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Iraq no es Vietnam

Zósimo
Policias iraquies en Samarra Policias iraquies entrenados Samarra

 

Iraq
Vietnam
 
Sólo el paisaje hace ver que los dos conflictos no se parecen

En ocasiones podemos escuchar que la guerra en Iraq puede ser el segundo Vietnam de Estados Unidos. Esta afirmación aparenta, en opinión del que escribe, más un deseo que una realidad; porque las diferencias entre ambas contiendas resultan, sino insalvables, sí fundamentales.

Este deseo se asienta sobre varias razones como las ideológicas de izquierdas o revolucionarias, la necesidad de hallar puntos débiles en una nación tan poderosa o el simplemente deseo humano de ver a un gigante dar un patinazo; sin embargo en algunas ocasiones, quizá no muchas pero sí importantes, conviene tener presente que ambos conflictos no se asemejarán por muchos parecidos que queramos buscarles.
 

Vietnam, una guerra mitificada


Antes de comenzar apuntar que el conflicto del sureste asiático es uno de los más documentados en forma de fotografías, filmaciones, crónicas, etc; pero, como comenta María Teresa Largo Alonso, curiosamente es uno de los menos analizados, una prueba de ellos puede ser el caso español que sobre este conflicto existen dos tesis doctorales (una sobre la influencia de la guerra en la novela china contemporánea y la otra sobre la plasmación de la contienda en el cine). Por eso tenemos quizá una idea mitificada del mismo. Pensamos que comenzó con una gran invasión de Estados Unidos, cuando en realidad desembarcaron en Da Nang con permiso del gobierno de Seúl, manteniendo los efectivos habituales en otras partes del mundo y dejando en Estados Unidos a todos los reclutas con más de 11 meses de servicio para no levantar polémicas. Muchas personas creen que los vietnamitas ganaron batallas a los estadounidenses, entendiendo por “ganar” obligar a los estadounidenses a izar una bandera blanca en algún momento, especialmente en la Ofensiva del Tet, o sencillamente comunicar que debían abandonar una posición por no poder resistir la ofensiva vietnamita; cuando hasta los propios vietnamitas reconocen que nada de eso ocurrió y que su ofensiva de 1968 fue una derrota militar para Vietnam del Norte y una catástrofe en el terreno militar para el Frente de Liberación Nacional (mal llamado Viet Cong). Ciertamente Estados Unidos abandonó posiciones duramente defendidas antes, como la Colina de la Hamburguesa o la propia base de Khe Sanh; pero no fue una presión militar vietnamita inaguantable.

Ante este desconocimiento es fácil sacar parecidos erróneos y conclusiones inexistentes, como las citadas anteriormente y en no pocas ocasiones directamente buscarle parecidos que no existen.

Ciertamente ambos conflictos guardan similitudes. Así tenemos que los dos se libran sin las tradicionales líneas de frente y los dos suponen un reto para el ejército estadounidense; pero quizá las máximas analogías las podemos ver en los comienzos: la intervención estadounidense en ambos empezó tras datos erróneos sino falsos; el Presidente de Estados Unidos logró el premiso del Congreso para desembarcar en esa parte de Asia tras un supuesto ataque a un barco de la US Navy por la marina de Vietnam del Norte; en el de Oriente Medio la invasión se inicio por la supuesta presencia de armas de destrucción masiva, como una de las principales razones. Pero quizá pocos parecidos más podamos encontrar, y es posible que ni siquiera este último sea un parecido. Debemos tener en cuenta un detalle: la administración Johnson si era consciente de que el supuesto ataque no había existido, como revelaron los Papeles del Congreso, cosa que no parece tan clara en el otro caso, sin embargo es probable que se necesiten años o décadas para esclarecer este último punto.
UH-1D en Vietnam
Por muy documentado que esté, el de Vietnam es aún un conflicto poco analizado 

