Teorías de la Conspiración
- Ismael
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Teorías de la Conspiración
Porcentaje de la población que cree que existe una cura contra el cáncer pero lo mantienen en secreto.
https://twitter.com/simongerman600/stat ... ypMEQ&s=19
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Si Dios me hubiere consultado sobre el sistema del universo, le habría dado unas cuantas ideas (Alfonso X el Sabio)
Debemos perdonar a nuestros enemigos, pero nunca antes de que los cuelguen (H.Heine)
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- Ismael
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Actividad solar y conflictos en Oriente Medio. ¿Coincidencia?

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Domper
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Teorías de la Conspiración
Si extendemos la gráfica por la izquierda, también coincide con la Guerra de los Seis Días, y con lo de Suez. Lo malo es que hay que tachar la guerra del Yom Kippur. No importa porque, como todos sabemos, no fue sino un rifirrafe.
Saludos
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Gaspacher
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¿La excepción que confirma la regla?
En serio ¿Quién tiene el tiempo y la imaginación necesarios para idear esas teorías?

En serio ¿Quién tiene el tiempo y la imaginación necesarios para idear esas teorías?
A todo hombre tarde o temprano le llega la muerte ¿Y cómo puede morir mejor un hombre que afrontando temibles opciones, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?" T. M.
- Ismael
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El gobierno, por supuesto. Tienen una agencia secreta dedicada a idear y propagar teorías de la conspiración ridículas para que, cuando alguien descubra una conspiración de las de verdad le puedan desprestigiar metiéndole en el mismo saco que los que defienden que los pájaros son drones espías o no existe la nieve.
Un saludo
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Silver_Dragon
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Teorías de la Conspiración
Espera.... que si eso es lo que pienso, sería la hortia
https://twitter.com/volcaholic1/status/ ... 0883887375
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Domper
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Resulta evidente: es una lanzadera de desembarco reptiliana. Los que dicen que se trata de un vídeo manipulado están a sueldo del estado profundo.
Saludos
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Ocell Dodo
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Ocell Dodo
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Gaspacher
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A todo hombre tarde o temprano le llega la muerte ¿Y cómo puede morir mejor un hombre que afrontando temibles opciones, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?" T. M.
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Gaspacher
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Seis candidatos de AfD mueren en "raras circunstancias" antes de las elecciones del estado más poblado de Alemania
Os podéis imaginar el resto

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Ocell Dodo
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Ocell Dodo
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Teorías de la Conspiración
Científicos desaparecidos o muertos: la teoría de la conspiración que investigan el FBI y el Congreso de Estados Unidos.
Las supuestas conexiones entre los casos de una decena de personas vinculadas con el Gobierno y el ejército estadounidenses atizan la especulación en Washington y desembocan en dos pesquisas oficiales promovidas por Trump.
https://elpais.com/internacional/2026-0 ... nidos.html
Cuando el 27 de febrero pasado Susan Wilkerson volvió de hacer los recados, no encontró a su marido, el ingeniero astronáutico y general retirado del ejército William McCasland, en su casa de Albuquerque (Nuevo México). Sí estaban sus gafas de ver y su teléfono. Faltaban su cartera, el revólver del .38 y las botas de monte. Han pasado 58 días, y sigue sin haber rastro de él.
La ingeniera aeroespacial Mónica Jacinto Reza, directora de Materiales del Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA, salió de excursión el 22 de junio de 2025 por un bosque cercano a Los Ángeles. El amigo con el que caminaba aquella mañana tomó unos 100 metros de ventaja. Cuando se giró para comprobar que no la había perdido, ella le saludó sonriente. Al volver la vista atrás de nuevo, se había esfumado. El amigo llamó inmediatamente a la policía, que aún la busca.
McCasland y Reza son dos de entre la decena de científicos (una docena, según quién los cuente) relacionados con el Gobierno y el ejército estadounidenses o consagrados a tareas de investigación sensibles para la seguridad nacional que han desaparecido o muerto en los últimos cuatro años en el país.
