De la cultura militar cubana.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y la historia militar cubana. La DAAFAR y sus MiGs. MGR. Bahía de Cochinos, Crisis de los Misiles, Guerras de Angola, Etiopia, 1895 y otras.
siochy
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De la cultura militar cubana.

Mensaje por siochy »

Saludos foristas.

Me propongo iniciar este tema con el objetivo de reseñar aspectos de la cultura militar cubana como un complemento al tema Batallas y combates relevantes en la Historia de Cuba.

Este tema promete ser interesante pues pudiera constituir un espacio para esos elementos que están presentes en el mundo militar con una connotación cultural.

Para empezar.

En las guerras de independencia cubana del siglo XIX, los españoles tenían varias formas de referirse peyorativamente hacia los cubanos que luchaban por la independencia: los más comunes fueron “mambís” o “mambises”, este término está asociado, citando el sitio CubGenweb, según el notable historiador cubano, Carlos Márquez Sterling, la palabra "mambí" es de origen afro antillano y se aplicaba a los revolucionarios de Cuba y Santo Domingo (ahora la República Dominicana) en el siglo XIX.

Según el escritor de ficción Elmore Leonard, en su novela de aventuras Cuba Libre, la palabra mambí viene de Eutimio Mambí, un líder que peleó contra los españoles en Santo Domingo 50 años antes. Los soldados españoles, notando las tácticas similares en el uso del machete de los revolucionarios cubanos, comenzaron a referirse a ellos como los "hombres de Mambí", lo que luego se acortó con el uso a "mambís" o "mambíses".

Paradójicamente, está palabra gustó a los independentistas cubanos, tanto, que más que un insulto, veían en la misma un halago por el significado de luchar por la patria frente al colonialismo español.
Pero este no fue el único término despectivo utilizado por los españoles. Otras formas también de referirse a los cubanos fueron: “manigüeros”, “insurrectos”, “bandoleros”, “pillos”, “ñañigos”, “hijos de aura y de mono” (este último, por la cantidad de hombres de raza negra existentes en las filas independentistas).

Los cubanos no fueron menos al referirse de manera burlona a los españoles (por demás, algo muy característico en la idiosincrasia del cubano). Expresiones como “gringos”, “patones”, “soldaos”, “panchos”, “rayadillos”, “tocororos”, “azulejos”, “quintos” servían para referirse al ejército colonial.

Y hablando de expresiones, aprovecho para mencionar otros términos de los mambises y sus respectivos significados:
·Batir el bronce----pelear
·Trifulca----pelea o combate
·Rebumbio----pelea o combate
·Debate----pelea o combate
·Encasquillarse----acobardarse
·Juyuyo---huidizo
·Barbicano----veterano
·Combinación----maniobra
·Forrajeo----buscar alimentos
·Ir al vivere----ir a buscar alimentos
·Cáscara----lazo de cuero trenzado
·Virlongo----fusil de cartucho metálico
·Apapipio----delator, chivato
·Cuandos----amigos de los poblados
·Cuandear----ir al poblado
·Laborantes----conspiradores en los poblados
·Laticas----grados de los clases
·Ir a matar caballo----a toda velocidad
·Con la mecha afuera----muy cansado
·Casquillo reformado lateral----gran problema
·Tiro de la vianda----cartucho reservado para emergencia.
·Plateados----bandidos
·Majases---mambises que se fingían enfermos
·Pacíficos----habitantes de los campos que no participaban en la Revolución.

Formas de referirse al machete----quimbo, calabozo, collin, paraguayo, yaguarama, guámpara.

En el excelente libro Radiografía del Ejército Libertador 1895 - 1898, del ya desaparecido historiador cubano Francisco Pérez Guzmán, este autor cita las expresiones raras que el combatiente habanero, teniente coronel Eduardo Rosell Malpica, anotara en su diario de campaña. Sobre los orientales le llamó la atención el uso frecuente del vocablo “cuasimente”, pero no explicó su acepción. Le resultó llamativo que a la malanga le decían chopos, a los platanales, guineales y a las viandas, víveres. Dentro del territorio oriental, también, había diferencias, pues a la mochila los insurrectos de Guantánamo la denominaban managüí y en otras zonas, macuto.

De Camagüey no se le escapó el empleo del pronombre voz que en otros lugares de la Isla ya estaba en desuso, la sustitución de la palabra bobo por faino y la de sanaco por simplar. A la oreja le llamaban guataca y a la laguna, rambla.

De Sancti Spiritus escribió que la palabra enemigo fue sustituida por solche y cuando se referían a la estatura de una persona hablaban de estado. A los hijos de españoles y cubanos les llamaban castizos.
Otro habanero, Domingo Méndez Capote, durante su estancia en Las Villas, escribió que los insurrectos le decían tarantín a la tienda de campaña. A la gran dispersión le llamaban revolisco y remandingo. Guacabina a la comida que se llevaba lista para el viaje. Jocharse por fatigarse, pojao por estropeado, guaca por escondrijo, escordao por abochornarse, chicharrón por adulón (actualmente y todavía utilizado en Cuba) y goyado o joveros a los caballos.

Por su parte, el teniente coronel Malpica advierte que en la zona de Guantánamo y Santiago de Cuba se hablaba un castellano mezclado con el patois y la lengua francesa. En relación con el modo de hablar – sobre todo de la población negra y mulata de origen y descendiente de africano y haitiano – se tejieron anécdotas cómicas con un sustento burlón y, hasta cierto punto, discriminatorio. Un ejemplo de ello está en las órdenes de un jefe a su subordinado.

-Coja cuatro números y cuatro Remington, con cuatro cláusulas (cápsulas) cada uno, y váyase a desplorar (explorar) esa tropa con el Perfecto (prefecto), en la guanguardia (vanguardia) de adelante, y tenga cuidado con el franco (flanco) no le vayan a echar un ala.

Otro ejemplo, atribuido al comandante Luis Dupuay.

-¡Alto quién va!
-Cuba
-¿Qué trisimento?
-Quinñónez. Gravanza uno para ser corío. :crazy: :?: :confuso:

Atentamente.

Siochy



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Continuamos con el tema De la cultura militar cubana.

El autor Pérez Guzmán, en el libro Radiografía del Ejército Libertador 1895 – 1898, nos muestra otras facetas de la cultura de la época influenciada por los acontecimientos militares que vivía Cuba.

Dicho académico se pregunta: ¿Cuántos insurrectos de procedencia rural asistieron a un teatro para presenciar una obra bufa, un sainete o apreciar una zarzuela? No incluyo una ópera porque quedaba fuera de toda probabilidad. ¿Conocían la contradanza de origen europeo, pero que con los años se había acriollado? ¿Sabían de la habanera, emblemática por su cubanía, cuyo antecedente se remontaba a 1844? Quizás unos pocos se habían divertido con el baile de salón nombrado danzón, género musical genuinamente cubano que había escandalizado cuando estrenó en 1879, a un sector ilustrado y pudiente de la sociedad colonial. Otro género musical, el changüí – variante del son -, era más oriental que cubano, aún mejor, más guantanamero que oriental y, por supuesto, con una fuerte identificación regional. En esa vertiente de la región oriental se inserta, también, la Caringa, un baile de negros que en plena guerra algunos blancos mambises como Enrique Collazo, nacido en Santiago de Cuba, conocían y no perdían la oportunidad de demostrar sus habilidades. Otro baile, el zapateo criollo, marcaba un distanciamiento cultural entre la colonia y la metrópoli que traspasaba la frontera regional, pero lo bailaba más la población blanca que la negra y mulata (…) el bolero, la guaracha y la rumba, entre otros, tuvieron una mayor influencia anticolonial.

Y ahora que hablamos de baile, me viene a la mente el diario de campaña de Bernabé Boza, jefe de la escolta del General en Jefe Máximo Gómez. En sus apuntes de los días 4 y 5 de noviembre de 1895 escribe:

“El general Gómez está muy mejor de su úlcera y no le dan fiebres, no descansa y voy convenciéndome que este viejo de acero nos va a cansar a los jóvenes, si nos descuidamos. ¡Anoche estuvo bailando más de dos horas!”