Como se ha dicho más arriba la carencia de análisis corre pareja a la mitificación. En este punto debemos aclarar que Lindon Johnson era un hombre bien intencionado, pero se vio arrastrado a aquel conflicto por diferentes factores; entre ellos los llamados Sucesos de Munich en referencia a la progresiva agresividad del régimen nazi al no encontrar oposición en los años treinta. Algo parecido se creía que haría la Unión Soviética. Más que una creencia se convirtió, como comenta Jonathan Schell, en una obsesión unida a la idea de que una derrota podría suponer el fin de Estados Unidos o al menos el fin de su credibilidad. En el caso árabe la cercanía no permite un análisis tan claro, no obstante parece que la Administración Bush no se vio forzada por ninguna Teoría del Domininó, es más, para lanzar la invasión tuvo que desoír algunas voces que defendían la no existencia de armas de destrucción masiva ni los vínculos del régimen de Bagdag con Bin Laden. Sin embargo, al igual que en Vietman, ambas guerra recibieron una fuerte apoyo popular en sus comienzos. Pero este apoyo fue decayendo con casos como la constatación de que la mayoría de los combatientes eran negros y latinos pobres, cuando las minorías en el ejército era un 10%. Ciertamente al parecido vive el ejército del siglo XXI; la diferencia estriba, como respondieron a una manifestante frente al rancho de Bush, en el reclutamiento. Casi todas las familias norteamericanas estaban relacionadas con el reclutamiento; se calcula que un millón de estadounidenses violaron las leyes de reclutamiento de alguna manera y reforzaron el sentimiento antibélico, siendo uno de los casos más conocidos el de Mohamed Ali con su frase “el Viet Cong nunca me llamó negro”. Pese a todo,la muerte de compatriotas en cualquier conflicto sigue suponiendo una dura prueba para los gobernantes de Estados Unidos.
 

Algunas diferencias insalvables


No obstante las principales diferencias, o carencia de similitudes, tal vez no sean esas sino otras de mucho más calado; porque en el conflicto árabe no existe un “Iraq del Norte” que desee reunificar el País asumiendo cualquier costo (“lucharemos mil años” se decía en Hanoi); de la misma manera la entrada de muhaidines en Iraq no puede formar un ejército capaz de atacar a una compañía estadounidense empleando un batallón (cientos de soldados), ni a un batallón utilizando una brigada (miles de soldados) y menos aún a una brigada empleando varias divisiones, como sucedió en el ya citado Sitio de Khe Sanh. Recordemos que la guerra de Vietnam terminó siendo uno de los conflictos más grandes de la llamada Historia Actual, con cientos de miles de soldados combatiendo por cada bando; cosa que está lejos de alcanzarse en Oriente Medio por el momento.
Desembarco en Keh Sanh
 
Abastecimiento aéreo durante el cerco de Keh Sanh. En Iraq es impensable un ataque tan prolongado y numeroso.

En otro orden de cosas, el armamento cobra en esta guerra, como en cualquier guerra, un gran importancia y nuevamente aquí hayamos diferencias, no sólo en el tipo y calidad sino en la capacidad de uso. En el conflicto asiático Vietnam del Norte tenía acceso a buena parte del arsenal soviético; quizá no fuera tecnología punta, pero desde luego puso en jaque a la fuerza aérea estadounidense con los misiles y baterías antiaéreas de fabricación soviética y china, baterías que convirtieron en obsoleta la doctrina de volar muy alto para evitar el fuego antiaéreo; el misil siempre llegaría más arriba, con derribos de cazas, bombarderos y bombarderos estratégicos incluidos. Pero otra gran diferencia la marcaron los famosos MiG 21 sobre Hanoi, quienes hicieron ver la necesidad de fundar después centros como la Escuela de Armas de Combate (más conocida como Top Gun) para aprender a luchar en el aire uno contra uno, dos contra dos, dieciséis contra dieciséis; porque los misiles y los radares de abordo, por muy buenos que fueran no podían sustituir a la pericia en combate cerrado. No es que la batalla por los cielos la perdiera Estados Unidos, pero sí encontraron una desagradable sorpresa al comprobar que sus aparatos no eran tan superiores como pensaban y por tanto habían confiado demasiado en sus armas y menos en el entrenamiento. Nada de eso existe ahora en Iraq y la fuerza aérea norteamericana no tiene nada que temer de otros aviones; pero como se ha dicho tiene muy pocos objetivos que bombardear; pues al contrario que en el sureste asiático las principales zonas donde se libran los combates son ciudades y practicar un bombardeo allí, pese a ser posible, con lleva muchos riesgos políticos en forma de bajas civiles, bajas que seguro aparecerán antes o después en los hogares de todo el mundo al estar intentando implantar una democracia en ese país y con ella una libertad de información, con restricciones, pero libertad al fin de al cabo.
 