Mayor General retirado de la Fuerza Aérea William Neil McCasland, en una foto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos
Hace meses que la suma de esos sucesos y las posibles conexiones entre ellos enciende la imaginación de los rincones de internet más proclives a las teorías de la conspiración. Esta semana, el asunto entró en una nueva fase con la apertura de sendas investigaciones del FBI y del Congreso para esclarecer si esos incidentes están relacionados. Solo era cuestión de tiempo, después de que el 16 de abril un reportero de Fox News preguntara a Donald Trump en la Casa Blanca sobre esos “10 científicos desaparecidos con acceso a información clasificada, material nuclear y tecnología aeroespacial”. “Bueno, espero que sea algo aleatorio, pero lo sabremos en la próxima semana y media”, respondió el presidente de Estados Unidos.
Aún no se ha cumplido ese plazo dado por Trump (ciertamente reñido últimamente con cumplir con los vencimientos), pero de momento no han aparecido pruebas convincentes que demuestren que, por ejemplo, una potencia enemiga esté detrás de esas muertes y desapariciones, como se temen los que sospechan que algo raro está pasando en Estados Unidos. Entre tanto, cunde la suspicacia entre quienes suscriben la frase que preside el despacho en Washington del ideólogo trumpista Steve Bannon: “No hay conspiraciones, pero tampoco coincidencias”.
Para James Comer, presidente del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, órgano que ha lanzado la investigación desde el Capitolio, “es muy poco probable que todo esto sea una coincidencia”. “Estamos muy preocupados. Nuestro comité ha situado el asunto como una de sus prioridades, por lo que tiene de amenaza a la seguridad nacional”, declaró el congresista republicano a Fox News el domingo pasado. El FBI dijo esta semana en un comunicado que se coordinará con los Departamentos de Energía y de Defensa para su investigación.
Mónica Jacinto Reza, de 60 años, fue vista por última vez haciendo senderismo en la escarpada zona silvestre de San Gabriel, dentro del Bosque Nacional de Ángeles el 22 de junio
El comité de la Cámara remonta sus sospechas a la muerte en 2023 de Michael David Hicks, que, como Reza, también trabajó en Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA entre 1998 y 2022, tiempo en el que desarrolló su carrera en el campo de los cometas y asteroides, según el obituario que le dedicó la Sociedad Estadounidense de Astronomía. Las causas de su muerte no han trascendido, pero su hija expresó esta semana a CNN su sorpresa por ver a su padre en esa lista. “No puedo evitar reírme, pero, al mismo tiempo, la cosa se está poniendo seria”, declaró.
La cuenta del Congreso la completan cuatro científicos desaparecidos y tres muertos. Son Frank Maiwald y Carl Grillmair, que también trabajaron para la NASA; Melissa Casias y Anthony Chavez, profesionales relacionados con el Laboratorio Nacional de Los Álamos, que depende del Departamento de Energía y se dedica al diseño y mantenimiento de armas nucleares; Nuno Loureiro, reputado físico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT); Jason Thomas, ejecutivo de la farmacéutica Novartis; y Steven Garcia, contratista gubernamental de una planta de componentes para armas atómicas. El mapa de conexiones localiza cuatro de los sucesos en Nuevo México, los mismos que en la gran conurbación de Los Ángeles, y dos en Massachusetts.
Entre estos últimos, el caso de Loureiro es, del lote, el que más atención despertó en su día. Este portugués dirigía un instituto llamado Centro de Ciencia de la Fusión y el Plasma y murió en diciembre, asesinado a manos de Claudio Neves Valente en su casa de Brookline, ciudad contigua a Boston que acoge la Universidad de Harvard y el MIT.
Un par de días antes, Neves Valente había matado a dos alumnos y herido a otras nueve personas en una universidad de Providence (Rhode Island). Tras cometer su último crimen, se suicidó. El asesinato de Loureiro alentó las teorías de la conspiración. Casi medio año después, la investigación de la motivación de su autor sigue abierta, pero todos los indicios apuntan a que fue un asunto personal: ambos se conocieron mientras estudiaban en Lisboa y la hipótesis más sólida es que Neves Valente, un científico sin suerte, recelaba del éxito de su compatriota.
Otro caso que ofrece pocas dudas es el otro asesinato de la lista. Grillmair, astrofísico experto en exoplanetas, murió a tiros una mañana del pasado mes de febrero frente a su casa en Llano (California). La policía detuvo ese mismo día a un sospechoso, acusado también de asalto y de robar un coche a punta de pistola.