Retomamos ahora a Pérez Guzmán:
Pero, sin dudas, el punto cubano, con sus tonadas regionales y la controversia mediante la improvisación de décimas, continuaba siendo la actividad cultural y el divertimento preferido de la población rural cubana.

En cada velada y guateque, desde la punta de Maisí hasta el cabo de San Antonio, emergía lo cubano mediante un canto que identificaba la identidad nacional. Así había sido en los tiempos de relativa quietud y así seguía siendo en los campamentos mambises como un arma más, al igual que el machete y el fusil. La décima constituía la síntesis de lo nacional que había construido la diversidad regional.

Las cuartetas y décimas nacionalistas se caracterizaron por su contenido ideológico anticolonial para el mambí. Se declamaban y cantaban, cuando las condiciones que imponía la guerra lo propiciaban. Entre las rescatadas, una vez que la tradición oral pasara a letra impresa se encuentran estas, entre las más famosas:

Estrellita solitaria,
de la bandera cubana
¿Cuándo te veré brillar
en el Morro de La Habana?

El insurrecto en su ley
peleando debe morir,
Pues no se sabrá rendir
Aunque venga el mismo Rey

Al general Valeriano
Cuando se vaya de aquí
Lo llamaran Valerí…
Porque habrá perdido el ano.

Esta décima, que es mencionada por el historiador José Luciano Franco en el tomo III de su obra, Antonio Maceo. Apuntes para su vida.

Martínez Campos creía
Que Cuba iba a ser de España
Recorriendo la montaña
Con pieza de artillería
Y Maceo de decía:
Váyase usted a La Habana
Yo con mi tropa cubana
Y Máximo Gómez al frente
Hago a Cuba independiente
Con pólvora americana.

Y grita Maceo a su gente
Máximo Gómez me ha dicho
que a él le va de capricho
ver a Cuba independiente.

En las memorias de Manuel Piedra Martell, Mis primeros 30 años, encontramos más de este curioso género:

Si me encuentro en la trinchera
que a lo lejos se divisa
y donde bate la brisa
de mi patria la bandera;
si el enemigo se espera,
que nos ataque en el día,
y allá por la serranía
oigo un ruido donde estoy,
me preparo, el alto doy
y pienso en ti vida mía

Ya se escucha en la sabana
de clarín ronco sonido,
y se levanta el partido
por la libertad cubana.
Levanta tu frente ufana,
no temas, no te acobardes,
que ese valor en que ardes,
de tu padre herencia es,
así solo te diré:
marcha, hijo, no te tardes.

Gloria y libertad le espera
al que queriendo ser hombre
corre a que ponga su nombre
en la bandera cubana.
El que allí peleando muera
merece eterna alabanza,
el valor y la pujanza
harán triunfar al cubano;
así, de mi propia mano,
toma el machete y la lanza.

Aunque soy madre y te quiero
como a hijo de mis entrañas,
verte morir en campaña,
a verte esclavo prefiero.
Pórtate como un guerrero,
a quien la muerte no aterra.
Los peligros de la guerra
se han hecho para el que es hombre,
si tu quieres tener nombre
vete a pelear por tu tierra.

Los españoles también tenían sus rimas:

Quien dijera que Cuba se pierde
mientras Covadonga se venere aquí,
es un pillo traidor laborante,
pícaro y tunante, cobarde mambí.

El ataque que habéis recibido
de Bonilla fuera de Morón,
no debisteis echar en olvido,
por haber sido en primera ocasión,
¡Ay! Mambises, no seáis cobardes,
cara a cara si tenéis valor,
que nosotros estamos dispuestos
a defendernos, a defendernos
como noble español

Con las barbas de Maceo
vamos a hacer escobas
para barrer los cuarteles
de las tropas españolas

Este tema continúa…

Atentamente.

Siochy



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Proseguimos con el tema De la cultura militar cubana.

Otro elemento cultural de gran relevancia por su contenido ideológico lo constituyen los himnos surgidos al calor de las luchas independentistas cubanas.

En el caso del Himno de Bayamo, posteriormente acortado en su extensión y convertido en el Himno Nacional de Cuba, fue compuesto por el poeta bayamés y mártir independentista Pedro Figueredo, en 1867.

Antes de iniciarse la contienda revolucionaria, Perucho Figueredo había elaborado la música, no así la letra. Una anécdota interesante cuenta, que en ocasión de una misa en Bayamo se tocó en el órgano de la iglesia dicha música bajo el pretexto de que era un himno religioso, el gobernador militar español, al escuchar los acordes, comentó que aquella música no tenía nada de religiosa y si mucho de marcha bélica.

Cuando los independentistas cubanos capturaron la ciudad de Bayamo, el 20 de octubre de 1869, el pueblo tarareaba la melodía insurrecta y al pedido del pueblo, Perucho, desde la montura de su caballo escribió la letra:

Al combate corred, bayameses,
que la patria os contempla orgullosa.
No temáis una muerte gloriosa,
que morir por la patria es vivir.

En cadenas vivir, es vivir
en afrenta y oprobio sumido.
Del clarín escuchad el sonido.
¡A las armas, valientes, corred!

No temáis los feroces iberos
Son cobardes cual todo tirano
no resisten al bravo cubano
para siempre el imperio cayó

¡Cuba libre! Ya España murió
su poder y su orgullo ¿do es ido?
Del clarín escuchad el sonido
¡A las armas, valientes, corred!

Contemplad nuestras huestes triunfantes
contempladlos a ellos caídos,
por cobardes huyeron vencidos
por valientes sabemos triunfar.

¡Cuba libre! Podemos gritar
del cañón al terrible estampido,
Del clarín escuchad el sonido
¡A las armas, valientes, corred!

Otro himno patriótico menos conocido es el Himno Republicano de 1868:

¡A las armas, valientes cubanos!
¡Despertad! Ya retumba el cañón
Y a los golpes del rudo machete
Brame herido el hispano león.

¡A las armas! Seguid de Bayamo
la cubana bandera triunfal,
que Bayamo con mano de bronce
arrancó de su suelo el dogal.

¡Al combate! ¡A las armas!, que España
Ve en América su último sol.
¡Al combate! ¡A las armas!, no quede
en la patria un soldado español.

En España el soldado combate
por ser libre, con noble furor…
pero en Cuba ese mismo soldado
sirve al trono del duro opresor.

Allá rompe la dura cadena;
acá, impone cadena servil;
libertad para España, y a Cuba
un gobierno despótico y vil.

Para alzar la compacta trinchera
Nuestra Cuba sus cedros dará,
y aprestando la mecha encendida,
artillero el patriota será.

Por profundo rencor adorado
el cuchillo de acero arbolad,
y en los potros soberbios tendidos
con sus cascos los cráneos pisad.

Volad, pueblos de Cuba, a las armas,
de la patria a la enérgica voz,
y en lugar de los haces de espigas
las gargantas segad con la hoz…

Que la virgen desdeñe al amante
que no vuele a la lid con valor;
que la madre coloque en la mano
de su hijo el puñal vengador.

Y para cerrar, no puedo dejar de hablar de otra famosa melodía patriótica, el Himno Invasor de 1895.

En el libro Memorias de la guerra, de Enrique Loynaz del Castillo (autor de esa marcha), este cuenta que recorriendo la casa de La Matilde, a poco de acampar, por curiosidad y para obtener raspadura de los miembros del Gobierno allí alojado. En las paredes del edificio Loynaz leyó algunos insultos escritos por los soldados españoles; en una ventana blanca y azul había algo distinto: unos bellos versos, bajo el dibujo de una pirámide, coronado por española bandera.

Quiso un compañero borrarla; pero Loynaz lo convenció de que las letras y artes, bajo cualquier bandera, son patrimonio universal ajeno a los conflictos de los hombres. En ese momento, en la otra hoja de la misma ventana, Loynaz pintó la bandera de Cuba, y bajo su glorioso palio, escribió los versos:

¡A las Villas, valientes cubanos!
A Occidente nos manda el deber
de la Patria arrojar los tiranos
¡A la carga: a morir o vencer!