AH-64 Apache en Iraq
AH-64 Apache en Iraq. Armas como estas son muy vulnerable en el combate callejero.

Con todo no solo las armas contra las que se enfrentan marcan la diferencia, son también las armas que puede usar Estados Unidos. La gran panoplia estadounidense como carros de combate, cazabombarderos o helicópteros no es que no sirvan en las ciudades, es que son muy vulnerables allí. Los helicópteros de asalto curiosamente fueron una creación para la campaña vietnamita y contribuyeron decisivamente a ganar militarmente todas las batallas terrestres que libraron, pero en una ciudad a los helicópteros les espera su peor enemigo, una persona asomada a la ventana con un fusil. Algo parecido les ocurre a los aterradores carros de combate que pueden ser muy resistentes contra impactos frontales e incluso laterales, pero circulando por una ciudad están a merced de disparos desde arriba, ofreciendo una de sus partes más vulnerables. Esta nueva situación ha hecho pensar a varios analistas como Peter Caddik-Adams que en unas décadas los carros de combate ya no sean necesarios. La guerra urbana necesita un nuevo tipo de armas que probablemente están por desarrollar o incluso por concebir, caso del traje scorpion, dotado de, entre otras, ordenador portátil, cámara en el arma, gafas en el casco y un buen sistema de comunicaciones, algo que sí puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte en el combate urbano, en lugar de proyectiles de 105 mm disparados por máquinas de 70 toneladas. Y aquí nos encontramos con una paradoja, en el conflicto vietnamita, Hanoi recibía armas de la URSS con las que abastecer a las tropas en el Sur y a parte del FLN; sin embargo al caer el bloque soviético en 1992 la posibilidad de conseguir armas contracarros, antiaéreas, portátiles, etc. no sólo no ha disminuido sino que ha crecido desmesuradamente, convirtiéndose este mercado, el de las armas, en uno de los más incontrolados del mundo, existiendo ventas y almacenes por todas las partes del Planeta lo que ha provocado ya pérdidas de aviones y muchas bajas.
 

La política internacional


Por otra parte, en el terreno de la política y de la política internacional las diferencias entre una y otra época son abismales.

Como comentan varios autores, entre ellos Ana Hensiquez Orrego en su tesis doctoral sobre la Guerra Fría, las dos superpotencias entonces existente se comportaron con suma cautela, pese a lo que pueda parecer. Ambas eran consciente de los inmensos peligros que entrañaba una escalada bélica y trataron de impedirla siempre que las tensiones crecía. Ejemplos podemos poner de los dos bandos:

La URSS nunca entró en los santuarios de los afganos en Pakistán y presionó a Cuba para que no apoyara a Angola y después para que firmara la paz y no molestar a Sudáfrica, gran defensor del capitalismo en África.
L.B. Johnson analiza las operaciones en Vietnam
 
L. B. Johnson estudia el modelo de Khe Sanh en 1968. La administración Johnson era consciente de tener frete a él un gran rival como la URSS, situación que no se da en Iraq.

Quizá el ejemplo más claro de contención ante la incertidumbre lo protagonizó Estados Unidos en la Crisis de los Misiles cubanos. En aquellos trece días el presidente Kennedy era presionado para atacar e invadir la Isla y su decisión de no hacerlo fue criticada duramente entonces y ahora. Pero esa famosa crisis influyó muchísimo en el conflicto vietnamita, hasta el punto de imponer la Administración restricciones al ejército estadounidense en sus acciones. Una razón repetida sin cesar por los militares para explicar su derrota en el sureste asiático fue la imposición de frustrantes restricciones. tener delante una columna de vehículos dispuestos a entra en Vietnam del Sur y no poderlo atacar, saber que el enemigo había cruzado la frontera camboyana y no poderlos perseguir, ver el puerto de Haipun descargando todo tipo de armamento y no poderlo ni atacar ni minar. El presidente Jonhson, que había vivido la Crisis de los Misiles en primera persona, como vicepresidente que era, siempre temió la posibilidad de aparecer misiles balísticos en alguna parte del mundo tras atacar a buenos aliados de la Moscú, si lo haría Nixon posteriormente cuando quizá ya era demasiado tarde. Sin embargo ese peligro y esa contención son inexistentes ahora, por mucho que la Rusia de Puting esté luchando por resurgir y por rearmarse, no es un enemigo de Estados Unidos deseosa de logar aliados en el Pacífico para su flota y para salir de su aislamiento, ni puede pensarse en que llevará armas de destrucción masiva a alguna parte del mundo para amenazar a su oponente. Al contrario de lo que analistas com Dan Smith pensaban a finales del siglo XX, el poder de Estados Unidos no ha ido decreciendo, sino todo lo contrario, se ha convertido en la única potencia indiscutible, no así indiscutida y esto marca otra diferencia con el conflicto vietnamita, pese a que académicos como Norman Birnbaum afirman estar en una época post imperial.

