persecución infructuosa, decidieron romper y volver a cubrir a los F-105. Tres de estos últimos lograron soltar sus bombas sobre su objetivo, tras lo cual regresaron a su base en Korat, Thailandia. “Mirlo” y los dos MiG de “Alondra” aterrizaron con sus depósitos de combustible casi agotados, y con una sensación agridulce. Por un lado habían perdido dos aviones y a dos compañeros, ya que nadie vio saltar a los pilotos de los MiG derribados, pero por otro habían cumplido bastante bien su misión, ya que solo tres de los ocho cazabombarderos americanos habían logrado soltar sus bombas sobre el paso de Mu Gia, y también habían derribado un aparato enemigo. Lo más importante era que ahora el enemigo no se sentiría seguro y debería proteger mejor a sus aviones de ataque, e incluso aumentar el número de aviones por ataque, aunque lo mejor sería que remitiesen esos ataques aunque nadie confiaba mucho en ello. Al menos casi seguro que obligaría al enemigo a distraer más recursos que no podrían ser utilizados contra el frente B-6 de Tchepone.

Duc Vay estaba contento por haber conseguido su segundo derribo, pero triste por la pérdida de dos compañeros, y es que en los últimos dos meses había perdido a demasiados camaradas, muchos de los cuales no contaban con el suficiente entrenamiento para poder operar sus aviones de manera adecuada. Sabía que había varios pilotos en la Unión Soviética y en China preparándose, pero todavía tardarían un tiempo en estar disponibles, y se necesitaban reemplazos de forma urgente, o la NVAF dejaría de ser operativa, y justo en el peor momento, cuando el clímax del conflicto estaba a punto de llegar.


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flanker33
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Mensaje por flanker33 »

Respecto al tema de las Bases Aéreas norvietnamitas, he leído que la base de Tho Xuan fue la primera capaz de albergar reactores de combate lo suficientemente cerca (tampoco demasiado, al oeste de Than Hoa) para que pudiesen operar en el sur de su país, y en nuestro caso, prácticamente al límite de su alcance (MiG-21) de Tchepone.

He leído que estuvo operativa en 1968 pero sin especificar, pero también que en mayo ya estaban operando los MiG desde allí. Podríamos asumir para los efectos del relato, que se habría trabajado contra reloj en la base tras la invasión de Laos, y que estaría operativa para febrero a punto para la ofensiva o unos días/semanas después.

Sobre lo de que la ofensiva fuera una especie de "Las Ardenas 2.0", no termino de verlo. Los mandos norteamericanos ya esperaban desde la concepciónde "Nathan Halle II" que los comunistas podrán lanzar una ofensiva de esas características, y aunque era difícil de evaluar con exactitud el incremento de tropas enemigas, seguro que sabrían que estaban llegando cantidades importantes de soldados enemigos. Con lo que creo que se puede especular es si sabrían la magnitud del asalto y la fecha de inicio del mismo.

Saludos.


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Mensaje por sergiopl »

Me ha gustado el capítulo :thumbs:
flanker33 escribió:Respecto al tema de las Bases Aéreas norvietnamitas, he leído que la base de Tho Xuan fue la primera capaz de albergar reactores de combate lo suficientemente cerca (tampoco demasiado, al oeste de Than Hoa) para que pudiesen operar en el sur de su país, y en nuestro caso, prácticamente al límite de su alcance (MiG-21) de Tchepone.

He leído que estuvo operativa en 1968 pero sin especificar, pero también que en mayo ya estaban operando los MiG desde allí. Podríamos asumir para los efectos del relato, que se habría trabajado contra reloj en la base tras la invasión de Laos, y que estaría operativa para febrero a punto para la ofensiva o unos días/semanas después.
De hecho yo creo que esa base podría servir para apoyar las operaciones sobre el paso de Mu Gia, mas que para peligrosas patrullas sobre Tchepone, pero... para que un siguiente capítulo protagonizado por el piloto norvietnamita tenga mas "chicha", si se podría incluir algo por el estilo (por los motivos comentados el otro día, algo limitado a una misión para hostigar a los aviones que operan sobre Tchepone), pues a esa distancia sería algo mas realista que los MiG pudieran operar.
Sobre lo de que la ofensiva fuera una especie de "Las Ardenas 2.0", no termino de verlo. Los mandos norteamericanos ya esperaban desde la concepciónde "Nathan Halle II" que los comunistas podrán lanzar una ofensiva de esas características, y aunque era difícil de evaluar con exactitud el incremento de tropas enemigas, seguro que sabrían que estaban llegando cantidades importantes de soldados enemigos. Con lo que creo que se puede especular es si sabrían la magnitud del asalto y la fecha de inicio del mismo.
Tal vez me pasé con los de las "Ardenas 2.0", podría ser suficiente con una sorpresa relativa en cuanto a magnitud y fecha de inicio (mayor y mas pronto de lo previsto, respectivamente).


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Mensaje por Mactinez »

Bueno me he leido tooodo del tiron. :green: lo que no me veo capaz es de proponer elago porque se me va un poco el area geografica :alegre: Y comparado con lo que aportais ,mis conocimientos de vietnam son una "birria",cosa que gracias al relato van creciendo y al mismo tiempo aumentando mi curiosidad.


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Mensaje por flanker33 »

Hola Mactinez,

me alegro que le parezca interesante el hilo y espero que le esté gustando. Espero subir esta semana el siguiente capitulo.
Mis conocimientos de la guerra de Vietnam, también eran algo básicos, algo mayores en algunos aspectos como la batalla del Valle de Ia Drang, la ofensiva del Tet, algunos aspectos de la guerra aérea, pero comencé a leer algunos documentos, por ejemplos las monografias de indochina sobre LAM SON 719 o la invasión de Camboya, la estrategia alternativa de Westmoreland, sobre la operación "El Paso", además de cosas sobre la posible intervención China o de planes para terminar invadir Vietnam del norte, y una cosa te lleva a la otra y lees sobre las batallas en las montañas centrales del II Cuerpo, sobre los Marines en la DMZ, etc... y al final y me pareció tan interesante que no he podido resistirme.

Saludos.


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Mensaje por Mactinez »

He estado dandole vueltas al melon.y si me permite le propongo una idea.
Es sabido lo impopular que se estaba volviendo la guerra en "casa".En gran medidad por los medios de comunicacion de masas, la television principalmente y como hemos visto, el posicionamiento de ciertos presonajes publicos.¿Hasta que punto fue favorecio guiado o impulsado por el 15º o 16º (nunca me acuerdo cual es)directorio del KGB,que es el directorio para el tema de agitpro y esas cosas.
Pongamos dos casos El primero :Uno de esos personajes publicos acompañados por equipos de Tv que va visitar el norte ve cosas que no deberia ver y graba como son tratados los disidentes, entrevista a un disidente o ya puestos imagenes de POW americanos recien saliditos de una clase de reeducaciòn.
Otro podria ser el caso de tener pruebas de las "lipias" que harian los comisarios politicos de aldeas , reeducando por la brabas a campesinos ,limpiando el forro a los funcionarios y publicos y a sus familias , cargandose alguno misionero evangelico etc..ya si es unas monjas con orfelinato u hospital ni te cuento.