De Martí la memoria adorada
nuestras vidas ofrenda al honor,
y nos guía la fúlgida espada
de Maceo, el Caudillo Invasor

¡Alzó Gómez su alfanje de gloria!
Y trazada la ruta triunfal,
¡cada marcha será una victoria!
la victoria del Bien sobre el Mal.

¡Orientales heroicos, al frente!
Camagüey legendario, avanzad
Villareños de honor, a Occidente
¡Por la Patria, por la Libertad!

De la guerra la antorcha sublime
en pavesas convierte el hogar;
porque Cuba se acaba o redime,
¡incendiada de un mar a otro mar!

A la carga, escuadrones, volemos,
que a degüello el clarín ordenó,
los machetes, furiosos, alcemos,
¡Muera el vil que la Patria ultrajó!

El autor de este himno aclara que alguna estrofa fue posteriormente suprimida o modificada durante la campaña. Originalmente, Loynaz quería denominarlo Himno de Maceo pero el Titán de bronce, enterado de la melodía y muy a gusto con ella, indicó que sería el Himno Invasor, ordenó además, montarla ese mismo día por la pequeña banda de música que lo acompañaba en los combates. El capitán Dositeo Aguilera, jefe de la banda, se encargó de los arreglos musicales pues hubo que bajar el primer compás de la música.

El tema continuará...

Atentamente.

Siochy



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Saludos foristas.

Esta primera parte del post es una continuación del anterior pues en esa oportunidad no tenía a mano el excelente libro del patriota Fernando Figueredo Socarrás titulado “La Revolución de Yara 1868 – 1878”, pero como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena.

A raíz de la noticia en el campo insurrecto del proyecto invasor a las Villas en el año 1873 se creó un primer Himno Invasor, bastante poco conocido, cuya letra fue escrita por un poeta villareño conocido como el Hijo del Damují y que consigno a continuación:

Hay unos valles, verdes, hermosos,
donde las cañas de oro se dan,
allí los déspotas codiciosos
nuestra riqueza gozando están.

¿No veis el fausto de los tiranos
que se sustenta con el sudor
de aquellos míseros africanos,
grosero insulto de su dolor?

Aire corrupto de bacanales
respira solo la juventud,
placeres lúbricos e inmorales
para privarles de la salud.

Salvar debemos a los cubanos
de tal sistema de corrupción,
y es noble empresa llevar, hermanos,
a aquellos pueblos la redención.

Los generosos pueblos de Oriente
de sus guerreros mandan la flor,
y con nosotros marcha el valiente
camagüeyano batallador

Alzad un himno que al éter suba
y que surcando rápido el mar,
al mundo enseñe que sabe Cuba
a sus tiranos acuchillar.

Y que en el pecho de los cubanos
ha puesto el cielo todo el vigor
de los torrentes americanos,
de los volcanes del Ecuador.

¡Hurrah! ¡A las Villas! Porque nos llama
la voz de un pueblo que gime allí,
en la ribera del Alabama
y en las orillas del Damují.

¡Oh, villareños! La luz de Yara
brilla anunciando la libertad,
en las llanuras de Villaclara
y en las colinas de Trinidad.

Proseguimos con el tema De la cultura militar cubana.

Las artes plásticas también ocuparon un lugar importante en las guerras de independencia. Aún sin pretender agotar un tema que tiene múltiples exponentes, no quisiera dejar de mencionar dos casos emblemáticos: el ilustrador norteamericano Grover Frint y el pintor cubano comandante Armando García Menocal, conocido también como el “Pintor de la Revolución”.

En el caso del primero, llamaban su atención detalles que tal vez para un periodista nativo eran comunes y corrientes, haciendo grabados que luego eran publicados en periódicos norteamericanos. Así aparecieron dibujos como el campamento mambí bajo un temporal, fechado el 27 de mayo de 1896 en Yaguaramas, el de un oficial mambí descansando en su hamaca, los varas en tierra que utilizaban los mambises, el de la cocina del Estado Mayor, el del número de caballería, los asistentes, el corneta de órdenes de Máximo Gömez y la partitura del toque de diana, los tipos de mambises, la vida en el campamento, la abanderada, la anciana al frente del hospital de sangre, el niño mambí con Máuser, el machete en vaina ricamente adornada, el correo a caballo, las prefecturas mambisas, sus talleres, las carretas cargadas de útiles para el Ejército Libertador, los combatientes conduciendo a un herido, los pacíficos trabajando la tierra, los majases, los cepos de campaña, la cura a un herido tras un combate, entre otros…

En el caso de Menocal este era profesor de la Academia de Artes Plásticas y se incorporó a las filas insurrectas el 5 de junio de 1895, siendo nombrado ayudante de Máximo Gómez. Además de participar en combates, ser herido y ascender en el escalafón del Ejército Libertador, Menocal pintaba escenas épicas relacionadas con la guerra, las cuales eran vendidas en el extranjero para recaudar fondos para la causa.

En el año 1906 pintó con carácter simbólico el cuadro “La muerte de Maceo”, el cual suscitó una tremenda polémica entre los protagonistas del suceso pues Menocal se auxilió del testimonio de José Miró Argenter, muy diferente al de otros participantes y el cuadro era inexacto desde el punto de vista histórico. Otros cuadros famosos de Menocal fueron “La invasión”, “Coliseo” y “La toma de Guáimaro”.

Atentamente.

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El culto al machete, herramienta de trabajo devenida en mortífera arma de combate, constituye uno de los elementos más importantes de la cultura militar cubana del siglo XIX.

Uno de los estudiosos de armamento en Cuba, el investigador Antonio Ramos Zúñiga en su libro “Las armas del Ejército mambí”, dedica un capítulo a tan singular arma y me apoyo fundamentalmente en sus informaciones como bibliografía.

Dice dicho autor que los primeros machetes llegaron a Cuba con los españoles formando parte de los bastimentos y provisiones de los barcos desde las primeras etapas de la colonización. Numerosos documentos antiguos demuestran que era muy común su introducción en Cuba ya desde el siglo XVI, desde entonces se alude a estos con el nombre de machete y de “calabozos” (este de hechura muy diferente al común).

Los historiadores no se han puesto de acuerdo sobre el origen y la antigüedad del machete, encontrándole si muchos parentescos con armas blancas europeas antiguas, orientales y árabes que lo recuerdan por su forma. Entre los predecesores más discutidos del machete, se mencionan: el Yagatán de los Tuaregs del Sahara y otro de tipo albanés; el Kandschar turco y el espadón chino T´ai tao (cuchillo grande). Almirante lo identifica con la espada de los pueblos celtas ibéricos, llamada Gladius Hispanus o espada celtíbera. Otros autores consideran que proviene de una espada corta de la antigüedad griega denominada machera. Lo único aceptado por todos es que el machete fue concebido originalmente como instrumento de trabajo y no como arma de guerra.

De España provinieron los primeros machetes, pero también nació el modelo cubano, forjado en las fraguas de Cueva, en la villa habanera de Guanabacoa. A este machete el pueblo gustaba llamarlo simplemente guanabacoa y estuvo en boga hasta bien entrada la primera mitad del siglo XIX.

Respecto a las marcas y procedencias de los machetes en el Diccionario de Esteban Pichardo (1836), se explica que en Cuba se distinguían tres clases de machetes:

“… el que usan generalmente los guajiros o campesinos tiene una longitud de más de una vara; hoja recta, de un filo que termina en punta por su corte diagonal; el cabo enchapado de concha de carey con clavos de oro, plata, etc, según el mayor o menor lujo, con cuatro bocados que se ajustan en los dedos: su peso demanda un brazo nervudo; su temple, especialmente los fabricados en Guanabacoa, es a prueba de clavo, esto es, partiendo un clavo de un machetazo sin mellarse. Se denomina machete de cinta o de concha cuando tiene guarnición, figurando una concha en un solo lado, de plata comúnmente; si carece de ella no excediendo su total longitud de una vara, se llama de Media cinta. Otra clase de machete es el Calabozo. Últimamente la que nombran Hoja es de una longitud media entre las dos precedentes, la punta algo corva y algo de cuerno, ligera y propia para los trabajos de campo (…) Otro machete son los Navajones, traídos de los EE.UU.: son de buen temple, anchura dos pulgadas, longitud una vara; el filo termina redondeado por la punta. Machete de patente nombran ahora al que viene de los EE.UU. parecido al calabozo; pero más corto y ancho 3 pulgadas, ligero que se emplea con preferencia para el corte de caña y aún para el chapeo.”