En el sureste asiático Estados Unidos era un simple asesor y contó con el apoyo de muchas otras naciones, especialmente Corea del Sur y Australia, sin embargo a principios del siglo XXI Estados Unidos da la impresión de estar cada vez más solo. Cuando se produjo el 11-S la OTAN aplicó por primera vez la clausula del Tratado según la cual un ataque contra uno de sus miembros sería considerado un ataque contra todos y los europeos ofrecieron su ayuda. A continuación llegó la decepción, la Administración Bush aceptó la ayuda europea en forma de aviones AWACS para vigilar el cielo norteamericano, aportes de inteligencia y pocos cometidos más, dejando claro que no necesitaba a sus aliados. Años después, y en palabras de Simon Person, “mientras que la guerra contra el terrorismo no da síntomas de decaer” la OTAN se mostró recelosa de apoyar con hombres y medios a su aliado grande, que no siempre gran aliado.
Soldados australianos desembarcando en Saigon
 
Soldados australianos desembarcando en Saigón en 1964. En Vietnam Estados Unidos contó con poderoros aliados, sin embargo a principios del siglo XXI parece estar cada vez más solo.

Con todo lo dicho antes, los grandes síntomas de aislamiento han ido apareciendo después. Desde siempre el Hermano Yanki ha dado muestras de no querer aceptar otro poder que no sea el suyo. Así sus soldados no suelen estar bajo otro mando que no sea el estadounidense, algo parecido a lo que la OTAN llama Control Táctico. Tampoco admite otros tribunales de justicia que no sean los estadounidenses y el Tribunal Internacional de la Haya no es reconocido por la superpotencia al contrario que muchas otros países aliados. Más explícito fue el tratado por el control de armas firmado en 2007 donde hubo 24 abstenciones y un solo voto en contra, el de Estados Unidos.

Con todo y con eso en la Cumbre sobre el Clima de Bali en 2007 se vivió otro ejemplo palpable cuando países contrarios a un acuerdo por la reducción de gases causantes del efecto invernadero se pasaron al otro lado, caso de Australia, y finalmente países en contra de ese tratado como Canadá o Japón no dijeron nada en favor de las posturas estadounidenses. Allí los delegados de Washington tuvieron que oír frases como “sino lo va a liderar hágase a un lado” pronunciadas por países subdesarrollados y aliados suyos como Sudáfrica o Indonesia.

Centrándonos en el propio Iraq, Estados Unidos fue perdiendo aliados a medida que transcurría la probablemente mal llamada “post guerra”. En primer lugar por España y otros contingentes de países iberoamericanos, posteriormente Polonia e incluso su fiel aliado Gran Bretaña comenzó a mostrar deseos de retirarse antes de terminar la primera década del siglo XXI.
 

Mentalidades diferentes


Decir que vietnamitas e iraquíes tiene mentalidades diferentes en el fondo es decir un verdad de perogrullo, encontrar dos mentalidades iguales es imposible. Sin embargo, por muy tópico que suene, esta es una de las grandes diferencias entre las dos guerras y quizá marque aún más la diferencia en el futuro.