Una informacion como esa como afectaria a la moral en USA.Como reaccionarian las fuerzas "progresistas" a esas denuncias.Le daria un respiro a la presion quetiene la cas blanca o peor el publico estadunidense pediria "sangre".Tambien estaria bien si en los propios Estados Unidos,habria gente que obstaculizaria esas informaciones .Tampoco olvidemos que temporalmente tenemos encima la primavera de praga y el mayo del 68.

En resumen en que situacion politica nos quedariamos si los aguerridos chicos del pijama negro y del NVA especialmente Aparchik varios,se les viera como se las va la mano y mucho.


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Mensaje por flanker33 »

Hola Mactinez, gracias por tus ideas. Lo primero comentar que en el próximo capitulo habrá un pequeño pasaje sobre las acciones que los norvietnamitas cometían contra la población civil.

Una informacion como esa como afectaria a la moral en USA.Como reaccionarian las fuerzas "progresistas" a esas denuncias.Le daria un respiro a la presion quetiene la cas blanca o peor el publico estadunidense pediria "sangre".Tambien estaria bien si en los propios Estados Unidos,habria gente que obstaculizaria esas informaciones

Sobre esto, sería interesante observar las reacciones a la masacre de Hue durante el Tet:

http://www.nationalreview.com/article/2 ... -interview
Hue was the only city in South Vietnam over which the Communists gained substantial control. During their three weeks in power in Hue, they massacred thousands of “enemies of the people,” often in the most gruesome ways imaginable. Mass graves turned up for years afterward. It was one of the greatest such wartime atrocities in history. But the American press coverage was minimal, and Communist apologists in this country tried either to minimize the scope of the massacre or deny it ever happened.
Supongo que el efecto en la opinión pública se diluyó por la manera en que fueron encontrándose a lo largo de varias semenas/meses y años las fosas comunes, pero viendo como afecto la masacre de My Lai en comparación, parece poco probable que influyese demasiado en los EEUU lo que usted comenta.
Lo de el equipo de TV en el interior de VdN, es interesante y daría para varios capítulos, un spin-off en toda regla, aunque veo bastante difícil que se escapasen al control de sus “guías” comunistas en el país, más si era un personaje público simpatizante del régimen de Hanoi. Mi idea sobre esto era que en una contraofensiva local con la brigada de la Caballería Aérea y la 4ª de infantería, recuperasen alguna zona donde el EVN llevase bastante tiempo en Laos, y descubriese como había masacrado algunos poblados de campesinos, y se podría incluir lo del orfanato, algún cooperante, monja o misionero. Pero si su propuesta gusta a los demás foristas, me pongo a ello.

También se podría incluir un "My Lai" propio en Laos, para representar también ese aspecto de la contienda.

Un saludo.


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Mensaje por flanker33 »

Hola de nuevo, aquí dejo el siguiente capitulo. Al final he decidido doblar los capítulos y hacer uno del soldado norvietnamita atacando una posición enemiga al principio de la ofensiva comunista, y el siguiente sería el del helicóptero "gunship".

Sobre lo que comentábamos ayer de las atrocidades cometidas por ambos bandos, se me ha ocurrido que por ejemplo los norteamericanos descubrieran en Laos una masacre en un orfanato, sobre todo contra misioneros y monjas occidentales (algún norteamericano entre ellos), y secuestraran y mataran a niños, y como consecuencia de ello, en el siguiente pueblo que encuentren un pequeño arsenal o víveres escondidos en algún agujero, y que como tienen la sangre caliente, cometan su propia venganza contra civiles.

Saludos.


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Mensaje por flanker33 »

Capítulo 15 “Tet”


El nombre oficial del puesto survietnamita era “Base de apoyo de fuego 252”, pero los soldados del Ejército norvietnamita le habían bautizado como “La tortuga”, por su lejano parecido al caparazón de este animal al observarlo desde la distancia. Estaba situado cerca de la aldea de Na Po, junto a una polvorienta pista que se dirigía a la RC 9, y a unos cuatro kilómetros y medio al oeste del pueblo de Muong Phine, de su vital aeródromo y del puente que cruzaba el rio Se Tchoum.
“La tortuga” era un pilar en el perímetro defensivo de la 1º Brigada Paracaidista (o 1ª Task Force como todavía la denominaban pese a haber sido rebautizada unas semanas antes), la cual tenía el dudoso honor de ser la unidad más expuesta y alejada de toda la operación “Nathan Hale II”, así como de defender el estratégico paso hacia el sur en la unión de la RC 9 con la RC 23, siguiendo la ruta Ho Chi Minh.

El puesto defensivo también era a su vez el más occidental de todo el dispositivo de la 1ª Brigada, y tenía como misión, junto a otros puestos de su mismo batallón al norte y noroeste, defender los intentos comunistas de avanzar sobre Muong Phine desde esas direcciones. Para ello contaba con una compañía de infantería reforzada con una pequeña batería de obuses de 105 mm prestados por la 1ª División, media docena de morteros de 81 mm, tres cañones sin retroceso de 106 mm y un par de ametralladoras pesadas del calibre .50. No era mucho, pero contaba a su vez con el respaldo de la artillería divisionaria situada cerca del pueblo y el aeródromo, donde el grueso de la 1ª Brigada centraba sus recursos defensivos. También podía contar con el apoyo aéreo aliado, que hasta ahora se había revelado como la mejor arma para acabar con los norvietnamitas, y en última instancia, solicitar refuerzos de infantería al mando de la Brigada o de la División, dependiendo de la situación. La posición había sido construida sobre una pequeña elevación del terreno en un lugar prácticamente llano y de escasa vegetación, que había sido convenientemente talada para proporcionar buenos campos de tiro. El trabajo de los “bulldozers” y los ingenieros para prepararla adecuadamente había sido arduo y peligroso hasta que estuvo terminada. Una vez construida siguió recibiendo ataques esporádicos al principio, y conforme pasaban los días y las semanas, más constantes y decididos, pero siendo todos ellos rechazados. Aun así, las bajas habían sido cuantiosas en los tres meses que duraba ya la invasión de Laos, y los reemplazos escasos.


Y era aquella posición enemiga la que el soldado Truong Tien Minh trataba de intuir en la distancia aquella noche del 30 al 31 de enero, festividad del Tet de 1968, y en la que añoraba tanto estar con su familia. Pero la añoranza era algo que un veterano soldado como él no se podía permitir. Debía concentrarse en cumplir las órdenes, vencer al enemigo y mantenerse con vida. Iba a ser un día muy duro, quizás el peor desde que hiciera poco más de tres meses llegará a aquel maldito país, dejando atrás su casa y a los suyos.