En Cuba no existió un machete de forma y marca única. En los lotes embargados al término de la Guerra de Independencia figuraban casi veinte marcas inglesas, alemanas y norteamericanas.

Los machetes más comunes eran los llamados garantizados o Collins de media cinta fabricados por la firma Collins de Hartford. El Collins o Collín – tal y como se cubanizó – fue el machete más familiar en los campo de Cuba en el siglo XIX, sustituyendo al antiguo “Calabozo” en la preferencia del guajiro. Una frase muy corriente en la etapa era: “Lo mataron, le metieron el cuchillo hasta donde dice collín” – no importaba que el arma homicida no fuera precisamente de esa marca -.

Otras marcas muy corrientes fueron la alemana Fernando Esser, de Elberfeld (Maceo utilizó en la Guerra del 95 un machete de este tipo); la Luckhaus Günter, de Remscheid y la Weyerberg, de Solingen, entre otras alemanas.

El machete rural, denominado paraguayo, de hoja larga, fina y recta, era el favorito en la pelea; este y el Collíns fueron los más populares usados en Cuba desde el inicio de las guerras independentistas.

Este tema continúa…
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Continuamos con el tópico dedicado al machete.

El machete también fue adoptado por el ejército colonial español formando parte del equipo militar auxiliar de las compañías auxiliares de gastadores y artilleros. Reemplazó al hacha que empleaban estos cuerpos desde el siglo XVIII. De 10 de febrero de 1877 data la real orden que instituyó el modelo correspondiente a 1843, fabricado en Toledo, como útil de gastadores. En 1872, el machete quedó implantado como arma de guerra en las tropas españolas, sustituyendo parcialmente a la bayoneta; muchas compañías organizaron secciones de macheteros y también las contraguerrillas. Incluso, los músicos prefirieron el machete al espadín como adorno marcial.

Resulta muy interesante escuchar el testimonio de varios veteranos mambises en el año 1968 para la edición del centenario por el alzamiento independentista de Yara.

Carlos Leal Hernández: “Yo usaba el machete antes de la guerra cortando palos y estacas para amarrar los bueyes. Había muchas clases de machetes. El paraguayo, el collín: largo, buen yerro era para cortar alambre. Yo, para pelear, cogí un collín que trajo el general Rius Rivera de los EE.UU.: con ese yerro terminé la guerra. Los españoles le tenían mucho miedo al machete.”

Juan Cedeño: “Yo peleaba con machete collín. Los españoles también tenían machete, pero usaban más los fusiles. El fusil del mambí era el machete. Para tener fusiles, cortamos muchas cabezas en la loma de Peralejo.”

José Chamizo: “Tengo 102 años. Mi jefe era Pedro Vidal. Luego me embullé y me fui con Maceo que siempre tenía fiesta con el machete. No, collín y paraguayo no es lo mismo: el paraguayo es más largo. El collín era mejor: mejor acero, buen peso y de fácil manejo. No, no, Antonio Maceo no sacaba el machete como los demás: el lo sacaba de atrás, porque lo llevaba siempre pegado al fondillo, al nalgatorio. Ya, con el físico, Maceo se imponía a uno. Cuando gritaba: ¡Al machete! todo el mundo se espantaba. Él prefería el machete a la escopeta, porque cuando el machete coge es que coge. Yo también, yo me quedo con el machete...”

Cayetano Vázquez: “(...) Que va, los machetes que traían los españoles eran inferiores a los que se fabricaban en Cuba y en los EE.UU. Los de los españoles eran malos, yo me encontré uno en la yerba guinea y lo tiré contra una piedra y se escachó: era una ñinga. El machete me lo quitaron los norteamericanos, cuando la intervención, en Sancti Spíritus, me dieron 75 pesos de mierda. Después me dieron otro machete... pero para guataquear caña a ocho centavos el surco.”

En el libro de memorias del mambí José Isabel Herrera, alias Mangoché, este patriota cuenta que a raíz de las acciones del 19 de febrero de 1896 en Moralitos, San Pablo y Catalina de Güines, en La Habana, él vio a pasar a un compañero a caballo que le comentó que iba herido (en esas acciones combativas los mambises tuvieron unas ciento cincuenta bajas entre muertos y heridos), pero que según Mangoché, llevaba un macabro trofeo, una mano española cortada empuñando un sable que fue cortada del tajazo.

Sobre el modo muy peculiar de lanzar el machetazo por los mambises, en la revista Bohemia del 24 de febrero de 1952 apareció publicado:

“Es muy cierto que estos titanes lucharon con el machete en la mano y también es muy cierto que en plena batalla a Antonio Maceo se le partió la hoja del machete dos veces y siguió a los puños. Las razones por las cuales usaban el machete eran bien sencillas. Una porque las únicas armas de fuego que tenían eran las que lograban quitarle a sus enemigos y la otra porque el machete de por sí tiene su gracia. En mano diestra, el machete tiene conciencia propia; sabe que hierba cortar y cual no tocar.

El dato que divulgamos es que el golpe del machete era dirigido al cuello y hacia abajo, no hacia arriba ni tampoco en forma horizontal. Se dieron los casos de algunos soldados que perdieron la cabeza en los enfrentamientos con los mambises. Sin embargo fueron muchos más los que tuvieron que ser retirados con las clavículas fracturadas. Por eso el golpe al cuello y hacia abajo, porque es tal vez más efectivo cuando falla. Si le corta la cabeza, elimina a un soldado. Si le fractura la clavícula deshabilita al menos tres; al herido más otros dos que lo puedan cargar. Claro, cuando se daba la orden de Al Degüello, ya era otra cosa y el machete se deslizaba en honda diferente.”

Otro mambí que ilustra una caso de machetero fuera de serie en el Ejército Libertador es el general mambí José Miró Argenter, este testimonio hay que mirarlo con un poco de recelo pues el ilustre catalán era un poco exagerado y no porque lo diga yo, sus compañeros de contienda así lo afirman.

Miró afirmaba que el mejor machetero que el conoció, en ocasión de encontrarse descalzo, en plena batalla lanzó un machetazo que cercenó ambas piernas a un soldado español mientras el insurrecto se apoderaba de piernas y botas incluidas.

Este tema continúa...

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Siochy



siochy
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De la cultura militar cubana.

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Saludos foristas.

Continuamos con el tópico dedicado al machete.

El machete también fue tema de inspiración para poetas cubanos como el patriota Enrique Hernández Miyares quien en 1896 escribió el poema que transcribo a continuación:

El Machete.

Te recogió herrumbroso en el sendero
membrudo brazo de ejemplar cubano;
limpió tu herrumbre el patriotismo sano,
y brilló cual relámpago tu acero.

Blandiéndote el patriota altivo y fiero,
trocóse en el horror del bando hispano,
terrible el golpe, el filo soberano,
el antes dócil e industrioso apero.

Hoy, entre el batallar y la pelea,
mientras la rabia sórdida arremete,
surge a tu paso la inmortal idea;
y es en vano si ciego la acomete
la tropa hispana en infernal ralea,
porque vence terrífico el machete.

Y es que machete y cargas fueron sinónimos de memorables hazañas en las luchas de independencia cubanas, precisamente, en la famosa “carga del carril” durante la batalla de Las Guásimas, en el año 1874, el poeta comandante Ramón Roa improvisó los siguientes versos que también transcribo:

La carga.

¡A la carga! Es la voz ronca y atronante ,
difúndese en las filas del bélico escuadrón,
a ellos! A la carga! Arriba! Y adelante!
se sigue repitiendo en alto diapasón.