Uno de los errores que ahora se están descubriendo de Estados Unidos en Asia fue el no comprender el sentimiento nacional de esos pueblos. Quizá por influencia de los sucesos en África, donde las nuevas naciones respetaron escrupulosamente las fronteras colonialista de los europeos, se podía pensar que si en la practica se partió Vietnam en dos, el norte para reagruparse las fuerzas del Viet Minh y el sur para hacerlo los franceses y sus partidarios, esa división y el espíritu nacional subsiguiente se podía mantener o crear, cosa que no sucedió porque el sentimiento de unidad en un pueblo que llevaba siendo estado desde la Edad Media prevaleció; y tampoco se impuso esa unidad francesa de Indochina; mucho antes de sacar París sus derrotadas tropas el partido comunista indochino había desaparecido dividiéndose en tres de acuerdo con los tres estados finales (Camboya, Laos y Vietnam). Infinidad de datos hacían ver que el gobierno de Saigón era poco menos que una entelequia, como es la comparación entre los dos ejércitos de los dos Vietnam siendo el del Sur doble al de Hanoi y con munición para dos años prácticamente se derrumbó ante los T-62 a una velocidad tan grande que hasta la entrada en el palacio presidencial tuvo que ser repetida para la prensa internacional.

En contra Irak puede ser cuna de la civilización más antigua, la sumeria, pero no por ello la más unida. La historia de Mesopotamia es de las más complicadas, llena de luchas e invasiones de unos pueblos contra los otros. La lista de nombres es enorme: babilónicos, kasitas, neobabilónicos, persas, partos, árabes... Para complicar las cosas ahora lo que se trata de evitar no es que el país se una, sino que el país se desintegre y aparezca un estado kurdo que aumente las tensiones ya existentes con Siria, Iran y sobre todo Turquía que, como han demostrado los ataques emprendidos por su ejército contra la autonomía kurda, vigilará muy de cerca cualquier posible apoyo a los miembros del Partido Comunista de los Trabajadores Kurdos.

Pese a todo la gran diferencia o la gran similitud aún no ha llegado. El gran fracaso de Estados Unidos en el sureste asiático fue no conseguir regímenes que pudieran resistir. Se sabía que la voluntad de Vietnam del Norte era firme y tenaz, la de Vietnam del Sur inexistente, no digamos ya la de los Jemeres Rojos camboyanos. Como señala Johnathan Schell, los norteamericanos podían ganar todas las batallas terrestres, y de hecho lo hicieron, pero ni en Laos, ni en Camboya, ni en Vietnam sus aliados aguantaron mucho tiempo tras su marcha. Los Estados Unidos no lograron ni vencer ni retirarse con garantías, como tampoco lo hizo la URSS en Afganistán, razón por la cual ambas campañas se consideran fracasos. Sin embargo ¿en Iraq podrán vencer y retirarse Estados Unidos? La respuesta a esta pregunta quizá nos diga si la nación heredera de Hamurabi y Nabuconodosor se convierte o no en un segundo Vietnam.
 

Referencias y biliografía


María Teresa Largo Alonso, La guerra de Vietnam, Ediciones Akal, Madrid, 2002, ISBN 84-460-0454-2
http://teseo.mec.es/teseo/jsp/teseo.jsp , respecto al término de búsqueda “Guerra de Vietnam”, Ministario de Educación y Ciencia. Última visita 27/1/2008
MOORE, HAROLD G. y GALLOWAY, JOSEPH L., Cuando eramos soldados y jóvenes, EDITORIAL ARIEL, S.A., Barcelona, 2003, ISBN 9788434466852
Schell, Jonathan, En primera linea: cronica de la guerra de Vietna, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2006, ISBN 9788481096002
Griffith, Hugh, Instructor de Armas del F3 Tornado de la RAF, entrevista concedida a Armas de Guerra del Siglo XXI – La batalla por los cielos, Pacific Media
Taylor Neil, ex director de Estudios de la RAF, entrevista concedida a Armas de Guerra del Siglo XXI – La batalla por los cielos, Pacific Media
Caddick-Adams, Peter, analista militar de la Universidad de Cranfield, entrevista concedida a Armas de Guerra del Siglo XXI – La batalla por los cielos, Pacific Media
Henriquez, Ana, http://todosobreguerrafria.blogspot.com, 26 de julio de 2007, última visita 27/1/2008
Smith, Dan, La política internacional, Las amenazas de nuestro mundo, Esplugues de Llobregat, Barcelona : Plaza & Janés, 1986
Birnbaum, Norman, La política internacional en las primarias, traducción de M. L. Rodfiguez Tapia, diario El País, 27 de enero de 2008
Reed, Dale, Una larga y cruel guerra, Vietnam combat, Producciones Naimara, 2006
Reed, Dale, El enemigo: estrategia de liberación, Vietnam combat, Producciones Naimara, 2006


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