Minh, pese al poco tiempo transcurrido, podía considerarse ya todo un veterano porque no había parado de luchar, unos veces contra los norteamericanos, y últimamente contra sus títeres del sur. Llevaba un par de cicatrices de heridas leves, y había sido felicitado por el camarada comisario político de la compañía, el Teniente Tan Sang, por el valor demostrado en combate, y el Sargento Xuan Vien lo tenía como su mano derecha. Bien es verdad que todavía no tenía ningún reconocimiento oficial y que el Sargento se apoyaba más en él, porque muchos de sus nuevos reclutas estaban muy verdes y quedaban pocos soldados en el pelotón de los que llegaron a Laos tres meses atrás. Aun así, Minh estaba satisfecho por cómo le habían ido las cosas, sobre todo por estar vivo. Y es que cada vez que veía a los nuevos reclutas llegados a medio entrenar, no podía evitar pensar en su amigo Hao, que había fallecido finalmente por las infecciones de una herida producida en un mal encuentro con el enemigo. Cada vez que recordaba la jovial cara de su amigo, la tristeza lo invadía. Pero ahora era un veterano curtido, y pocas cosas le afectaban ya.

Una de ellas fue la intervención del Teniente Sang en una pequeña aldea a no muchos kilómetros de donde se encontraba aquella madrugada. Hacía unas semanas que estaban descansando un par de días para recibir a los nuevos reclutas y seguir entrenándolos, preparando a la unidad para el ataque definitivo que ahora estaban a punto de comenzar. El Teniente y algunos soldados, entre ellos Minh, se acercaron a una aldea y requirieron a los campesinos locales a que les cedieran buena parte de su comida y todo aquello que el Teniente consideró que podía ser útil. Algunos campesinos cedieron pronto, pero otros, los más viejos o los más altivos trataron de oponerse y se negaban a dar al Teniente lo que les pedía. Entonces el oficial, sin el menor atisbo de duda o remordimiento por estar haciendo algo horrible, ordenó apalear a los campesinos díscolos. Minh tuvo la fortuna de no participar en ello, ya que el Teniente sabía muy bien a quien escoger para aquel trabajo tan “difícil”. Minh observo con impotencia como propinaban una paliza de muerte a varios hombres, ancianos y mujeres, hasta que se cansaron de golpearlos. Luego cogieron todo lo que quisieron y los soldados norvietnamitas se marcharon de allí. Minh no pudo dejar de pensar en la suerte de aquellas personas. Seguramente alguno moriría por el efecto de la brutal paliza, y el resto lo pasaría muy mal por haber visto arrebatado casi toda su comida y pertenencias útiles. ¿Sería aquella la revolución del proletariado donde los trabajadores y campesinos iban a guiar al resto del mundo hacia su liberación del yugo opresor capitalista? Tuvo que apartar aquellos pensamientos de su cabeza. Minh era un comunista convencido, e incluso el Teniente Sang le había parecido una persona educada y amable, pese a su cargo, hasta aquel día. Ahora ya sabía a lo que atenerse. Mientras actuara como un verdadero patriota y comunista, no pasaría nada, pero comenzar a hacer preguntas incomodas era el camino más corto para atraer la mirada del Teniente. El joven soldado volvió al presente y sacó de su mente todos los pensamientos que no fueran los de su futuro más inmediato, y aquel pasaba por el asalto que su batallón estaba a punto de llevar a cabo contra “La tortuga”.

El Sargento pasó cerca de él dando las últimas instrucciones y ánimos a los soldados de su pelotón, mientras que el Teniente Sang hacía lo mismo con sus arengas políticas. Que si aquella era la ofensiva definitiva, que si la victoria estaba a nuestro alcance, que si acabaremos con los títeres del sur y sus amos imperialistas, todo muy repetido y machacado las últimas semanas, tanto como para convencer a la mayoría de que estaba en lo cierto, y para que se lanzaran al ataque con buen ánimo. Porque si se detuvieran a pensarlo, es posible que muchos de aquellos nuevos reclutas, se negasen a avanzar si entendían que iban a asaltar una posición fuertemente fortificada, y que la mayoría de ellos no viviría para ver un nuevo día. Los veteranos sabían que aquella no era una opción so pena de recibir un tiro de los oficiales políticos y de su camarilla de seguidores más acérrimos. Además, en general todos estaban deseando que llegara aquel momento y participar en la victoria final sobre el enemigo, para luego regresara casa, que era lo que realmente todos querían.

A una indicación del Sargento, comenzaron a avanzar lentamente y en silencio los pocos centenares de metros que los separaban de su posición de partida. Esta se encontraba en una zona arbolada, a menos de medio kilómetro al sur de la fortificación enemiga. Otro ataque se lanzaría desde una posición parecida y a idéntica distancia desde el norte de la misma, mientras que desde el oeste se lanzaría un tercer ataque. Otros ataques similares se llevarían a cabo por un total de dos regimientos de la División 325C contras las posiciones enemigas al oeste y norte de Muong Phine, mientras que un regimiento de la 3ª División, atacaría el pueblo y trataría de tomar el puente y el aeródromo. El resto de las dos Divisiones tenía por objetivo combatir con el resto de la División de Paracaidistas survietnamita, e impedir que pudieran prestar ayuda a sus fuerzas en la zona del ataque principal.

Minh controló de nuevo todo su equipo. Su AK-47 estaba en perfectas condiciones, tenía todos los cargadores y granadas que podía llevar sin que le entorpecieran el movimiento, y el agua suficiente para no caer deshidratado si luchaban durante todo el día como él esperaba que iba a suceder, o limpiarse alguna herida y poder aplicarse algún vendaje de los que también llevaba. Se colocó bien en su uniforme las ramas que camuflaban su figura, y repasó una vez más con algo de tizne negro la cara y las manos. Respiró profundo tres veces y se dijo a sí mismo “Preparado”.

A la hora indicada, los mandos ordenaron el avance a campo descubierto en dirección a “La tortuga”. Iban despacio y tratando de ocultarse en cualquier resto de vegetación o irregularidad del terreno, pero este era en su mayoría una llanura deforestada, que en los últimos meses no había hecho otra cosa que regarse con sangre norvietnamita. En cualquier caso, los comunistas sabían que era cuestión de tiempo que los descubrieran, y no demasiado, como así fue. Varias bengalas se alzaron al sombrío cielo nocturno, y poco después comenzaban a caer con pereza hacia el suelo retardadas por pequeños paracaídas, convirtiendo la noche en día durante unos minutos. Fue entonces, cuando sabiéndose descubiertos, sonó la trompeta que tocaba a cargar hacia adelante y a toda velocidad.

Los soldados norvietnamitas, unos con más decisión y otros con más precaución, obedecieron al instante a aquel sonido que ya se perdía entre las primera ráfagas y explosiones de las armas enemigas. Muchos atacantes gritaban a pleno pulmón mientras corrían hacia adelante y disparaban desde la cadera sus Kalashnikov. Las ametralladoras pesadas y los morteros comunistas se unieron al fuego sobre la posición survietnamita, mientras que desde esta, sus obuses, morteros, CSR y ametralladoras pesadas, castigaban los tres ejes de ataque que habían identificado. En un alto para guarecerse durante unos instantes y recuperar el aliento, Minh pudo notar que caían en “La tortuga” proyectiles más potentes que los de los morteros habituales, y recordó la conversación de días atrás con un artillero de la División que conocía. Se suponía que iban a contar para aquel ataque con una docena de piezas de 130 mm nuevas que habían mandado los chinos, pero la mitad se habían perdido por la acción enemiga en el camino desde el norte hasta Laos, y de las seis restantes, se tuvieron que dividir otra vez a la mitad para apoyar un ataque contra otra posición, ante la falta general de piezas de obuses. Aun así, era reconfortante ver como aquellas grandes explosiones afectaban al enemigo en vez de a ellos mismos, como era lo habitual.