El bruto se sacude irguiendo la cabeza,
la espuela punzadora devórale el ijar;
el freno ya no estorba su indómita fiereza
y juzga corto el llano el ansia de volar.

Se oprime furibundo impávido guerrero,
tostado por los rayos del astro abrasador,
que blande en la derecha mortífero el acero
de temple que da solo el fuego del honor.

Al bárbaro enemigo intrépido se lanza;
las armas ya se chocan , comiénzase la lid:
se escucha el hondo grito de rabia y de venganza
que exhala sobre el campo frenético adalid.

Prolóngase la lucha y espesas se levantan
nubes de humo y polvo en medio del fragor;
el ruido va cesando... y al hombre no le espantan
los cráneos divididos por filo destructor.

Es nuestra la victoria; ya postrase vencido
goteando roja sangre el déspota cruel,
de niños y mujeres verdugo aborrecido,
dejad que un continente maldiga siempre de él.

Los vítores no oís? El pueblo arrebatado
del triunfo la guirnalda a un joven le ciñó;
al joven extranjero de espíritu elevado *
que a Cuba, en la gran lucha, su brazo le ofreció.

Por eso los valientes que él lleva a la victoria
que ven las cicatrices que el bravo tiene ya,
le miran de la Patria cual página de gloria
que de uno en otro siglo la Fama llevará.

* El joven extranjero era Henry Earl Reeve, conocido también como "El Inglesito" o "Enrique el americano", sobre esta figura tratará el próximo trabajo.

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Mensaje por siochy »

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Alejado unos días del tema dada la carga de trabajo personal, aquí estamos otra vez. Hoy la propuesta que traigo promete ser interesante y antes de entrar en materia me gustaría hacer una anécdota.

Siendo un niño un día visitaba una casa de familiares en Güines, provincia Habana, cerca del pequeño pueblo donde vivo, tenía por aquel entonces unos doce o trece años y ya tenía nociones de Historia de Cuba, asignatura que como una bella mujer, me seducía y seduce en grado sumo pues una página de historia es como una caricia de mujer.

Volviendo al cuento, en la casa había un curioso visitante, un señor muy mayor, ya debe haber fallecido, con quien conversé de muchos temas y entre ellos, de la Historia de Cuba. Ese señor me contaba por aquel entonces que escribía un libro sobre “El inglesito”, yo rápidamente repliqué: - ¡Ahh, sí, sobre Henry Reeve! (personalidad del que ya conocía de mis andanzas en libros de historia) y ese señor me contestó: - No, no, ese es “El inglesito” que tú conoces, yo estoy escribiendo un libro del “Inglesito” güinero.

Como era lógico, yo entonces no comprendí. Pasaron muchos años y pude conocer que mi municipio Güines, tenía una ilustre personalidad de la Guerra de Independencia apodado como “El inglesito”.

Desgraciadamente, nunca pude leer el libro del anciano y tampoco se si llegó a terminarlo o publicarlo. Lamentablemente, muchos güineros no conocen hoy en día de la existencia de este mambí de Güines, mucho menos conocido que “El inglesito” Reeve.

Precisamente por estas razones, hoy propongo traer a este tema las biografías de los dos “Inglesitos” de la gloriosa Historia de Cuba en los años de la lucha independentista.

Henry M. Reeve (“El inglesito”)

Nació en Brooklyn, Nueva York, EE. UU., en 1850. Participó en la Guerra de Secesión de su país vistiendo el uniforme del ejército del Norte donde fue tambor.

Para participar en la guerra de los Diez Años se enroló en la expedición del Perrit con el nombre de Henry Earl y el cargo de soldado ordenanza a las órdenes del general Thomas Jordan, jefe de esa expedición que desembarcó el 11 de mayo de 1869 por la península de El Ramón, en la bahía de Nipe, en la costa norte de Oriente. Ese mismo día sostuvieron su primer combate, magistralmente narrado en el libro Episodios de la “Revolución cubana”; cinco días después Reeve tuvo su bautismo de sangre en otra acción en la región de desembarco.

El día 20 de mayo los expedicionarios tuvieron un encuentro con los españoles en Canalito y poco después el combate de La Cuaba, cerca de Holguín, donde los expedicionarios fueron derrotados y obligados a retirarse. En otro encuentro allí mismo, Reeve fue capturado el 27 de mayo de 1869, junto con otros compañeros siendo pasado por las armas en un fusilamiento en masa. Los cuatro impactos de bala que recibió durante la ejecución no fueron mortales, por lo que logró escapar. Deambuló dos días hasta que fue conducido al campamento cubano El Mijail, donde se encontraban las fuerzas del general de brigada Luis Figueredo.

El 13 de junio de 1869 Reeve recibió los grados de sargento segundo y tras reponerse de sus heridas, decepcionado de los fracasos, solicitó ser transferido a Camagüey para presentarse al Presidente Céspedes y pedirle que se le reintegrara a las fuerzas de Jordan. Se cuenta que Reeve no hablaba el idioma castellano y se aplicaba en ese sentido con el genial libro Don Quijote de la Mancha.

El jefe Figueredo, disgustado por la decisión del joven norteamericano, escribió en el pase de transferencia “inepto e inservible para el servicio de armas”. En los primeros días de octubre de 1869 fue nombrado ayudante de Jordan, entonces jefe del EMG del Ejército Libertador.

Después de la renuncia de Jordan, Reeve pasó al 1er Escuadrón de Caballería de la Brigada Norte de Camagüey, bajo el mando del general de brigada Cristóbal Acosta. El 16 de mayo de 1870 fue nombrado jefe de la Sección de Exploración.

En ese año participó en los combates de Tana, Imías y La Jagua (18/11/1870) donde resultó herido. En marzo de 1871 pasó a subordinarse directamente al Mayor General Ignacio Agramonte, en la caballería camagüeyana. Es herido en el combate Hato Potrero (25/05/1871) y participa además en las acciones de La Entrada y El Mulato. El 8 de octubre de 1871 encabezó la extrema vanguardia de los 35 hombres que participaron en el heroico Rescate de Sanguily (ver Batallas y combates relevantes de la Historia de Cuba).

En el mismo 1871 participó en los combates de El Plátano, La Redonda, San Ramón de Pacheco, San Tadeo, La Matilde y Sitio Potrero (27/11/1871), donde fue herido nuevamente.

El 29 de noviembre de 1872 es herido en el abdomen, lo que lo obliga a permanecer dos meses inactivo. De las secuelas de esa herida padeció hasta su muerte. En 1873 se destacó en los combates de Ciego de Najasa, Soledad de Pacheco y Cocal del Olimpo. Acompañó a Agramonte en el combate de Jimaguayú, donde cayera este jefe mambí, tomando Reeve el mando de la división hasta entregarlo al Mayor General Máximo Gómez.

Antes de proseguir es bueno contar dos anécdotas: El mayor general Ignacio Agramonte y los camagüeyanos no llamaban a Henry Reeve del mismo modo que en otras regiones donde le decían “El inglesito”, Agramonte le llamaba “Enrique el americano”. La otra anécdota cuenta que cuando llegaba Gómez, un soldado le informó a Reeve que llegaba “El Mayor”, a lo que “El inglesito” replicó que sería el mayor general Máximo Gómez porque “El Mayor” era uno solo y había caído en Jimaguayú.

Reeve libró nuevos combates en 1873, entre ellos El Yucatán. En julio se subordina a Gómez quien lo nombró jefe de la caballería de la 1ra División participando en los combates de Las Yeguas, La Luz y Atadero. En el combate de Santa Cruz del Sur (28/09/1873), cuando se enfrentaba a un cañón español que provocaba estragos en la caballería mambisa, recibió graves heridas en la pierna. Se cuenta que “El inglesito” tocó con su machete el lomo de la pieza y exclamó: ¡Tomado!”, tras aniquilar a parte de la dotación y en ese momento fue alcanzado por el fuego de los fusiles.

Seis meses demoró en recuperarse de la herida y tuvo que adaptársele una prótesis metálica en la extremidad afectada que quedó más corta. También hubo de crearse un dispositivo que lo mantenía erguido sobre su caballo.

