La Carrera a la Luna• Comparte y recomienda: |
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Por último, si queremos ganar la batalla que se está luchando ahora en todo el mundo entre la libertad y la tiranía, los dramáticos logros espaciales que han ocurrido estas últimas semanas han debido dejarnos bien claro, al igual que con el Sputnik en 1957, el impacto de esta aventura en la mente de los hombres en todo el mundo, esos mismos hombres que están tratando de determinar de qué lado deben estar. Desde el principio de mi mandato hemos estado analizando nuestros esfuerzos en el espacio. Con el asesoramiento del Vicepresidente, que es el Presidente del Consejo Nacional de Actividades Espaciales, hemos examinado en que somos fuertes y en que no, en que podemos tener éxito y en que no. Ahora es el momento de tomar pasos decisivos - el momento para una nueva gran empresa de América - el momento para que esta nación tome una posición de liderazgo en el campo espacial, que en muchos aspectos, puede ser la clave para nuestro futuro en la tierra.
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Reconociendo la ventaja obtenida por los soviéticos con sus grandes cohetes, que les dan muchos meses de ventaja, y reconociendo la alta probabilidad de que usarán esa ventaja en el futuro próximo para obtener éxitos todavía más impresionantes, sin embargo nos es requerido realizar nuestro propio esfuerzo. Porque mientras que no podemos garantizar que un día seremos los primeros, podemos garantizar que si no lo intentamos, seremos los últimos. Nos arriesgamos más porque lo hacemos a la vista de todo el mundo, pero como muestra la hazaña del astronauta Shepard, este mismo riesgo realza nuestra estatura cuando tenemos éxito. Pero esto no es simplemente una carrera. El espacio está ahora abierto para nosotros; y nuestra impaciencia para explorarlo no se debe a los esfuerzos de otros. Vamos al espacio porque cualquiera sea lo que la humanidad deba emprender, los hombres libres deben participar de pleno.
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creo que esta nación debería comprometerse a alcanzar el objetivo, antes del fin de esta década, de enviar un hombre a la Luna y volver a traerlo a la Tierra sano y salvo. Ningún proyecto espacial en este período será más impresionante para la humanidad, o más importante para la exploración a largo plazo del espacio, y ninguno será tan difícil o costoso de realizar.
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paraguayito escribió:una pregunta: El hombre fue en realidad a la Luna??? Tengo mis dudas...










Rector Pitzer, Sr. Vicepresidente, Gobernador, Congresista Thomas, Senador Wiley, y Congresista Miller, Sr. Webb, Sr. Bell, científicos, distinguidos invitados, y señoras y señores:
Agradezco a su rector que me haya nombrado profesor invitado honorario, y le aseguro que mi primera lección va a ser muy breve.
Encantado de estar aquí, y particularmente encantado de estar aquí en esta ocasión.
Nos encontramos en una universidad destacada por su conocimiento, en una ciudad destacada por su progreso, en un Estado destacado por su fuerza, y necesitamos los tres, pues nos encontramos en una hora de cambio y de reto, en una década de esperanza y de miedo, en una época de conocimiento y de ignorancia. Cuanto más mejoremos nuestros conocimientos, mas se reducirá nuestra ignorancia.
A pesar del hecho notable de que la mayoría de los científicos que el mundo jamás ha conocido viven y trabajan hoy en día, a pesar de que la mano de obra científica de nuestra Nación se duplica cada 12 años, con una tasa de crecimiento más de tres veces superior a la de nuestra población en su conjunto, a pesar de ello, vastas extensiones de lo desconocido y de lo que queda por responder y lo que queda por completar superan ampliamente nuestra comprensión colectiva.