Minh vio al Sargento Vien señalándole a un grupo de reclutas que se habían quedado “clavados” en el terreno a escasa distancia de donde se encontraba, y le indicó con gestos que los hiciera avanzar. Corrió hacia donde estaban aquellos chicos, y primero con gestos y luego con gritos les ordenó que avanzaran. Al ver que titubeaban, alzó su AK hasta la cintura en dirección a ellos, y consiguió el efecto deseado. Los cuatro pobres muchachos, siguieron avanzando con el pánico reflejado en su rostro.
Él siguió avanzando controlando que no hubiese más rezagados, que era una de las tareas que el Sargento le había asignado, y podía ver como algunos de aquellos nuevos reclutas estaban portándose mejor de lo esperado, otros como se esperaba de un soldado, y otros, con demasiado recelo y cautela. Minh no podía reprochárselo, recordando cómo había temblado de miedo durante su primer contacto con el enemigo.

El avance de su pelotón progresaba con dificultad. El fuego enemigo era preciso y potente, y costaba avanzar sin ser presa de la reacción desde “La tortuga”. Las bajas se iban sucediendo, una tras otra con un imparable goteo de heridos o muertos. Algunos heridos pudieron ser evacuados a retaguardia por camilleros, pero eran muy pocos y había órdenes estrictas de que los soldados siguieran avanzando y no se parasen a recoger a los heridos. Así que muchos de aquellos desafortunados muchachos, solo les quedaba agonizar durante un rato antes de fallecer o perder el conocimiento. Minh seguía observando a su alrededor en busca de posibles rezagados, a la vez que disparaba cuando lograba parapetarse en alguna irregularidad del terreno o tras algún cuerpo de un camarada caído. Otros hacían uso de sus RPG,s y de las ametralladoras RPD para obligar a mantener la cabeza agachada a los defensores mientras los demás avanzaban, y en el cielo las bengalas convertían la noche en día. Pero en la confusión de las sombras de la iluminada noche, los gritos de los heridos, el tronar de las explosiones y el humo que cubría el campo de batalla, tan solo algunos soldados del batallón de Minh lograron llegar cerca del puesto enemigo, y tras un rato de confusa refriega en los alrededores, incluido un intento de asalto al perímetro de “La tortuga”, el ataque perdió fuerza y se estancó.

La llegada del alba y el despuntar de los primeros rayos del sol abriéndose paso entre el humo y la bruma, confirieron a todo aquel paisaje un aspecto de cementerio lúgubre, muy acorde con lo que se estaba convirtiendo los alrededores de la posición survietnamita. Al final, otro toque de corneta tocó a retirada, y aunque un buen número pudo regresar a las líneas norvietnamitas, otros muchos de los soldados, incluido Minh, decidió quedarse donde estaba, parapetado y escondido de alguna manera de los ojos y las balas enemigas, antes que arriesgarse a recibir un tiro por la espalda, en aquel campo que ahora se asemejaba más a un paraje francés de la guerra de trincheras de la primera guerra mundial, que a un bosque húmedo de la península indochina de finales de los 60.

Minh aguardó allí hasta que a media mañana comenzó otro ataque, esta vez con varios cientos de guerrilleros laosianos comunistas del Pathet Lao. Minh decidió mantener su posición hasta que los guerrilleros no rebasaran su posición a unos doscientos metros de “La tortuga”, pero el ataque de aquellas fuerzas, pese a lo insistencia de sus hombres empeñados en no quedar mal delante de sus camaradas norvietnamitas, carecían del entrenamiento o el armamento para llevar a cabo tal empresa. Al final el fuego de los paracaidistas los detuvo y apenas llegaron a sobrepasar a Minh, y viendo este el desarrollo del ataque desde primera línea, decidió no unirse a un avance ya fracasado. Poco después, los comunistas laosianos se batían en retirada desordenada, perseguidos por el fuego de dos helicópteros artillados norteamericanos.

Aquel ataque no habría servido para otra cosa que producir unas pocas bajas a los paracaidistas, de no ser porque uno de los guerrilleros lanzó un RPG sobre un helicóptero H-34 survietnamita que estaba llevando suministros y evacuando heridos, con la fortuna de destrozarle el motor y haciendo explosión los depósitos de combustible. Como resultado, se produjeron un buen número de bajas además de dejar inservible la única LZ existente dentro del perímetro de “La tortuga”. El impacto de aquel afortunado disparo fue una reducción drástica de la llegada de munición a los paracaidistas. Y en un momento en el que el uso indiscriminado de su potencia de fuego era casi la única cosa que permitía a los defensores mantener a los comunistas alejados de su posición, aquello supuso una gran diferencia.

Minh pasaba las horas comiendo algo de arroz y tomando un poco de agua, tratando siempre de no ser descubierto. El aire apestaba a muerte y pólvora, a la vez que el calor y la humedad iban aumentando. Le dolía casi todo el cuerpo de apenas moverse, y cada disparo o explosión aislada, le hacía estremecerse y acurrucarse más todavía en el pequeño agujero que algún proyectil había producido y que le servía de escondrijo. Estuvo tentado de regresar a sus líneas, pero tras pensarlo detenidamente, decidió que era mejor esperar a la oscuridad de la noche.

Por la tarde se produjo un nuevo ataque de centenares de soldados auxiliares norvietnamitas que normalmente servían como guardias, porteadores o cualquier otro tipo de tarea asignada para el mantenimiento de la ruta Ho Chi Minh. Al inicio del mismo, uno de los obuses que apoyaba el avance logró acertar con su metralla a un Huey que volaba bajo y lento, lanzando cajas y sacos de munición, víveres y medicamentos a los asediados paracaidistas, haciendo que el helicóptero girase y cayese al suelo de forma muy poco grácil, aumentando todavía más el número de bajas entre los defensores y cortando la única forma de recibir suministros que todavía les quedaban a los survietnamitas, que ya estaban escasos de casi todo a aquellas alturas de la batalla.
Por suerte para los defensores, hizo acto de presencia un potente apoyo aéreo en forma de ocho Hueys artillados y de dos parejas de Phantoms que arrojaron toneladas de bombas, cohetes y napalm sobre los desdichados soldados comunistas, acabando con muchos de ellos, y de paso, con el ímpetu del avance. Poco después de que el último avión se retirase, el maltrecho ataque comunista tocó a retirada.