El 20 de junio de 1874 recibió el mando de la 1ra División y el 04/07/1874 resultó herido en la mano y en el pecho en el combate de San Antonio de Camujiro, cerca de Puerto Príncipe.

El 6 de enero de 1875 apoyó el cruce la Trocha de Júcaro a Morón por el contingente invasor encabezado por Gómez hacia Las Villas, Reeve quedó al mando de las fuerzas en Camagüey, pero poco después solicitó permiso para unirse a las fuerzas invasoras, diciendo: “Quiero que las auras de Occidente devoren mi cuerpo”.

Tras incorporarse a las fuerzas de Gómez fue nombrado jefe de la 2da División, que abarcaba Cienfuegos y el resto de la Isla en occidente. El día 30 de noviembre de 1875 cruzó el río Hanabana penetrando en Matanzas y convirtiéndose en vanguardia del contingente invasor.

Reorganizó y encabezó la Brigada de Colón y a fines de 1875 libró los combates de Los Cupeyes, Santa Isabel de las Lajas, Los Abreus, Cocodrilos, Quemado Grande, Santa Teresa, Espinal, Lagunillas, Orbea y otros. Entre los combates de 1876 se encuentran los de Aguacate, Guanal Grande, Zacatecas y río Hanabana (25/07/1876), donde fue herido.

El 4 de agosto de 1876, en desigual combate en la sabana de Yaguaramas, resultó herido en el pecho y la ingle. Derribado del caballo e inutilizado para caminar, recibió otro balazo en el hombro. Con su habitual sangre fría y valor, continuó combatiendo hasta que, agotadas las fuerzas y las municiones, se dio un balazo en la sien para no caer prisionero de los españoles.

A Henry M. Reeve “El inglesito” se le adjudica haber participado en 400 acciones combativas, de las que en diez fue herido. Varios historiadores lo citan en la batalla de Las Guásimas (del 15 al 19/03/1874), más realmente no participó en este combate por estar convaleciente de la herida recibida en Santa Cruz del Sur.

Se utilizaron como fuentes el tomo I del Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba, el libro El Mayor y el libro “Reeve, el Inglesito”.

Este tema continuará con la biografía del otro “Inglesito”…

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Saludos foristas.

Excelente noticia, tengo en mis manos la edición digital de los tres primeros tomos del Diccionario Enciclópédico de Historia Militar de Cuba. Ahora puedo ahorrar muchísimo tiempo que antes tenía que invertir en teclear y precisamente, de dicha fuente, la breve reseña que prometía sobre el coronel mambí Alfredo Gould Acosta, alias "El Inglesito".

Alfredo Gould Acosta (1872-1896)

Coronel. Nació en Güines, La Habana, en 1872. Conocido como El Inglesito. Ingresó en el EL el 6.6.1895, con grado de Cptán. En el transcurso de ese año combatió en el ingenio Maravilla (22 de agosto), Guacamaro (9 de septiembre), ingenio Jesús María (11 de septiembre), Tibes (15 de septiembre), Cementerio de Cárdenas (20 de octubre) y El Dichoso (finales de octubre). El 13.3.1896, el My Gral Antonio Maceo lo designó para integrar, con grado de Cmdte, la recién creada unidad Zapadores de Julio Sanguily, bajo el mando del Tte Cor Enrique Fournier. Esa unidad operó un tiempo en la provincia de Matanzas, subordinada al Gral Brig José Lacret y después se desactivó. En esa oportunidad Gould fue nombrado jefe del Rgto Independencia (1Brig 1 Div 5 Cpo), también en la provincia de Matanzas. En 1896 participó en los combates de Recreo y Navajas (7 de enero), Güira de Macurijes (27 de enero), Realengo (14 de febrero), nuevamente en Navajas (30 de marzo), Vieja Bermeja (8 de abril), de nuevo en el cementerio de Cárdenas (29 de mayo), Magdalena (14 de junio) y Hato de Jicarita (3 al 6 de julio). El 31 de agosto atacó y tomó el poblado de Bolondrón, junto con el entonces Tte Cor Clemente Dantín. El 27.9.1896 cayó mortalmente herido en San Nicolás de Bari, La Habana. Ascensos: Cmdte, 5.1.1896; Tte Cor, 3.7.1896; Cor, 10.9.1896.

Lamentablemente este patriota no figura como uno de los mártires a los que se rinde tributo en la entrada de cada pueblo. Lo afirmo con propiedad porque pertenezco a Güines como municipio y su imagen y nombre no está.

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Una de las temáticas que me gustaría abordar dentro de este tópico es la referida a la pena de muerte en Cuba a lo largo de su historia. Tema singular, pues muchas personas encontraron el fin de sus días condenados a muerte por las razones más disímiles.

El primer ejecutado que se registra en la historia cubana, fue el cacique de origen quisqueyano Hatuey o Yahatuey, quien según algunos historiadores, fue quemado vivo el 2 de febrero de 1512 en Macaca, lugar situado entre Manzanillo y la Sierra Maestra. Otros historiadores han afirmado que este hecho se produjo en 1513 en el poblado de Yara, para lo cual existen dos versiones: el Yara de Manzanillo, donde Céspedes inició la gesta del 68, y el Yara de Baracoa, donde se erigió un monumento conmemorativo a dicho hecho.

Cabe resaltar que Hatuey es condenado a muerte por hereje y rebelde, según los conquistadores españoles y sabido es por todos que la Inquisición, con sólida influencia en España, condenaba a morir en la hoguera, práctica que se aplicó en el caso de Hatuey.

Una anécdota del suplicio del indígena referida por Fray Bartolomé de las Casas, cuenta que momentos antes de ser incinerado, el sacerdote franciscano Juan de Tesín trató de convertirlo al catolicismo describiéndole las delicias del paraíso, pero al enterarse el condenado de que los españoles también iban al cielo se negó rotundamente a aceptar dicha religión.

Durante muchos años el tipo de pena de muerte aplicada por las autoridades coloniales en Cuba fue la horca. Ejemplos sobresalientes se ven en la sublevación de los vegueros de 1723, cuando once campesinos sublevados, tras ser capturados por las tropas españolas fueron ahorcados y sus cadáveres quedaron colgados en los árboles del camino a Jesús del Monte como escarmiento.

Otro caso que lo ilustra fue la ejecución el 16 de marzo de 1826 en la Plaza Mayor de Puerto Príncipe, de Francisco Agüero Velazco, alias “Frasquito” y Andrés Manuel Sánchez, los cuales conspiraban por la independencia de Cuba.

Otra forma de ejecutar la pena de muerte durante la etapa colonial fue el llamado garrote. Oficialmente introducido en Cuba en el año 1832. el vocablo “garrote” se utilizaba para nombrar una máquina patibularia que desempeñaba la misma función del palo o garrote que antiguamente se introducía entre la cuerda y la parte posterior del cuello del ajusticiado. Este palo hacía el oficio de una palanca, la cual estrangulaba la víctima.

El garrote servía, como apuntábamos, para ajusticiar delincuentes en la aplicación de la pena de muerte y también para ultimar patriotas que conspiraban y luchaban por la independencia de Cuba.

Existían varios tipos de muerte por garrote. Se le llamaba “garrote ordinario” a la pena impuesta a cualquier persona; “garrote vil” a los que morían por haber cometido delitos infamantes, sin distinción de clases; y “garrote noble”, al que era aplicado a los hijos de hidalgos. En estos últimos se cubría la cabeza de la víctima con un paño que ocultaba la agonía.

La primera víctima a la que se aplicó la pena de “garrote vil” fue la negra esclava María Caridad, acusada de haber dado muerte a un niño para utilizarlo en prácticas de brujería. Su ejecución tuvo lugar el 22 de julio de 1832, en la localidad habanera de San Antonio de los Baños. María Caridad fue conducida al patíbulo dentro de un serón atado a la cola de un caballo. Después de ejecutada, el verdugo le cortó la cabeza y la mano derecha, y ambas fueron colgadas dentro de una jaula en un lugar público, para escarmiento de la población.