Ningún hombre puede comprender plenamente hasta qué punto y cuán rápido hemos avanzado, pero resumamos, si quieren, los 50.000 años de la historia del hombre en un lapso de tiempo de medio siglo. En estos términos, sabemos muy poco acerca de los primeros 40 años, excepto que al final de ellos algunos hombres habían aprendido a utilizar las pieles de animales para cubrirse. Hace unos diez años, según esta escala, el hombre salió de sus cuevas para construir otros tipos de vivienda. Sólo hace cinco años el hombre aprendió a escribir y a utilizar el carro con ruedas. El Cristianismo comenzó hace menos de dos años. La imprenta llegó este año y, a continuación, hace menos de dos meses, en este lapso de 50 años de la historia humana, la máquina de vapor proporcionó una nueva fuente de potencia y Newton exploró el significado de la gravedad. El mes pasado aparecieron la luz eléctrica y los teléfonos y los automóviles y los aviones. La semana pasada descubrimos la penicilina y la televisión y la energía nuclear, y ahora, si la nueva nave espacial de los Estados Unidos llega a Venus, habremos alcanzado las estrellas, literalmente, antes de esta medianoche.
Éste es un ritmo asombroso, y un ritmo como éste no puede evitar crear nuevos males, al mismo tiempo que disipa otros, nueva ignorancia, nuevos problemas, nuevos peligros. Sin duda, los horizontes que se están abriendo en el espacio prometen altos costos y dificultades, así como una alta recompensa.
Por lo tanto, no es de extrañar que algunos quieran que nos quedemos donde estamos un poco más para descansar, para esperar. Pero esta ciudad de Houston, este Estado de Texas, este país de los Estados Unidos no fue construido por los que esperaban y descansaban y deseaban mirar hacia atrás. Este país fue conquistado por los que avanzaban, y lo mismo será el espacio.
William Bradford, hablando en 1630 sobre la fundación de la colonia de Plymouth, dijo que todas las acciones grandes y honorables van acompañadas de grandes dificultades, y ambas deben ser resueltas y superadas con la correspondiente valentía.
Si esta resumida historia de nuestro progreso nos enseña algo, es que el hombre, en su búsqueda de conocimiento y progreso, está decidido y no puede ser disuadido. La exploración del espacio seguirá adelante, si nos unimos a ella o si no, y es una de las grandes aventuras de todos los tiempos, y ninguna nación que pretenda ser el líder de otras naciones puede permanecer detrás en la carrera del espacio.
Los que nos precedieron se aseguraron de que este país estuviera a la cabeza de la revolución industrial, a la cabeza de las invenciones modernas, y a la cabeza de la energía nuclear, y esta generación no tiene la intención de perderse en la cola de la nueva era del espacio. Queremos participar, queremos liderarla. Los ojos del mundo ahora ahora al espacio, a la Luna y a los planetas, y hemos prometido que no vamos a verlos dominados por un bandera hostil de conquista, sino por una bandera de libertad y de paz. Hemos prometido que no tendremos un espacio lleno de armas de destrucción masiva, sino de instrumentos de conocimiento y armonía.
Sin embargo, las promesas de esta Nación sólo pueden cumplirse si esta Nación es la primera, y, por tanto, tenemos la intención de ser los primeros. En definitiva, nuestro liderazgo en la ciencia y en la industria, nuestra esperanza por la paz y por la seguridad, nuestras obligaciones con nosotros mismos y con otros, nos compelen a hacer este esfuerzo, para resolver estos misterios, para resolverlos por el bien de todos los hombres, y para convertirnos en la Nación líder mundial en el espacio.
Zarpamos este nuevo océano porque hay nuevos conocimientos que adquirir, y nuevos derechos que ganar, y que se deben ganar y usar para el beneficio de todos. Porque la ciencia del espacio, como la ciencia nuclear y toda la tecnología, no tiene su propia conciencia. Si se convertirá en una fuerza para el bien o para el mal depende del hombre, y sólo si los Estados Unidos ocupan una posición de preeminencia podremos ayudar a decidir si este nuevo océano será un mar de paz o un nuevo terrible teatro de guerra. No digo que debamos estar o vayamos a estar indefensos en contra del uso hostil del espacio, del mismo modo que no estamos indefensos en contra el uso hostil de la tierra o del mar, pero afirmo que el espacio puede ser explorado y conquistado sin avivar los fuegos de la guerra, sin repetir los errores que el hombre cometido al expandirse por todo el globo terrestre.