Al atardecer, cuando Minh, que había escapado ileso de milagro de los ataques aéreos, se preparaba para regresar a sus líneas, pudo ver a lo lejos los preparativos para un nuevo ataque. Esta vez, de nuevo su batallón iba a intentar tomar “La tortuga” aprovechando la oscuridad. Había sufrido muchas bajas, pero tras recuperarse y reorganizarse, era lo mejor que le quedaba al mando norvietnamita para intentar ocupar de una vez por todas aquel duro y combativo puesto enemigo. Decididos a tomarlo de una vez por todas, reunieron una decena de obuses de gran calibre y todos los morteros que pudieron encontrar útiles, además de reforzar al batallón con los supervivientes de los dos ataques diurnos. E iba a ser un ataque de todo o nada, esta vez no habría toque de retirada, aunque al menos podían contar con que los defensores andarían justos de munición y además, durante todo el día, no se habían visto llegar refuerzos a la posición enemiga, seguramente porque en todas partes los survietnamtias estaban muy presionados.

Cuando ya había oscurecido lo suficiente, comenzó un duro bombardeo sobre los paracaidistas, a la vez que los soldados comunistas comenzaban a avanzar poco a poco ocultándose como podían. Pero de nuevo aquello no duró mucho, ya que las bengalas volvieron a convertir la noche en día. Los norvietnamitas comenzaron su frenética carrera hacia el objetivo, mientras desde este hacían fuego sobre ellos con todo lo que tenían a mano. Minh comenzó a notar que no se lanzaban tantas bengalas como la madrugada anterior, ni el fuego era tan intenso. Seguramente las bajas producidas y la falta de suministros, estaba pesando en los defensores. Quizás azuzados por ello, por los gritos y arengas de sus oficiales y por el número de proyectiles que caían dentro de “La tortuga”, el ataque parecía más decidido que nunca. Minh se unió al mismo disparando desde su posición, y luego avanzando dando saltos de un agujero a otro. Las explosiones sobre las posiciones survietnamitas eran casi constantes, pero el fuego de artillería enemiga también comenzó a crecer, seguramente llegando desde otras bases, y algunas bombas y cohetes más llegaron del cielo. Lo siguiente fue una carrera por la supervivencia y la victoria. Minh se unió al Sargento Vien y a otros soldados de su pelotón cuando los vio, y gritando y disparando, avanzaron todos hacia las alambradas. Estas estaban tan destruidas que apenas representaron un impedimento para los atacantes. Algunas trampas explosivas y minas causaron más bajas, pero los soldados del NVA estaban al borde de las trincheras de los paracaidistas. Las granadas comenzaron a volar de un lado a otro, y el fuego automático despedazaba cuerpos enteros a esas distancias. Algunos defensores, totalmente agotados y presas del pánico, abandonaron sus posiciones y corrieron a refugiarse sin saber muy bien a donde. El fuego de artillería norvietnamita había cesado y ahora apenas se disparaban bengalas, por lo que la oscuridad se había adueñado del campo de batalla. En algunos puntos, los comunistas penetraron en el campamento y comenzó una sangrienta lucha cuerpo a cuerpo. Minh entró en una trinchera y abatió a un enemigo con un disparo en la cara, y cuando llegaron sus camaradas, encontró el tiempo para calar una bayoneta en su fusil y cambiar de cargador. Poco más pudo hacer, ya que la velocidad y el ímpetu del ataque no debía perderse, y así los mandos norvietamitas espoleaban a sus hombres a rematar la faena. No fue fácil conseguirlo, ya que los paracaidistas, vendieron muy cara sus vidas, e infringieron un grave daño al batallón comunista, pero al final, este logró imponerse y tomar “La tortuga”. Sus muertos ascendieron a casi un tercio del total, mientras aproximadamente otro tercio de los hombres habían resultado heridos. Las bajas entre los auxiliares y los laosianos fueron igualmente altas. En total entre muertos y heridos norvietnamitas y del Pathet Lao, las bajas fueron de unos quinientos hombres, mientras que los paracaidistas survietnamitas sufrieron 167 bajas entre muertos, heridos y prisioneros.

Minh había recibido una esquirla de una granada en la pierna derecha y el rasguño de una bala perdida en el costado izquierdo, pero la adrenalina hizo que siguiera peleando hasta el final, antes de detenerse. Al terminar la lucha, el joven soldado se encontraba totalmente exhausto. Se sentó, aunque sería más correcto decir que se desplomó, a la entrada de un bunker del que salía un intenso olor a carne quemada. El Sargento Vien se sentó a su lado sin decir una palabra. Tenía la cara llena de sangre de algún enemigo, y un pie con una herida que sangraba a través de su sandalia, a la que debería atender en breve si no quería tener un disgusto. Los dos hombres se miraron y se alegraron de seguir con vida.


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Mensaje por sergiopl »

Buen capítulo. Llegamos al punto álgido de la narración :sisisi:

Estoy de acuerdo en el tema de las masacres contra civiles: una por cada bando es necesaria para reflejar lo que sucedió en la guerra de Vietnam, y que indudablemente sucedería también en este What if...


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Mensaje por flanker33 »

Hola a todos,

tras el parón navideño, volvemos a la carga con otro capitulo, está vez del helo artillado de los "Gamblers guns", de la 4ª División, está vez apoyando a los paracas survietnamitas y algo más. También he introducido un pasaje para dar respuesta a la propuesta de Mactinez. Espero vuestras ideas para continuar el relato. Saludos.


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Mensaje por flanker33 »

Capítulo 16 “Guns from above”


Tras visionar el rollo en la oscuridad de la habitación del hotel, el operador de cámara independiente sueco Jan Jacobssen no salía de su asombro. La primera sorpresa había sido encontrarse en su equipaje un rollo de película adicional a los siete que él había filmado en Hanoi durante su reciente visita a Vietnam del Norte en compañía del boxeador y objetor de conciencia Clasius Clay, o como ahora se hacía llamar, Muhammad Ali, y del activista del movimiento contra la guerra de Vietnam David Dellinger. Él, como reportero profesional de un país neutral, había sido escogido para acompañar y filmar el viaje que ambos norteamericanos habían realizado a Hanoí, invitados por el gobierno del país comunista. La visita, férreamente controlada, duró un par de días y se entrevistaron con diversas personalidades y visitaron lo que las autoridades quisieron que vieran. Jan filmaba lo que le autorizaban, y siempre estaba con él, un “acompañante” que le “guiaba” en sus filmaciones. Por supuesto él no estaba contento con aquello, pero sabía en lo que se había metido, así que tampoco se quejó demasiado, no tenía mucho sentido hacerlo.
Así que cuando terminó la visita, salieron del país por tren, hacia la frontera china, donde sus equipajes fueron revisados, una vez más con especial interés en el equipo del camara, y devueltos a sus propietarios. Poco después y en vuelo regular, llegaban los tres hombres a Manila donde ahora descansaban, antes de coger en pocas horas un vuelo hacia Los Angeles, y de allí a Nueva York.

Y fue en el hotel donde el periodista sueco se dio cuenta de que en su equipaje había un octavo rollo de película… que él no había rodado. Así, que guiado por la curiosidad, cerró las persianas y montó el equipo necesario para visionarlo. Lo que vio a continuación lo horrorizó y constituyó otra gran sorpresa para él.