En otros lugares del país también se realizaron ejecuciones al garrote, como por ejemplo, en Trinidad, donde fueron ultimados los negros Juan José Armenteros, Bartolo Bastidas y Baltasar Fernández, quienes llevaron a cabo una sublevación de esclavos. Los tres fueron condenados al garrote vil y ejecutados el 25 de mayo de 1838. a los cuerpos de Bartolo y Baltasar, le fueron cortadas la mano derecha; y la de este último fue expuesta en los suburbios de la localidad. En el mismo lugar donde se expuso la diestra del infeliz esclavo, el pueblo dio en llamarle “la mano del negro”. Y así se le quedó.

Según cuentan los historiadores el garrote tenía varias partes, pero lo que en realidad mataba era un aro de hierro que se atravesaba en el cuello del reo, al que en la jerga carcelaria se le llamaba “corbatín”. Este estaba unido a un poste de madera que descansaba sobre un tablado, el cual se ajustaba a un tornillo de acero apara sujetar la palanca sobre la que daba vueltas el palo o garrote.

También se necesitaba una banqueta – que generalmente era de madera – para que se sentara el reo, y dos esposas de hierro con las cuales se le inmovilizaba las manos. Uno de los últimos sentenciados a “garrote vil” fue el negro brujo Bakú, quien a pesar de todo, no pudo ser ejecutado de esta forma, porque el corbatín no le sirvió debido al grueso de su cuello.

Entre los patriotas ejecutados en la pena de “garrote vil” podemos nombrar a Eduardo Faccioso Alba, joven tipógrafo que editó clandestinamente el periódico La voz del pueblo cubano; Isidoro Armenteros, Rafael Arcía y Fernando Fernández; los hermanos Betancourt, así como Domingo Goicuría y el catalán Ramón Pintó, quien fuera redactor del diario El noticioso y Lucero de la Habana, donde firmaba con el seudónimo de Vestusto Claro, y quien conspiró activamente por la libertad de Cuba.

El 1 de septiembre de 1851 fue ejecutado en “garrote vil” en la explanada de la fortaleza de La Punta el venezolano Narciso López quien había sido capturado tres días antes en lo que sería su última expedición a Cuba.

Actualmente en Cuba se exhibe una réplica del garrote en la fortaleza San Carlos de la Cabaña. Durante las obras de restauración de dicho parque histórico – militar, allí se encontró un original por los obreros que desconociendo para que servía el mismo y creyéndolo inservible, lo arrojaron al mar.

No está clara la fecha en la que el fusilamiento vino a sustituir al garrote como pena de muerte oficial aplicada por las autoridades españolas. Para 1843 la situación se torna muy peligrosa para el dominio español en Cuba, por lo que las sublevaciones de negros esclavos eran sofocadas realizando masivas matanzas y ejecuciones de negros.

Pero las acciones abolicionistas se repetían y la situación llegó a su clímax en 1844, al descubrirse una vasta conspiración que comprendía negros libres y esclavos, y en la que estaban implicados también intelectuales y profesionales blancos de distintas clases sociales.

Se trataba de la conspiración de “La Escalera”, así llamada posteriormente porque a los negros se les amarraba a una escalera y allí se les azotaba con látigos hasta que confesaban o morían. Según el balance hecho por el destacado profesor cubano Sergio Aguirre, más de trescientos negros y mulatos murieron por las torturas; setenta y ocho fueron condenados a muerte y ejecutados; más de seiscientos, condenados a prisión en Cuba y más de cuatrocientos, expulsados de la Isla.

Entre los ejecutados había conocidos intelectuales y profesionales mulatos como el célebre poeta Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), el músico José Miguel Román, el dentista Andrés Dodge y el hacendado Santiago Pimienta, todos de la ciudad de Matanzas.

Este tema continuará…

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Continuamos con el tema de la historia de la pena de muerte en Cuba.

No está concretamente definido cuando fue el primer fusilamiento de la autoridades coloniales españolas en Cuba, lo cierto es, que en la mitad del siglo XIX este tipo de ejecución comenzó a suplantar al “garrote”.

En el año 1851 se produjeron dos fusilamientos famosos. El de Joaquín Agüero Agüero, el 12/08/1851, en sabana de Arroyo Méndez, Camagüey y el de Isidoro Armenteros Muñoz, quien había sido teniente coronel de milicias en Trinidad y se sublevó en apoyo a Agüero, fusilado 18/08/1851 en Mano del Negro, cerca de Trinidad.

Como detalles complementarios a estas muertes, podemos agregar, que a Joaquín Agüero Agüero se le condenó inicialmente a morir en el “garrote vil”, pero, por indisposición del verdugo, según algunas fuentes, o por envenenamiento de este, según otras, la sentencia se cambió a paredón. En el caso de Armenteros, se le fusiló de espaldas, pues se le consideraba traidor a las filas españolas.

Con el inicio de las guerras independentistas cubanas, el fusilamiento pasó a ser cotidiano y gran número de patriotas cubanos fueron ejecutados de esta forma.

Las autoridades españolas utilizaron este tipo de ejecución para tratar de extirpar el fenómeno separatista a través de la más pura represión. Blas Villate, el conde de Valmaseda, ordenó fusilamientos que no distinguieron sexos, razas y edades incluyendo a la población civil durante su famosa “Creciente” en el oriente cubano. Célebres por su crueldad fueron los llamados fusilamientos en Jiguaní.

El 27 de noviembre de 1871 se produjo uno de los hechos más abominables de la historia colonial cubana, cuando fueron fusilados en horas de la tarde en la explanada del castillo de La Punta, ocho jóvenes estudiantes de medicina, (Eladio González, Carlos A de la Torre, José de Marcos Medina, Pascual Rodríguez y Pérez, Anacleto Bermúdez, Alonso Álvarez de la Campa, Ángel Laborde y Carlos Verdugo) acusados de un crimen que a la postre, se demostró no habían cometido.

Para colmo, un tribunal anterior que había dictado sentencia, tuvo que repetir el juicio para calmar la sed de sangre que se había apoderado de los voluntarios de la capital cubana. Los jóvenes, algunos, elegidos al azar y otros, como Carlos Verdugo, que ni siquiera se encontraba en La Habana al producirse los hechos, fueron fusilados, contrariamente a lo que se piensa, de dos en dos, de espaldas y arrodillados.

Otro episodio denigrante fue el fusilamiento masivo a los expedicionarios del “Virginius”. El 11/05/1873, 53 expedicionarios capturados en aguas de Jamaica por el vapor “Tornado” fueron conducidos a Santiago de Cuba donde, tras un proceso sumario fueron fusilados. Solo la llegada a la bahía de una nave de guerra inglesa pudo impedir que todos los expedicionarios fueran ultimados.

A continuación, se exponen los nombres y apellidos de patriotas cubanos ejecutados en este período, con la distinción de sus altos grados militares o de su destaque en otros campos, como en el caso del poeta Zenea. Aquí está una muestra que es bien parcial, faltan los nombres de cientos de cubanos que murieron ante el paredón español.