Fotografía sin fecha de Nuno Loureiro, profesor de Ciencias e Ingeniería Nuclear del MIT y director del Centro de Ciencia de Plasma y Fusión
Jake Belcher (via REUTERS)
Fascinación por las conspiranoias
“Es habitual en este tipo de listas: hay un montón de muertes supuestamente misteriosas, pero cuando las examinas con detenimiento descubres que hay dos casos realmente enigmáticos y que el resto se incluye sin mucho sentido”, explica en una conversación telefónica Jesse Walker, autor de The United States of Paranoia: A Conspiracy Theory (Estados Unidos de la paranoia: una teoría de la conspiración), sobre la historia de la fascinación de este país por las conspiranoias. “Es parte del éxito de este tipo de cosas: sumar nombres para que el número resulte abrumador”.
En su libro, Walker divide las conspiraciones en cinco categorías. A la de los científicos la coloca en el apartado de las que juegan con el tropo del “enemigo exterior”. “Tras ella, está la idea de que Irán o China pueden ser los responsables”, aclara Walker, que cita precedentes como el de la lista de rivales políticos que los Clinton se quitaron supuestamente de en medio o la de las personas que “murieron misteriosamente tras el asesinato de JFK”.
Melissa Casias trabajaba en el Laboratorio Nacional de Los álamos, un centro de investigación nuclear de larga trayectoria
A la pregunta de si existen precedentes del FBI o el Congreso investigando indicios parecidos o si, por el contrario, esas pesquisas son fruto del clima de una Administración como la actual, liderada por el inventor del concepto de los “hechos alternativos” con una afición probada a las cortinas de humo, Walker responde: “Estoy seguro de que cualquier FBI, no solo el de Trump, investigaría la desaparición misteriosa de un científico nuclear. Ahora bien, sus responsables no habrían hecho declaraciones públicas basándose en reportajes sensacionalistas para luego vincular el caso con otros supuestos sucesos que no parecen guardar relación”.
Pese a esas advertencias (y a artículos como el publicado por The Atlantic con el titular La historia de los ‘científicos desaparecidos’ es increíblemente estúpida), la apertura de las investigaciones oficiales ha resucitado el interés por la muerte a los 34 años de Amy Eskridge, cofundadora del Instituto de Ciencia Exótica en Huntsville (Alabama), localidad que sirve de sede a una importante instalación de la NASA. Se quitó la vida en 2022, y un mes antes de eso se grabó hablando de quemaduras en las manos, que en el vídeo achaca al ataque de un “arma de energía teledirigida”.
Una web recién creada para rastrear las muertes o desapariciones de “personas potencialmente vinculadas a investigaciones sensibles y programas gubernamentales” propone, por su parte, el foco al mundo entero (con especial atención a China) y ha incluido el caso de Eskridge en una lista que no dejan de alimentar (ya suman 35 historias, según la cuenta de este sábado). La última es el suicidio el lunes pasado del ufólogo David Wilcock, figura clave en el así llamado Movimiento de la Revelación, que sospecha que el Gobierno de Estados Unidos tiene información sobre la vida extraterrestre y que un gran anuncio al respecto está al caer.
En vista de que a la tragedia de perder a un ser querido se ha unido estos días la sorpresa de haberse visto en el ojo de un huracán mediático, la familia de Eskridge, la joven científica de Alabama, emitió esta semana un comunicado. Dice: “La gente debería entender que los científicos también mueren y no darle demasiada importancia a este asunto”.
Las supuestas conexiones entre los casos de una decena de personas vinculadas con el Gobierno y el ejército estadounidenses atizan la especulación en Washington y desembocan en dos pesquisas oficiales promovidas por Trump.
https://elpais.com/internacional/2026-0 ... nidos.html
Cuando el 27 de febrero pasado Susan Wilkerson volvió de hacer los recados, no encontró a su marido, el ingeniero astronáutico y general retirado del ejército William McCasland, en su casa de Albuquerque (Nuevo México). Sí estaban sus gafas de ver y su teléfono. Faltaban su cartera, el revólver del .38 y las botas de monte. Han pasado 58 días, y sigue sin haber rastro de él.