En las imágenes, tomadas desde la distancia y obviamente de manera furtiva, se veían a unos hombres en evidente mal estado de salud y con rasgos occidentales, en harapos, algunos parecían restos de uniformes militares de color verde oliva, y siendo sometidos a todo tipo de vejaciones y torturas. La película mostraba imágenes de lo que parecían al menos tres campos de prisioneros diferentes en medio de alguna jungla vietnamita. Al final había algunas imágenes enfocando a textos escritos a mano en vietnamita, pero Jan no sabía lo que querrían decir.

Se pasó un rato pensando como aquel rollo de película había podido llegar hasta su equipaje, ya que desde que lo cerró en Hanoi, con siete rollos, no lo volvió a abrir hasta que estuvo en Manila. Tuvo que ser alguien en la frontera de Vietnam con China, quizás algún descontento con el régimen de Hanoi, quizás un católico o de alguna otra confesión perseguida, que ocultase sus creencias y trabajase en la aduana, o alguien en contra de que sus compatriotas murieran en el sur y su país fuera bombardeado, al fin y al cabo, a lo mejor existía un movimiento clandestino contra la guerra en el propio Vietnam del Norte. Sea como fuera, aquella película la había puesto algún disidente que quería que aquello fuese visto por el resto del mundo.

Tras un rato después de haber visto la película, decidió lo que debía hacer. Personalmente, Jan no estaba de acuerdo con la guerra y con la intervención norteamericana en Indochina, pero sabía que los norvietnamitas tampoco eran ningunos santos. Tenía la costumbre de tener un pensamiento crítico independiente, y aquello le había llevado a tener más de un disgusto en sus relaciones profesionales. Pero si había aceptado viajar a Hanoi con dos norteamericanos para mostrar los horrores de los bombardeos entre los vietnamitas y su sufrimiento, era también lógico que aceptase mostrar al público aquellas otras imágenes para que ellos se formaran sus propias opiniones…y sabía exactamente a quién debía dar aquella película. Se levantó y descolgó el teléfono para una llamada transcontinental.






De nuevo volando bajo, y vigilando siempre para no convertirse en pasto de la triple A, el solitario Huey que había despegado desde Camp Carroll, avanzaba hacia el oeste, sobre las montañas y los bosques húmedos de Laos. Con los ojos inyectados en sangre, los músculos agarrotados y la tensión reflejada en su rostro, el Teniente Al “Tigre” Skinner, luchaba por controlar los mandos de su “Hog” y sus propios nervios en el vuelo que los llevaba a él y su tripulación, de nuevo al frente. Era ya la tercera misión desde que aún de madrugada comenzaran las operaciones aquel día. Y si ya de por si la vida de una tripulación de un helicóptero artillado era dura en aquella jodida guerra, desde que habían invadido Laos, el trabajo se había multiplicado por dos, pero la locura absoluta había llegado con el comienzo unas setenta y dos horas atrás, de la denominada por la prensa como “Contraofensiva del TET”.

El “Hog” que pilotaba Skinner aquella mañana, era el tercero que volaba desde que comenzara la operación “Nathan Halle II”, puesto que los otros dos habían quedado agujereados por los impactos recibidos en acción, y ahora estaban o siendo reparados, o canibalizados para obtener las necesarias piezas de repuesto. Por suerte para ellos, solo el especialista Caplan había sido herido de levedad y tras pasar unos días en el hospital, se había reunido de nuevo a la tripulación, justo antes de que comenzase el ataque comunista.

La nueva montura de Skinner y sus hombres debió pertenecer a alguien con más sentido estético y del espectáculo que el joven Teniente, ya que lucía en el morro un vistoso emblema de una calavera estilo pirata, y un agresivo nombre, “Guns from above”. Al Teniente aquella parafernalia le daba igual, pero la verdad es que aquel Huey era un aparato bastante castigado que había sido remendado como buenamente podían los servicios de mantenimiento, y que estaba convencido no pertenecía ni siquiera a la 4ª División.

Desde noviembre, la perdida de helicópteros norteamericanos sobre Laos se había ido incrementado a medida que la intensidad de los combates, y sobre todo por la densidad de las armas antiaéreas enemigas que había aumentado con el transcurso de las semanas y los meses. Además, no fueron pocos los que se perdieron en las propias bases por el ataque de fuerzas enemigas, que los tenían entre sus objetivos principales. El propio compañero de fatigas de Skinner, el WO “Cav” Sheppard y toda su tripulación, habían perdido la vida cuando se metió en un fuego antiaéreo infernal que destrozó su aparato. Skinner vio como caía a tierra y estallaba poco después, sin que nadie saliese de su interior. Su estatus oficial era de “desaparecidos en combate”, ya que nadie pudo constatar su estado, pero Al Skinner sabía muy bien el destino de aquellos hombres.

Así, y pese a la llegada de nuevos aparatos de otras partes del país y de los propios Estados Unidos, llegados ya a aquellas fechas y con una gran contraofensiva comunista en marcha, no era raro ver el vuelo de helicópteros cañoneros en solitario, tratando de acudir a más misiones de apoyo de fuego de las que podían atender. Y es que en algunos puntos, tan solo el poder de fuego aéreo aliado estaba conteniendo a duras penas a los comunistas. Lo cual era particularmente cierto en el frente de Muong Phine, donde los paracaidistas survietnamitas estaban siendo duramente acosados y a punto de ser sobrepasados por los comunistas.

-“Tigre”, estamos cerca del objetivo – informó Ben Hilford, el copiloto.
-OK. Mira a ver si puedes comunicarte con los de ahí abajo y terminamos esto rápido.
-Roger... “Hombre de barro”, “Hombre de barro”, aquí “Gambler 4-1” con 28 cohetes y ganas de soltarlos sobre algún comunista. ¿Me recibe? – y tras unos segundos apareció la voz de un controlador aéreo norteamericano agregado a los paracaidistas survietnamitas.
-“Gambler 4-1”, aquí “Hombre de barro”, necesitamos vuestros cohetes a 300 metros al oeste de nuestra posición. Humo verde, repito, humo verde, para confirmación visual.
-Recibido, procedemos con el ataque. Corto.

Skinner y Hilford comenzaron a buscar humo verde como locos, pero pronto vieron alzarse al aire delante de ellos, dos columnas de humo verde, seguidos por una tercera poco después, todas al oeste de las posiciones amigas, pero separadas lo suficiente como para que lo que cayese en una no afectase a otra. “Joder, estos rojos cada vez responden con más velocidad”

-“Hombre de barro”, aquí “Gambler 4-1” – habló Skinner – vemos tres, repito tres columnas de humo verde al oeste de su posición. Marquen de nuevo…y háganlo rápido.
-Espere “Gambler”… - y tras unos segundos – humo purpura, repito, humo purpura.
-Recibido, humo purpura.

Y mientras el piloto serpenteaba con el “Hog” para ganar tiempo y dificultar la actividad de la triple AAA que por suerte todavía no había aparecido, vio el humo purpura junto a la columna de humo verde central.