Todavía no hay enfrentamiento, no hay animosidad, no hay conflicto entre naciones en el espacio. Sus peligros amenazan a todos. Su conquista se merece lo mejor de toda la humanidad, y su oportunidad para la cooperación pacífica puede que no se dé nunca más. Pero, ¿por qué, dicen algunos, la Luna? ¿Por qué elegir ése como nuestro objetivo? Y también pueden preguntar ¿por qué escalar la montaña más alta? ¿Por qué, hace 35 años, se sobrevoló el Atlántico? ¿Por qué Rice compite con Texas?
Hemos decidido ir a la Luna. Hemos decidido ir a la Luna en esta década y hacer esas otras cosas, no porque son fáciles, sino porque son difíciles, porque ese objetivo servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades, porque ese es un desafío que estamos dispuestos a aceptar, uno que no estamos dispuestos a posponer, y uno que tenemos la intención de ganar, al igual que los otros.
Es por estas razones que considero que la decisión que tomamos el año pasado de acelerar nuestros esfuerzos en el espacio es una de las decisiones más importantes de mi presidencia.
En las últimas 24 horas hemos visto las instalaciones que se están construyendo para la mayor y más compleja exploración en la historia del hombre. Hemos sentido vibrar el suelo y el aire sacudidos por el ensayo de un cohete Saturno C-1, muchas veces más potente que el Atlas que lanzó a John Glenn, generando la potencia equivalente a 10.000 automóviles a máxima potencia. Hemos visto el lugar donde los cinco motores F-1, cada uno tan poderoso como los ocho motores del Saturno I, se juntarán para formar el lanzador Saturno V, que será ensamblado en un nuevo edificio que se va a construir en Cabo Cañaveral, 48 pisos de alto, ancho como una manzana, y el doble de largo que este estadio.
En estos últimos 19 meses al menos 45 satélites han orbitado la tierra. Unos 40 de ellos eran "hechos en los Estados Unidos de América", y eran mucho más sofisticados y produjeron mucho más conocimientos a la población del mundo que los de la Unión Soviética.
La nave espacial Mariner, ahora en su camino a Venus, es el instrumento más complejo en la historia de la ciencia espacial. La precisión de su trayectoria es comparable a la de disparar un misil desde Cabo Cañaveral y que alcance este estadio entre las líneas de las 40 yardas.
Los satélites Transit están ayudando a nuestros buques en el mar a surcar un curso seguro. Los satélites Tiros nos han dado aviso sin precedente de huracanes y tormentas, y harán lo mismo con incendios forestales e icebergs.
Hemos tenido nuestros fracasos, pero también los han tenido los otros, incluso si no lo admiten. Y ellos pueden que sean menos abiertos.
No hay duda, vamos rezagados, y estaremos por detrás por algún tiempo en vuelos tripulados. Pero no tenemos la intención de permanecer rezagados, y, en esta década, nos vamos a recuperar y avanzar adelante.
El progreso de nuestra ciencia y educación se enriquecerá con nuevos conocimientos de nuestro universo y del medio ambiente, por nuevas técnicas de aprendizaje y exploración y observación, por nuevas herramientas y ordenadores para la industria, la medicina, el hogar, así como la escuela. Institutos técnicos, como Rice, recogerán la cosecha de esas ganancias.