La ingeniera aeroespacial Mónica Jacinto Reza, directora de Materiales del Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA, salió de excursión el 22 de junio de 2025 por un bosque cercano a Los Ángeles. El amigo con el que caminaba aquella mañana tomó unos 100 metros de ventaja. Cuando se giró para comprobar que no la había perdido, ella le saludó sonriente. Al volver la vista atrás de nuevo, se había esfumado. El amigo llamó inmediatamente a la policía, que aún la busca.
McCasland y Reza son dos de entre la decena de científicos (una docena, según quién los cuente) relacionados con el Gobierno y el ejército estadounidenses o consagrados a tareas de investigación sensibles para la seguridad nacional que han desaparecido o muerto en los últimos cuatro años en el país.
Mayor General retirado de la Fuerza Aérea William Neil McCasland, en una foto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos
Hace meses que la suma de esos sucesos y las posibles conexiones entre ellos enciende la imaginación de los rincones de internet más proclives a las teorías de la conspiración. Esta semana, el asunto entró en una nueva fase con la apertura de sendas investigaciones del FBI y del Congreso para esclarecer si esos incidentes están relacionados. Solo era cuestión de tiempo, después de que el 16 de abril un reportero de Fox News preguntara a Donald Trump en la Casa Blanca sobre esos “10 científicos desaparecidos con acceso a información clasificada, material nuclear y tecnología aeroespacial”. “Bueno, espero que sea algo aleatorio, pero lo sabremos en la próxima semana y media”, respondió el presidente de Estados Unidos.
Aún no se ha cumplido ese plazo dado por Trump (ciertamente reñido últimamente con cumplir con los vencimientos), pero de momento no han aparecido pruebas convincentes que demuestren que, por ejemplo, una potencia enemiga esté detrás de esas muertes y desapariciones, como se temen los que sospechan que algo raro está pasando en Estados Unidos. Entre tanto, cunde la suspicacia entre quienes suscriben la frase que preside el despacho en Washington del ideólogo trumpista Steve Bannon: “No hay conspiraciones, pero tampoco coincidencias”.
Para James Comer, presidente del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, órgano que ha lanzado la investigación desde el Capitolio, “es muy poco probable que todo esto sea una coincidencia”. “Estamos muy preocupados. Nuestro comité ha situado el asunto como una de sus prioridades, por lo que tiene de amenaza a la seguridad nacional”, declaró el congresista republicano a Fox News el domingo pasado. El FBI dijo esta semana en un comunicado que se coordinará con los Departamentos de Energía y de Defensa para su investigación.
Mónica Jacinto Reza, de 60 años, fue vista por última vez haciendo senderismo en la escarpada zona silvestre de San Gabriel, dentro del Bosque Nacional de Ángeles el 22 de junio
El comité de la Cámara remonta sus sospechas a la muerte en 2023 de Michael David Hicks, que, como Reza, también trabajó en Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA entre 1998 y 2022, tiempo en el que desarrolló su carrera en el campo de los cometas y asteroides, según el obituario que le dedicó la Sociedad Estadounidense de Astronomía. Las causas de su muerte no han trascendido, pero su hija expresó esta semana a CNN su sorpresa por ver a su padre en esa lista. “No puedo evitar reírme, pero, al mismo tiempo, la cosa se está poniendo seria”, declaró.
La cuenta del Congreso la completan cuatro científicos desaparecidos y tres muertos. Son Frank Maiwald y Carl Grillmair, que también trabajaron para la NASA; Melissa Casias y Anthony Chavez, profesionales relacionados con el Laboratorio Nacional de Los Álamos, que depende del Departamento de Energía y se dedica al diseño y mantenimiento de armas nucleares; Nuno Loureiro, reputado físico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT); Jason Thomas, ejecutivo de la farmacéutica Novartis; y Steven Garcia, contratista gubernamental de una planta de componentes para armas atómicas. El mapa de conexiones localiza cuatro de los sucesos en Nuevo México, los mismos que en la gran conurbación de Los Ángeles, y dos en Massachusetts.
Entre estos últimos, el caso de Loureiro es, del lote, el que más atención despertó en su día. Este portugués dirigía un instituto llamado Centro de Ciencia de la Fusión y el Plasma y murió en diciembre, asesinado a manos de Claudio Neves Valente en su casa de Brookline, ciudad contigua a Boston que acoge la Universidad de Harvard y el MIT.