-Allí - dijo su copiloto – diez grados a la izquierda.
-Lo veo. Prepara los cohetes. Todos de una pasada.
-Roger.

Poco después volvían a elevarse otras dos columnas de humo purpura al lado de las otras dos columnas verdes, pero ya era demasiado tarde, Skinner había identificado el objetivo y estaba centrándolo en su colimador. Al acercarse, comenzaron las trazadoras enemigas a elevarse en el cielo, buscándolo con desesperación desde todos los ángulos en una emboscada de libro.
“Joder con estos “Charlies”, están por todas partes y cada vez tiene más armas y saben cómo usarlas” pensaba Skinner mientras acariciaba el gatillo con su dedo índice, y veía pasar cerca algunos proyectiles enemigos. Tras él, “Jefe” Drapper y Caplan respondían como podían al fuego antiaéreo enemigo con sus M-60 desde los portones traseros.

-Estamos dentro del alcance de los cohetes “Tigre”, todo tuyo.
-Un poco más...un poco más… ¡Ahora! – dijo mientras apretaba el gatillo y comenzaba a sentir la sacudida de los cohetes saliendo de sus lanzadores y alejándose del aparato. Los 28 cohetes salieron en rápida sucesión, saturando la zona que habían marcado los paracaidistas survietnamitas. Un montón de explosiones sacudió la zona, y Skinner daba gracias otra vez por no estar allí abajo, aunque no se entretuvo mucho con pensamientos superfluos, y en cuanto salió el último cohete de sus alveolos, realizó un fuerte viraje a la derecha para salir de la zona de fuego enemiga. Casi había concluido la maniobra cuando notó que su aparato recibía algunos impactos. Miró instintivamente al panel de mando…no parecía haber nada dañado.

-¿Qué tal por ahí atrás? – pregunto al “Jefe”.
-Todo bien. Aguantamos, solo han sido algunos disparos en la chapa.
-De acuerdo, mantener los ojos bien abiertos.

Entonces, y ya saliendo de la zona de fuego norvietnamita, Hilford le preguntó a Skinner.

-¿Que “Tigre”, otra pasadita?
-Me parece que no, eso está muy caliente y hemos escapado de milagro. No quiero tentar la suerte.
-Roger…”Hombre de barro”, “Hombre de barro”, aquí “Gambler 4-1”, hemos agotado la munición, nos retiramos. Buena suerte.
-Recibido “Gambler 4-1”, gracias por vuestra ayuda. Salir de la zona, en breve llegan un par de “rápidos” cargados de napalm.
-De acuerdo, nos largamos ya.

Y mientras “Guns from above” salía pitando de allí, dos F-4 cargados hasta los topes de napalm se aproximaban a unos seis mil pies de altitud. Hilford fue el primero que los vio…y también a los dos misiles que se elevaban al cielo desde posiciones diferente, y que se acercaban de frente a toda velocidad a los “Phantom”.

-¡Joder, has visto eso! – gritó el copiloto.
-Mierda si, van directos a los “rápidos”. ¿De dónde coñ* han salido?

Y es que pese a los informes de que se habían desplegados nuevos misiles y cañones antiaéreos enemigos, Skinner y sus hombres todavía no se los habían encontrado o visto en acción. Pero desde el primer día de la contraofensiva del Tet, los SA-3 y los Shilka, habían causado bastantes dolores de cabeza a los cazas y helicópteros norteamericanos, sobre todo en el sector más al norte de los combates. Ahora parecía que ya estaban llegando al sur, en la AOR de los paracas survietnamitas.

Dos misiles SA-3 se dirigían hacia los cazabombarderos de la USAF. Estos comenzaron a girar y separarse el uno del otro. Uno lanzó su carga y realizó un giro cerrado, evitando por poco el impacto de uno de los misiles, pero el otro, no se desprendió de su carga, o no pudo hacerlo, y su giro fue mucho peor. Aun así el misil no logró acertar de lleno al caza, pero si explotar lo suficientemente cerca del F-4 como para causarle graves daños. El piloto trató de hacerse con el aparato durante unos segundos, pero al final, y tras perder por completo el sistema hidráulico y encenderse todas las alarmas en su panel, ordeno a su oficial de sistema de armas que se eyectase, a la vez que el también lo hacía. Pero sólo uno de los tripulantes logró salir del avión, ya que en la cabina trasera, el oficial había sufrido impactos de las esquirlas del misil que habían segado su vida.

Desde el “Hog”, Skinner y Hilfor asistían impotentes a toda la escena, mientras observaban como descendía el piloto de aquel desdichado avión, y el otro “Phantom” se retiraba de allí.

-No va a caer muy lejos de nuestra ruta de regreso, pero lejos de alguna zona amiga. – Y tras unos instantes de reflexión, dijo – Comunica con “Big Papa”, dile que intentaremos rescatar a ese piloto y que nos de comunicación por radio con él.
-Entendido “Tigre”, vamos a sacarlo de ahí.

El C-130E de mando y control aerotransportado que respondía al indicativo de “Big Papa” recibió la comunicación de “Gambler 4-1”, y tras algunos minutos en los que el piloto tocó suelo, y “Guns from above” se acercaba a aquel lugar, finalmente autorizó la misión y facilitó la frecuencia e indicativo del piloto abatido, a la vez que despachaba un par de “Skyraiders” a la zona para apoyarlos.

-Creo que he visto el paracaídas…por allí – dijo Skinner. – Ben, trata de contactar con él, voy a ver si encuentro alguna LZ practicable.
-Estoy en ello “Tigre”…aquí “Gambler 4-1” para “Fantasma 0-6”. “Gambler 4-1” en misión de rescate… ¿me recibe “Fantasma 0-6”?

Mientras el copiloto esperaba respuesta, el piloto del “Hog” localizaba un claro en la vegetación de unos 80 o 90 metros de diámetro que podría servir para recoger al piloto del “Phantom”. Estaba situado a unos 300 metros al este de la posición de donde veía al paracaídas. Skinner le señaló a Hilford el lugar con la mano para que en cuanto contactase con el piloto derribado, le indicara donde debía dirigirse para ser recogido. Pero de pronto comenzaron a recibir fuego de fusilería desde las inmediaciones de la LZ escogida. Skinner realizó un giro a izquierda, mientras el “Jefe” respondía con su M-60.
El helicóptero retrocedió un poco por donde había venido y luego comenzó a zigzaguear, esperando a que el piloto del reactor estableciera contacto.

-“Jefe”, ¿has visto de donde salían esos disparos?
-Sí, de unos 50 metros al sur de la LZ…creo que también había una ametralladora. ¿Qué tal una pasadita de esos “Skyraiders” tan bonitos que están llegando por allí? – dijo indicando al frente.
-Joder, afirmativo. Vamos a ver si nos echan una mano.

Y tras la consiguiente conversación entre el “Hog” y los “Skyraiders”, uno de estos últimos, guiados por algunas ráfagas con trazadoras de la M-60 de “Jefe” Drapper, barrió la zona con fuego de ametralladoras y media docena de cohetes.