ACOSTA PÁEZ, Cristóbal (¿-1874)
General de Brigada. Su muerte es citada en versiones contradictorias por diferentes fuentes: muerto en combate; fusilado por los españoles; fusilado por los cubanos; muerto en un encuentro con los propios cubanos cuando intentaban detenerlo por haber estado involucrado en una sedición.
AGUILERA CRUZ, Delfín (¿-1869)
General de Brigada. Fue hecho prisionero por el enemigo y fusilado, en Santiago de Cuba, el 24.4.1869.
ARMAS, Antonio de (1870)
General de Brigada. El 29 de diciembre de 1870 cayó prisionero y fue fusilado dos días después, en Paso Guayabo, Colón.
AURRECOECHEA IRIGOYEN, José María (1841-1870)
General de Brigada. Venezolano. El 9.12.1870, junto con su jefe de EM Facundo Cable fue fusilados el día 11 en Holguín.
BARRIO HOWARD, Félix Germán (1834-1871)
Teniente Coronel. El 26.11.1871 resultó herido y hecho prisionero en Sitio Hondo. Al día siguiente fue fusilado.
BEAUVILIERS, Eloy (¿-1871)
General de Brigada. Francés. Capturado y fusilado.
BONACHEA HERNÁNDEZ, José Ramón Leocadio (1845-1885)
General de división. Fusilado el 7.3.1885, en los fosos del castillo del Morro de Santiago de Cuba.
CASANOVA JIMÉNEZ, Mateo (1814-1871)
Mayor General. En ese año fue hecho prisionero por el enemigo y fusilado sin proceso previo.
CÉSPEDES DEL CASTILLO, Pedro María de (1825-1873)
Coronel. Fue fusilado en Santiago de Cuba, el 4.11.1873.
ESTRADA VARONA, Plutarco (¿-1885)
Coronel. fue fusilado en los fosos del Morro de Santiago de Cuba, el 7.3.1885, junto a Bonachea y otros tres compañeros.
FERNÁNDEZ-CAVADA HOWARD, Federico Eduardo Isidro (1831-1871)
Mayor General. Fue delatado y hecho prisionero, el 30.6.1871. Lo condujeron a Nuevitas, donde fue fusilado un día después.
FIGUEREDO CISNEROS, Pedro “Perucho” (1819-1870)
Mayor General. Fue capturado, conducido a Santiago de Cuba y fusilado el 17/08/1870.
REGÜEFEIROS GRAJALES, Felipe. Fusilado siendo capitán. (Hijo de Mariana Grajales)
REGÜEFEIROS GRAJALES, Justo. Fusilado siendo capitán. (Hijo de Mariana Grajales).
LÓPEZ COLOMA, Antonio (1859-1896).
Fue hecho prisionero cuatro días después y conducido a La Habana. Condenado a la pena de muerte, fue en La Cabaña fusilado.
MARCANO ÁLVAREZ, Francisco (1829-1870)
General de Brigada. Dominicano. Fusilado en Santiago de Cuba.
MÁRMOL BALLAGAS, Eduardo (1823-1871)
General de Brigada. Fusilado en Júcaro, en junio de 1871.
MONZÓN, Juan (?-1869)
Coronel. Canario. Fusilado por los mambises por atropellos a civiles.
MORA PERA, Ignacio (1829-1875)
Esposo de Ana Betancourt. Fue fusilado el 14.10.1875.
PEÑA, José Manuel (¿-1873)
General de Brigada. En abril de 1872 cayó prisionero de los españoles y fue
fusilado.
POLHAMUS, Mariano (¿-1870)
Coronel. Fue hecho prisionero por el enemigo y fusilado.
ROSADO LORIÉ, Pío (1842-1880)
General de Brigada. Fue capturado y fusilado en Bayamo.
SANTA ROSA MILANÉS, Agustín (1822-1873)
Teniente Coronel. Fue juzgado y fusilado el 8.11.1873.
VARONA BORRERO, Bernabé (Bembeta) (1845-1873)
General de Brigada. Juzgado el 3.11.1873, y fusilado un día después.
ZENEA, Juan Clemente (1832 - 1871)
Poeta fusilado por los colonialistas españoles.

Este tema continuará...

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Continuamos con el tema de la pena de muerte en la historia cubana.

Por el bando independentista la pena de muerte también estaba contemplada. Se aplicaba a los casos de traición y en determinados momentos de la guerra del 68 se enfatizó la necesidad de aplicar el decreto Spotorno (Presidente de la República en Armas que en dicho decreto ordenó pasar por las armas a todo aquel que traicionara o hablara de paz) hasta a su propio autor que en la guerra del 95 vino al campo insurrecto con intenciones de hacer desistir a sus compañeros de continuar la lucha.

Por supuesto, las condiciones en el campo mambí exigían variantes en cuanto a la aplicación de la pena de muerte. Normalmente se fusilaba, si había suficientes balas, también se ahorcaba (especialmente a los guerrilleros) y hasta se macheteaba.

Ahora mismo me viene a la mente un caso narrado por el mambí José Isabel Herrera "Mangoche" quien describía el insulto de un compañero al que habían designado para la ejecución de un mambí. El caso fue que la víctima fue ultimada a machetazos y alcanzado, ofendió a la mamá del victimario. Este último decía: ¡coñ*! Y yo que le tiré con consideración.

Otro caso muy interesante es descrito por Bernabé Boza, ayudante del Generalísimo Gómez. Este contaba que en una mañana Gómez amaneció insultado con la tropa por causa de dos ladrones en la tropa, que si para eso el no había venido a luchar a Cuba, que si aquello, que si lo otro... Impaciente y molesto con la descarga del general, Boza se apeó de su montura y terciando su winchester, descargó sendos disparos sobre los infelices ladrones que cayeron abatidos. Ipso facto el rostro de Gómez cambió.

Años después Boza reflexionaba en torno a esas muertes señalando, si era necesario matar aquellos combatientes que si robaban era para subsistir en una guerra donde ni el mismo Ejército Libertador podía garantizar lo más elemental.

Existen otros ejemplos como el caso del coronel Juan Monzón, mandado a fusilar por los atropellos que cometió en Mayarí en 1969; Roberto Bermúdez, coronel del Ejército Libertador quien mezclaba su valentía con excesos y vandalismo, justamente por esto fue condenado y ajusticiado en 1898 en Sancti Spiritus. Uno que logró escapar del juicio sumarísimo por una amnistía fue el teniente coronel Payito León, harto conocido por su vinculación a las sediciones militares del 68. Por no mencionar al conocido como el gran Judas de la historia mambisa, me refiero al coronel Juan Maso Parra, de impresionante historial en las filas de la revolución y quien para eludir a la justicia se pasó con su tropa a las filas españolas.

Hay otros muchos ejemplos que ilustran la aplicación de la pena de muerte. Uno que libró de ser ejecutado por un pelo fue el periodista español Luis Morote, que se apareció en el campamento de Máximo Gómez y este ordenó someterlo a consejo de guerra por espía, donde se le pedía pena de muerte pero finalmente salió absuelto. La misma suerte no la tuvo el teniente coronel español Joaquín Ruiz, quien se apareció en el campamento de Arangurén para proponer conversaciones de paz, fue juzgado y pasado por las armas.

Este tema continuará...

Atentamente.

Siochy



siochy
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Mensaje por siochy »

Saludos foristas

Continuamos con el tema de la pena de muerte en la historia cubana.

En el período de la República (1902 - 1958) la pena de muerte estuvo contemplada dentro de las leyes de las distintas constituciones. Se aplicó la muerte por "garrote vil" en casos de delito común como asesinato, aunque no podemos olvidar que los asesinatos ocuparon una importante parte en el decursar político de entonces. Se calculó en 3 000 el saldo de muertos como consecuencia de la tiranía machadista. Con el tirano Batista el número, según Bohemia, ediciones de la Libertad, 1959, fue de 20 000.

Pero hablamos de la pena de muerte en sí. El caso más famoso donde se aplicó pena de muerte por fusilamiento, fue al espía nazi Heinz August Kunning o Enrique Augusto Lunin.

Lunin fue ejecutado el 10 de noviembre de 1942 en el castillo del Príncipe. Su piquete de fusilamiento estuvo integrado por el subteniente Julio Machado, los sargentos Rafael Pérez Señán y Juan Méndez Collazo, los cabos Miguel Ramírez Negret y Sandalio Sánchez Crespo, los soldados José Castillo Mesa, Félix Pérez Martínez, Pedro Díaz Cabrera y Leonardo Artiles Martínez.

Tras cruzar el aire la espada al tiempo que gritaba - ¡Fuego!... el oficial al mando del pelotón se escuchó la descarga y Lunin saltó hacia atrás y cayó abatido. Presentaba dos disparos en la frente, dos en la cara y el cuello y cuatro esparcidos en el pecho. No hubo tiro de gracia y en la certificación de su muerte se hizo constar la muerte por hemorragia interna a las 8:00 a.m.

Posteriormente, en 1952, los restos de Lunin fueron trasladados a Alemania por solicitud de familiares suyos.

Este tema continuará...

Atentamente.

Siochy



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