Un par de días antes, Neves Valente había matado a dos alumnos y herido a otras nueve personas en una universidad de Providence (Rhode Island). Tras cometer su último crimen, se suicidó. El asesinato de Loureiro alentó las teorías de la conspiración. Casi medio año después, la investigación de la motivación de su autor sigue abierta, pero todos los indicios apuntan a que fue un asunto personal: ambos se conocieron mientras estudiaban en Lisboa y la hipótesis más sólida es que Neves Valente, un científico sin suerte, recelaba del éxito de su compatriota.
Otro caso que ofrece pocas dudas es el otro asesinato de la lista. Grillmair, astrofísico experto en exoplanetas, murió a tiros una mañana del pasado mes de febrero frente a su casa en Llano (California). La policía detuvo ese mismo día a un sospechoso, acusado también de asalto y de robar un coche a punta de pistola.
Fotografía sin fecha de Nuno Loureiro, profesor de Ciencias e Ingeniería Nuclear del MIT y director del Centro de Ciencia de Plasma y Fusión
Jake Belcher (via REUTERS)
Fascinación por las conspiranoias
“Es habitual en este tipo de listas: hay un montón de muertes supuestamente misteriosas, pero cuando las examinas con detenimiento descubres que hay dos casos realmente enigmáticos y que el resto se incluye sin mucho sentido”, explica en una conversación telefónica Jesse Walker, autor de The United States of Paranoia: A Conspiracy Theory (Estados Unidos de la paranoia: una teoría de la conspiración), sobre la historia de la fascinación de este país por las conspiranoias. “Es parte del éxito de este tipo de cosas: sumar nombres para que el número resulte abrumador”.
En su libro, Walker divide las conspiraciones en cinco categorías. A la de los científicos la coloca en el apartado de las que juegan con el tropo del “enemigo exterior”. “Tras ella, está la idea de que Irán o China pueden ser los responsables”, aclara Walker, que cita precedentes como el de la lista de rivales políticos que los Clinton se quitaron supuestamente de en medio o la de las personas que “murieron misteriosamente tras el asesinato de JFK”.
Melissa Casias trabajaba en el Laboratorio Nacional de Los álamos, un centro de investigación nuclear de larga trayectoria
A la pregunta de si existen precedentes del FBI o el Congreso investigando indicios parecidos o si, por el contrario, esas pesquisas son fruto del clima de una Administración como la actual, liderada por el inventor del concepto de los “hechos alternativos” con una afición probada a las cortinas de humo, Walker responde: “Estoy seguro de que cualquier FBI, no solo el de Trump, investigaría la desaparición misteriosa de un científico nuclear. Ahora bien, sus responsables no habrían hecho declaraciones públicas basándose en reportajes sensacionalistas para luego vincular el caso con otros supuestos sucesos que no parecen guardar relación”.
Pese a esas advertencias (y a artículos como el publicado por The Atlantic con el titular La historia de los ‘científicos desaparecidos’ es increíblemente estúpida), la apertura de las investigaciones oficiales ha resucitado el interés por la muerte a los 34 años de Amy Eskridge, cofundadora del Instituto de Ciencia Exótica en Huntsville (Alabama), localidad que sirve de sede a una importante instalación de la NASA. Se quitó la vida en 2022, y un mes antes de eso se grabó hablando de quemaduras en las manos, que en el vídeo achaca al ataque de un “arma de energía teledirigida”.
Una web recién creada para rastrear las muertes o desapariciones de “personas potencialmente vinculadas a investigaciones sensibles y programas gubernamentales” propone, por su parte, el foco al mundo entero (con especial atención a China) y ha incluido el caso de Eskridge en una lista que no dejan de alimentar (ya suman 35 historias, según la cuenta de este sábado). La última es el suicidio el lunes pasado del ufólogo David Wilcock, figura clave en el así llamado Movimiento de la Revelación, que sospecha que el Gobierno de Estados Unidos tiene información sobre la vida extraterrestre y que un gran anuncio al respecto está al caer.
En vista de que a la tragedia de perder a un ser querido se ha unido estos días la sorpresa de haberse visto en el ojo de un huracán mediático, la familia de Eskridge, la joven científica de Alabama, emitió esta semana un comunicado. Dice: “La gente debería entender que los científicos también mueren y no darle demasiada importancia a este asunto”.
Solo los muertos han visto el final de la guerra (George Santayana).
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