-Eso hará que “Charlie” agache la cabeza por un rato, seguro que cambian de posición.
-“Tigre”, lo tengo…ya sabe a dónde ir. No está muy lejos. Tiempo estimado cinco minutos.

Y tras mirar al panel de mandos, Skinner le respondió.

-Espero que se dé prisa, nos estamos quedando justitos de combustible para regresar.

Cada minuto que pasaba “Guns from above” en la zona, más peligro corría, ya que la tripulación estaba segura que “Charlie” debía estar buscando al piloto y tratando de derribarlos a ellos. Era un dos por uno en toda regla.

-“Fantasma 0-6” tiene a la vista la LZ. Está unos metros al norte. Creo que deberíamos ir aterrizando – dijo Hilford tras unos minutos.
-De acuerdo, pero antes quiero que los aviones den una pasada por el resto del perímetro de la LZ…por si acaso.
-Amen a eso.

Y tras un intercambio de información, los “Skyraiders” “sanearon” el este, oeste y sur de la LZ con napalm y cohetes. Si había todavía enemigos, aquello los habría espantado por un rato.

-De acuerdo, ahora sí que estamos listos. Vamos a ya – dijo el copiloto.
-Al “ajo”…tened los ojos bien abiertos. ¿Cómo reconocemos a nuestro invitado?
-Lleva un pañuelo blanco anudado en cada brazo, y vendrá del norte con traje de piloto.
-Me vale – respondió Skinner mientras realizaba un aterrizaje con parada en vertical sobre la LZ y un brusco descenso, tratando de evitar la reacción enemiga.

Antes de tocar tierra los patines del “Huey”, el piloto del “Phantom” ya salía a la carrera desde la vegetación que le ocultaba, y en pocos segundos se plantó delante del portón derecho del aparato. Venía tal y como Hilford había dicho, así que no hubo más preguntas y subió a bordo. Skinner tiró de palanca y colector y el helicóptero salió de allí tan rápido como pudo mientras las ametralladoras traseras escupían fuego por doquier hacia la vegetación. Entonces vieron una columna de humo que se acercaba a ellos rápidamente desde el norte de la LZ. Un RPG los buscaba desesperadamente.

-¡Mierda, mierda, mierda,…! – gritó Skinner mientras forzaba el giro más cerrado que pudo, y todos miraban aquel proyectil que se les acercaba con ojos desmesuradamente abiertos y gesto rígido.

Tan solo fueron unos instantes, pero pasaron autentico miedo. Al final, el cohete pasó rozando el aparato por su izquierda sin causar daño alguno, aunque comenzaron a llegar proyectiles de AK que pasaban a izquierda y derecha del “Hog”.
Skinner salió de allí tan bajo y rápido como pudo, mientras que los “Skyraiders” saturaban la zona con fuego de ametralladora y los cohetes que les quedaban, antes de dar por finalizada la misión y regresar junto al “Guns from avobe” a la relativa seguridad del cielo survietnamita.

Skinner y los suyos llegaron con el combustible de reserva a Camp Carroll tras un vuelo sin más sobresaltos. “Fantasma 0-6” les dio las gracias de manera muy efusiva, abrazo va, abrazo viene, y les invitó a lo que quisieran durante una semana en la cantina, lo que cumplió dejando pagado las consumiciones en la cantina de Camp Carrol para Skinner y sus hombres. Luego se montó en otro “Huey” y se lo llevaron camino a su base.

-Ahora solo hace falta que nos dejen un rato libre para poder tomarnos esas cervezas – se quejó Caplan medio en broma medio en serio.
-Si…cerveza muy fría…mmmm - se abstraía “Jefe” Drapper mientras visualizaba las jarras en su mente.
-Yo primero dormiría una semana seguida antes que tomarme esas cervezas…pero me las tomaría, así que a ningún cabrón se le ocurra beberse las mías o me lo cepillo – amenazó entre risas el Teniente Skinner a sus hombres.

Todos estaban agotados, en su límite físico y psicológico para poder llevar a cabo las misiones de forma efectiva. Así lo entendió el capitán al mando de los “Gamblers guns” cuando le informaron del resultado de la misión, y les dejó en tierra durante aquella tarde para tener un merecido descanso. No merecía la pena perder un helicóptero y una tripulación jodidamente buena por una o dos misiones más. Algún infante allá en Laos se iba a cagar en su decisión, pero sabía qué hacía lo correcto. Por supuesto, Skinner y los suyos se dirigieron de cabeza a su barracón para dormir lo que pudieran.


"Si usted no tiene libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor" - José Luís Sampedro
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flanker33
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Mensaje por flanker33 »

Hola a todos,

estoy pensando en el siguiente capitulo, y se me ocurren algunas cosas, a ver como lo veis.
Una sería la opción de que el soldado Farris recibiera otra carta de su hermano comentándole el efecto en la opinión publica de las imágenes de los campos de prisioneros y sus consecuencias para el gobierno de LBJ, que podría ser autorizar bombardeos sin límites sobre Vietnam del norte y aumentar la presión sobre Haiphong y lo que se nos ocurra.
También podría hacer que Rosson tuviera un encuentro con Westmoreland en Khe Sanh para comentar como va la contraofensiva del Tet, refuerzos y futuras acciones, entre ellas, una posible acción ofensiva de las tropas de la 4ª DI (Farris y sus compañeros estarían ahí) con ayuda de la brigada de reserva restante del XXIV CE, de la 1ª de Caballería, donde podríamos poner lo de las barbaridades cometidas por unos y otros.

Saludos.


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Mensaje por sergiopl »

flanker33 escribió:Hola a todos,

estoy pensando en el siguiente capitulo, y se me ocurren algunas cosas, a ver como lo veis.
Una sería la opción de que el soldado Farris recibiera otra carta de su hermano comentándole el efecto en la opinión publica de las imágenes de los campos de prisioneros y sus consecuencias para el gobierno de LBJ, que podría ser autorizar bombardeos sin límites sobre Vietnam del norte y aumentar la presión sobre Haiphong y lo que se nos ocurra.
También podría hacer que Rosson tuviera un encuentro con Westmoreland en Khe Sanh para comentar como va la contraofensiva del Tet, refuerzos y futuras acciones, entre ellas, una posible acción ofensiva de las tropas de la 4ª DI (Farris y sus compañeros estarían ahí) con ayuda de la brigada de reserva restante del XXIV CE, de la 1ª de Caballería, donde podríamos poner lo de las barbaridades cometidas por unos y otros.

Saludos.
Estoy de acuerdo :thumbs:

Lo de la carta es necesario para completar el tema de las imágenes de los prisioneros, que de lo contrario quedaría algo cogido con alfileres... y lo de los bombardeos sin límites, seguramente sería algo que los "halcones" llevarían tiempo reclamándole a LBJ... y la ola de indignación provocada por la emisión de las imágenes podría ser la oportunidad de ponerlos en marcha (yo los modelaría en base a las campañas Linebacker, habría que ver si con minado del puerto de Haiphong y B-52 sobre Hanoi).

La reunión Rosson-Westmoreland serviría para actualizar la situación estratégica, tras unas cuantas "escenas" mas tácticas.


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