Y, por último, el esfuerzo espacial mismo, mientras que todavía está en su infancia, ya ha creado un gran número de nuevas empresas, y decenas de miles de nuevos puestos de trabajo. Las industrias relacionadas con el espacio están generando nuevas demandas de inversión y de personal cualificado, y esta ciudad y este Estado, y esta región, compartirán gran parte de este crecimiento. Lo que una vez fue el baluarte más avanzado en la vieja frontera del Oeste será el baluarte más avanzado en la nueva frontera de la ciencia y el espacio. Houston, su ciudad de Houston, con su Centro Espacial de Vuelos Tripulados, se convertirá en el corazón de una gran comunidad de científicos e ingenieros. Durante los próximos 5 años, la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio espera duplicar el número de científicos e ingenieros en esta región, aumentar sus gastos salariales y corrientes a 60 millones de dólares al año; invertir unos 200 millones de dólares en plantas y laboratorios, y dirigir o contratar nuevos esfuerzos espaciales por más de mil millones de dólares desde este Centro en esta ciudad.
Sin duda, todo esto nos cuesta a todos mucho dinero. Este año el presupuesto espacial es tres veces lo que era en enero de 1961, y es mayor que el presupuesto espacial de los ocho años anteriores combinados. Ese presupuesto ahora asciende a 5.400 millones de dólares al año - una cantidad asombrosa, aunque algo menos de lo que gastamos en cigarrillos y puros cada año. Los gastos espaciales se incrementarán pronto un poco más, de 40 centavos por persona y semana a más de 50 centavos por semana por cada hombre, mujer y niño de los Estados Unidos, ya que hemos dado a este programa una alta prioridad nacional -, aunque me doy cuenta que esto es en cierta medida un acto de fe y visión, porque no sabemos qué beneficios nos traerá.
Pero si digo, mis conciudadanos, que vamos a enviar a la Luna, a 240.000 millas de distancia de la estación de control en Houston, un gigantesco cohete de más de 300 pies de altura, la longitud de este campo de fútbol, hecho de nuevas aleaciones metálicas, algunas de ellas aún por inventar, capaces de resistir calores y esfuerzos varias veces mayores que los que nunca se han experimentado, ensamblados con más precisión que la del mejor reloj, llevando todos los equipos necesarios para la propulsión, orientación, control, comunicaciones, alimentación y supervivencia, en una misión no intentada jamás, a un cuerpo celeste desconocido, y luego volver de forma segura a la Tierra, reentrando en la atmósfera a velocidades de más de 25.000 millas por hora, provocando un calor de alrededor de la mitad de la temperatura del sol - casi tanto calor como hace hoy aquí - y hacer todo esto, y hacerlo bien, y hacerlo los primeros antes de que esta década se acabe – es que tenemos que ser audaces.
Soy yo el que está haciéndolo todo, así que relajaros por un momento.
Sin embargo, creo que vamos a hacerlo, y creo que tenemos que pagar lo que se tenga que pagar. No creo que debamos malgastar ningún dinero, pero creo que tenemos que hacer lo necesario. Y esto se va a hacer en la década de los sesenta. Puede que se haga mientras que algunos de ustedes estén todavía atendiendo esta universidad. Se hará durante el mandato de algunas de las personas que se sientan aquí en esta plataforma. Pero se hará. Y se hará antes del final de esta década.
Me alegro de que esta universidad esté desempeñando su parte en poner un hombre en la Luna, como parte de un gran esfuerzo nacional de los Estados Unidos de América.
Hace muchos años al gran explorador británico George Mallory, que perecería en el Monte Everest, se le preguntó por qué quería escalarlo. Él dijo, "Porque está ahí."
Bueno, el espacio está ahí y vamos a escalarlo, y la Luna y los planetas están allí, y nuevas esperanzas para el conocimiento y la paz están ahí. Y, por la tanto, al zarpar pedimos la bendición de Dios en la aventura más peligrosa y arriesgada y mas grade en la que el hombre se ha embarcado nunca.
Gracias.


Hace muchos años al gran explorador británico George Mallory, que perecería en el Monte Everest, se le preguntó por qué quería escalarlo. Él dijo, "Porque está ahí."












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